Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 70. Un momento de paz.

Cuando llegó el momento de servir la cena, todos se dirigieron al comedor. El ambiente se esforzaba por ser distendido, los presentes procuraban hablar de temas triviales e impregnarlos de cierta gracia para no ensombrecer el momento.

Julián y Camila no pudieron disimular su sorpresa al comenzar a recibir los platos. Felton no solo había preparado varias de sus comidas favoritas, sino que la presentación y los aromas les parecieron exquisitos.

Para ser un chef nuevo que recién llegaba a la ciudad y del que no sabían más que lo que él les había contado, resultó un grato descubrimiento.

—Vaya —exclamó Julián— debo admitir que esto es una verdadera delicia. ¿Qué contiene este plato, Felton?

El chef, aunque no comía, bebía vino sentado en el otro extremo de la mesa, frente a Liam. Evaluaba los rostros de sus comensales para conocer de esa manera el resultado de sus creaciones.

—Pollo relleno de espinacas y queso ricotta, sobre una reducción de vino blanco y limón. Un plato simple, aunque con carácter.

—Simple, dice él —bromeó Camila—. Está exquisito. El punto de cocción es perfecto y el aroma me tiene fascinada. Yo amo el pollo en todas sus presentaciones, es una de mis debilidades, pero este en especial me recuerda a uno que probé en un restaurante que visitamos en Florencia, preparado por un chef reconocido. ¿Lo recuerdas, Julián?

—Sí, aunque debo decir que este tiene más personalidad —aseguró, mirando a Felton con aprobación—. Felicitaciones, joven, tiene talento.

—Gracias. Siempre busco poner lo mejor de mí en cada plato —respondió con una sonrisa llena de orgullo.

—Es un excelente chef. En el restaurante siempre recibe halagos de los clientes —contó Carla compartiendo con el hombre una mirada que pareció muy íntima.

—Si algún día me canso de la construcción, abriré un restaurante contigo, Felton —propuso Darryl, arrancando risas en todos.

—Solo si intervienes en la cocina —agregó el chef.

—Oh, no. Créeme que no me querrás dentro de la cocina. No solo soy un completo desastre cocinando, sino que nunca logo acordarme donde están guardadas las cosas. Tardaré horas buscando platos y cuchillos.

Más risas resonaron en la mesa, aunque luego hubo un silencio largo mientras consumían los alimentos.

—Felton realmente se ha superado —comentó Emma con expresión divertida—. Los niños se han comido todo el pollo. ¿Les gustó?

—Está muy rico —contestó Matt aún con la boca llena.

—Quiero comer este pollo todos los días —expuso Lucas pinchando un trozo con su tenedor.

—Liam, creo que tendrás que esclavizar a Felton en tu cocina —bromeó Lidia, haciendo reír a todos.

—No me molestaría cocinar siempre para comensales más pequeños —comentó el chef—. Son menos críticos.

Liam sonrió divertido.

—No creas, mis hijos saben muy bien lo que les gusta. Si algo no les convence, te lo harán saber sin filtros. En eso pueden llegar a ser rudos.

—El arroz que hace papá no me gusta —contó Lucas.

—¡Ey! —se quejó Liam.

—A veces queda pegajoso —completó Matt, logrando que su padre los mirara con los ojos entrecerrados mientras el resto se carcajeaba por la confesión.

—Veo que son jueces sinceros —agregó Felton, dando más gracia al momento.

Emma miró todo con gran satisfacción. No podía creer que la cena estuviese resultando un éxito, que Julián y Camila rieran con ellos y aún no hubiesen lanzado la primera ofensa o algún comentario hiriente.

Los Holt parecían disfrutar de la velada tanto como lo hacía el resto.

Levantó su copa y se aclaró la garganta.

—Brindemos por una buena cena, por la buena compañía y porque sigan llegando noches tranquilas como esta.

Todos levantaron sus copas para brindar con ella. Incluso los niños alzaron sus vasitos de jugo.

—¡Salud! —repitieron con alegría.

Liam estiró su mano y tomó la de ella por encima de la mesa, compartiendo ambos una mirada llena de amor y significados que ni Julián ni Camila pudieron pasar desapercibida.

La cena culminó con un postre de brownie y helado artesanal, que a todos encantó, sobre todo, a los niños. Luego pasaron a la sala para charlar manteniendo el ambiente relajado.

Procuraron no tocar temas inquietantes para no empañar el memento. Todos necesitaban un descanso. Julián se ubicó junto a Felton, muy interesado en su trabajo, mientras que Camila estuvo cerca de los niños participando en cada juego que proponían.

Cuando ellos comenzaron a mostrar cansancio, Emma les propuso subir a la habitación. Ellos se pusieron de pie y se abrazaron a ella bostezando.

Liam se levantó con intención de llevarlos cargados, pero Camila se negó pidiéndole que se quedara atendiendo a los invitados mientras ella y Emma dormían a los chicos.

Él se mantuvo un instante paralizado en medio de la sala, dirigiéndole a Emma una mirada de alarma, pero ella le sonrió tranquilizándolo y se dirigió a las escaleras con Matt mientras Camila llevaba a Lucas.




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