Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 69. La cena especial.

Aunque los nervios seguían presentes, los Hamilton debían continuar con sus vidas. No podían permitir que Marco bloqueara cada una de sus acciones y pretendiera convertir sus existencias en miedo.

Emma siguió adelante con el plan de ofrecer una cena especial para Julián y Camila, pero por «especial» se refería a «familiar».

Al hablar con Liam, ella se enteró de lo que ellos solían compartir cuando Vanessa aún estaba con vida, las comidas que elaboraban juntos y los momentos en que dejaban de comportarse como titiriteros para ser simplemente padres. Quiso copiar algo similar.

Así que los llamó solo para invitarlos a cenar en casa, en un ambiente informal y relajado, y así conocieran la sazón de un amigo chef que estaba promocionándose en la ciudad.

Ellos aceptaron por curiosidad. Julián había estado muy activo buscando información sobre Emma y Marco Smith y tenía muchas dudas en la cabeza que le había traspasado a su esposa.

Ambos comenzaban a sentirse confusos con aquella mujer, ya no sabían si tenerle miedo o compasión. Tal vez aquella cena, donde además estuviesen presentes sus amigas más cercanas, los ayudaría a conocerla más y comprender lo que sucedía.

Por sus nietos debían mantenerse en alerta.

Al llegar a la casa los gemelos los recibieron con gran emoción, como siempre sucedía. Llevaron un envase de helado que sus nietos ya querían probar, pero Emma, con amor, los convenció de esperar al final de la cena con la promesa de servirles tres bolas grandes con chispas de chocolate.

Ellos celebraron la oferta llenos de emoción y fueron a buscar los dibujos que habían hecho para sus abuelos durante la tarde.

—Debo admitir que sabes negociar —dijo Camila. Emma no sabía si aquello había sido un halago, una queja o una burla—. Tendrás que especializarte en eso, porque esos dos son indetenibles cuando desean algo.

La mujer siguió de largo hasta la sala dejándola atónita. ¿Acaso le estaba dando un consejo? Aquella interacción inicial había resultado extraña.

Mientras bebían una copa de vino y probaban los aperitivos de entrada, Emma presentó a Felton, con quien los Holt pudieron compartir un rato de charla antes de que entrara en la cocina a terminar la cena.

Quisieron saber sobre su trabajo culinario, sus inspiraciones e intereses, los lugares donde había trabajado antes y si tenía logros alcanzados.

—Son como el FBI de los cocineros —exclamó Lidia, cuando estuvo con Emma, Felton y Carla en la cocina—. Le hicieron un interrogatorio como si fuese un criminal.

El hombre sonrió divertido.

—Son gente acostumbrada a comer bien, capaces de pagar miles de dólares por un plato gourmet que esté cocinado de manera prolija y especial. Es normal que se interesen en la persona que está al mando de la preparación. Créeme que he conocido a gente mucho más exigente y recelosa.

—Bueno, Felton, no quiero ponerte nervioso, pero mi vida ahora está en tus manos —dijo Emma—. Para mí es muy importante que esto salga bien.

—Tranquila, los platos que elegiste son sencillos. Ya verás que quedarán encantados.

—Y tienes a las mejores ayudantes «prepara ensaladas» del mundo —comentó Carla con chanza—. Todo se verá muy bonito.

—Gracias, amigas —agradeció ella con lágrimas en los ojos y se fundió en un abrazo apretado con Lidia y Carla. Felton las miró conmovido.

Luego las chicas se quedaron con el hombre terminando la cena mientras Emma se reunía en la sala con Julián, Camila y los gemelos. Se sentó en un sillón frente a ellos, algo rígida y nerviosa.

Camila estaba en el suelo, con los niños, terminando una torre con bloques y Julián tras ellos en el sofá, bebiendo una copa con elegancia.

—¿Estuviste en la escuela cuando sucedió lo de la bomba falsa? —quiso saber el hombre.

Emma asintió.

—Liam me pidió que me quedara en casa, pero no pude hacerlo. Necesitaba asegurarme de que los niños estarían bien.

—Yo tampoco hubiese podido quedarme en casa —respondió Camila con expresión angustiada—. Fue una situación de mucha tensión.

—Mamá Emma fue a buscarnos con el chofer —dijo Matt, impactando a los Holt.

¿Ya llamaban «mamá» a Emma?

—Discutió con un policía que no quiso atrapar al señor malo —soltó Lucas—. Y después con papá para que no nos regañara porque no estuvimos muy cerca de las maestras.

—¡¿No estuvieron cerca de las maestras?! —quiso saber Camila, escandalizada.

—Estábamos cerquita —impugnó Matt—. Pero ellas estaban ocupadas y nosotros buscábamos a papá, entonces, cuando él llegó, nos vio solo un poquito lejos.

—Sí. Papá decía que así podíamos perdernos o alguien podía llevarnos —siguió Lucas.

Camila y Julián compartieron una mirada alarmada.

—En realidad… —intervino Emma— Liam solo quiso explicarles el peligro que resultaba el que estuviesen un poco apartados del adulto que los cuidaba en un momento tan crítico. El problema fue que él estaba algo alterado por los nervios y ellos aún asustados. Lo que hice fue calmarlo para que no les hablara con brusquedad, sino que esperara a que se serenaran las emociones.




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