Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 66. Un ambiente de caos.

El centro comunitario era una instalación inmensa que poseía un edificio administrativo y otro deportivo, además de estar rodeado por canchas de básquet y de béisbol.

Estaba repleto de gente y niños. Liam se desesperó al no saber dónde ubicar a sus hijos. Observó a un policía parado en medio de la entrada del recinto dirigiendo a los grupos que llegaban. Se acercó a él apresurado.

—Disculpe, ¿dónde ubicaron a los niños más pequeños? Busco a los de Salita de 4.

—Amigo, comuníquese con las maestras. Yo intento organizarlos para que entren todos aquí y así no se pierda ningún chico, pero no sé dónde se ubica cada grado.

Liam apretó los puños para controlar la rabia. El hombre lo ignoró para así continuar con lo suyo, sin darle una respuesta satisfactoria.

No tuvo más opción que entrar y comenzar a buscar con mirada desesperada a sus hijos, o al menos, a las maestras que los atendían.

***

A Marco, el fuego de la determinación le corría como lava líquida por las venas. Estaba a tan solo unos metros de los gemelos y con las maestras distraídas con sus móviles. Su plan era cargarlos y sacarlos de allí sin mediar palabras con nadie, ni siquiera, con los mismos chicos, como era su costumbre.

Solo les diría que los llevaría con su padre en caso de que se pusieran preguntones, aunque supuso que serían sumisos y tranquilos.

Lucas lo observaba con sus ojitos muy abiertos, como si supusiera que aquel señor iba hacia ellos para ayudarlos. Matt decidió dar otra ojeada a los alrededores, de esa forma divisó una figura conocida que se movía entre la gente.

—¡Papá! ¡PAPÁ! —comenzó a gritar y a saltar con desesperación.

Marco quedó paralizado. Lucas, al escuchar lo que su hermano decía, buscó con la mirada hasta distinguir también a Liam.

—¡Papá! ¡PAPÁ!

Se unió a las exigencias de Matt, atrayendo la atención de sus compañeros. Marco giró el rostro y vio a Liam aún perdido entre la multitud, tantas voces y llantos infantiles gritando «¡Papá!» o «¡Mamá!» lo confundían. No podía filtrarlas a todas hasta reconocer la de sus hijos.

Así que se apresuró por llegar a los gemelos antes de que su padre los ubicara, pero entonces el resto de los chicos del salón decidió apoyar a sus compañeros para llamar a Liam.

—¡PAPÁ! ¡PAPÁ! —repitieron todos en coro.

Las maestras se extrañaron y dejaron de revisar sus móviles para tranquilizarlos. Eso complicó el plan de Marco, ahora debía luchar contra aquellas dos mujeres y así lograr llevarse a los gemelos.

Pero, al faltarle solo un par de metros para alcanzarlos, alguien pasó por su lado a las carreras y lo empujó haciéndolo a un lado, hasta llegar a los niños.

Vio con furia contenida como Liam abrazaba a los dos chicos y los alzaba entre sus brazos aliviado por estar con ellos. Cerró los puños con tanta fiereza que sus venas se marcaron en sus brazos.

La ira le nubló tanto la mente que decidió continuar con intención de golpearlo y apoderarse, al menos, de un niño, pero de pronto se escuchó el sonido de disparos y el lugar se convirtió en un verdadero infierno.

Los gritos de los niños eran ensordecedores. Adultos indicando a los gritos que se lanzaran al suelo y corriendo detrás de los que huían asustados. A Marco volvieron a empujarlo, pero esta vez, se trató de un oficial que buscaba calmar a un grupo cercano.

—¡MUEVETE, SARGENTO! ¡HAY QUE CONTROLAR A LA GENTE! —bramó y lo envió a los empujones hacia los de quinto grado, que se habían dispersado por el miedo.

Marco se giró hacia Liam viendo como él ahora ayudaba a las maestras a tranquilizar a los niños de Salita de 4. Algunos se habían aferrado a sus piernas como si fuesen gatos sobre un árbol.

Estaba tan rodeado de mocosos que sería difícil atacarlo.

—Maldita sea —se quejó, rojo por la furia.

Decidió salir de allí. Algunos oficiales de policía pasaban por su lado y le daban órdenes, pero él las ignoraba. Al llegar afuera vio un alboroto de policías casi frente a la escuela.

Un familiar nervioso, al no conseguir a su niño y estar rodeado de tanta gente nerviosa, sacó un arma y comenzó a disparar al aire para abrirse espacio. Ahora una veintena de oficiales lo tenían sometido contra el piso y con las manos esposadas tras su espalda.

Marco sonrió de medio lado. Amaba el caos, aquellos ambientes le resultaban inspiradores y agitaban las emociones en su pecho. Se dispuso a ubicarse en un lugar estratégico en espera de Liam.

Sabía que en algún momento él tendría que salir del centro comunitario con sus hijos y volver a casa. Estaría solo y con los dos chicos encima.

Así sería fácil atacarlo y arrancarle a uno de los gemelos de las manos. Si ese miserable no estaba dispuesto a dejar a Emma, entonces, perdería a una de preciadas criaturas.

No todos podían tener todo lo que querían y él no iba a quedarse con las manos vacías.

Sin embargo, al cruzar la calle quedó paralizado al ver a Emma. Ella estaba frente a la escuela, repasando con angustia los alrededores.

Una vez más el fuego de la ira lo dominó y desvió sus pasos hacia donde estaba la mujer. La vio aferrarse al brazo de un hombre que también evaluaba el lugar con atención, como si buscara a alguien.




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