Mientras Darryl entretenía al grupo de invitados en la sala, narrándole anécdotas picantes y graciosas de sus fiestas en la juventud, y Emma y Camila dormían a los gemelos, Liam se encerró con Julián en el despacho.
Como siempre, el ambiente entre ellos era tenso. Ninguno disimulaba que le costaba soportar al otro. Los dos eran tercos y determinados y odiaban acatar imposiciones a menos que estas vinieran con una justificación creíble.
Pero lo que menos toleraban, era que pusiesen en tela de juicio sus acciones tildándolas de «explosiones emocionales», motivadas por la manipulación de un tercero. Si en algo se esforzaban ambos, era en tener criterio propio.
—Julián, a pesar de nuestras muchas diferencias te respeto y apoyo tu presencia en mi casa porque sé que es necesaria para mis hijos, pero no te voy a permitir que vengas aquí a ofenderme y mucho menos que utilices a Emma para eso.
—Nunca he querido ofenderte, Liam, pero en ocasiones actúas como si fueses un simple títere.
—Jamás me he comportado de esa manera. No entiendo por qué lo dices.
—Porque estás encaprichado por esa mujer —soltó molesto—. Y eso te lleva a tomar decisiones que ponen en riesgo a tus hijos.
—No soy hombre de caprichos, lo sabes —respondió con enfado y dirigiéndole una mirada inflexible.
—Entonces, ¿me vas a decir que lo que haces por ella es por amor?
Liam se irguió, prepotente.
—Ya te lo dije, no soy hombre de caprichos. Si Emma está en esta casa, a punto de ser mi esposa, no es solo para cubrir una necesidad, sino porque existe algo fuerte y real entre nosotros.
Julián resopló.
—Vaya, eso no me lo esperaba y supongo que aclara muchas cosas, pero también, complica otras.
—No entiendo qué complicación puede generarte el que exista amor entre Emma y yo —dijo con sarcasmo.
—Que serás capaz de hacer cualquier cosa por ella, como ya lo has estado haciendo hasta ahora, sin importarte si pones en peligro a mis nietos.
—Mis hijos están en perfecto estado, Julián. Sin importar a quien ame o no, ellos nunca dejarán de ser también mi prioridad.
—Una prioridad que podría estar peligro por culpa de tu otra prioridad.
—¿De qué demonios estás hablando? —preguntó, comenzando a enfadarse.
—Desde que decidiste meter a Emma en esta casa, yo no pude evitar ponerme a investigar sobre ella. Lo siento, pero no la conozco y para mí los gemelos son mi prioridad.
—¿La investigaste? —consultó molesto.
—Sí, así me enteré que ella antes de venir a San Francisco tuvo una pareja. Vivió con un sujeto violento que la maltrató y le provocó un aborto, y ahora huye de él porque la acosa. Ese mismo hombre fue quien te atacó en el bar Seven, e intentó hacerlo en la constructora, y quien al parecer hizo todo ese show en la escuela para secuestrar a mis nietos y así obligarte a dejar de protegerla.
Liam quedó impactado por lo que su suegro le confesaba, manteniéndose rígido frente a él.
—Sabía desde el principio que esa mujer escondía algo, sentía una vibra turbia alrededor de ella, por eso no pude evitar buscar información. Entiende que la única familia que me queda en el mundo son mis nietos, Liam, además de mi esposa. Lo que hago no es para fastidiarte, sino por el bien de los niños.
—Tengo ese problema controlado —dijo, muy serio.
—Lo sé. Sé que estás moviendo también tus contactos para ubicar a ese hombre y que estás invirtiendo una buena cantidad de dinero en seguridad para los niños y para Emma, pero créeme, nada de eso es suficiente —alegó Julián con semblante preocupado—. Tengo a gente investigando a ese tal Marco Smith y lo que he encontrado me inquieta cada vez más. Ese hombre no es un simple tipo violento y frustrado, es un mercenario, un asesino profesional. Ha trabajado para empresas de seguridad privada desde que lo echaron del Ejército, siendo contratado por gente de mucho dinero y políticos para que les elimine algunos problemas. Y cuando digo «eliminar», hablo de forma literal —recalcó con enfado—. Por eso sus expedientes policiales más alarmantes los han eliminado, tanto de Seattle como de Salem, y no ha permanecido en prisión más que unas pocas semanas. A nadie le conviene que él esté preso, sabe demasiado.
Liam quedó paralizado por aquella confesión. Aunque algo de eso lo sospechaba, que se lo confirmaran era un golpe muy fuerte.
—No estoy juzgando a Emma —siguió Julián—. No te niego que antes le tenía bastante recelo, aunque, a medida que averiguo más de ese hombre y de lo que le ha hecho a ella puedo entenderla, pero reconoce que esa mujer es un peligro demasiado grande para que esté en esta casa, Liam. Marco Smith está obsesionado con ella, no va a parar hasta alcanzarla. Si para eso tiene que eliminarte a ti, a los niños, a mí y a toda la guardia pretoriana que pongas en esta casa lo hará. Ese tipo es un matón despiadado, casi un enfermo mental. Fíjate lo que hizo en la escuela solo por alcanzarla y, aunque ahora sabe que tiene a la policía de media California tras él, estoy seguro que está planeando su próximo ataque. Nada va a detenerlo.
—No dejaré que se acerque a ella —dictó Liam, determinado.
#317 en Novela romántica
#27 en Thriller
#6 en Suspenso
romance drama, ceo millonario venganza celos intriga, madre sustituta
Editado: 10.04.2026