Lidia había tenido una jornada de trabajo llena de actividad por culpa de varias emergencias dentales que se presentaron. Eso, más la constante comunicación que mantenía con Darryl acapararon su día.
Estaba feliz por lo que comenzaba a tejerse entre ellos. Cada vez existía más afinidad y cercanía. La relación prometía convertirse en algo mucho más sólido con el paso de los días.
La mujer se sentía tan emocionada con aquel hombre que durante el fin de semana no respondió ni las llamadas ni los mensajes de Jason. Su interés solo se centraba en Darryl, no quería pensar en otra cosa.
Por eso, en aquel final de tarde, no pudo evitar sentirse irritada al ver a Jason Graham aparecer en el consultorio con un ramo de flores en la mano. Si bien adoraba los gestos románticos, en esa ocasión los sentía incómodos.
—Hola, preciosa. ¿Cómo ha estado tu día? —preguntó Jason y estiró las flores hacia ella manteniendo en su cara una sonrisa ancha y chispeante.
—Estuvo muy agitado, con demasiados niños llorando de dolor y frustración por no poder evitar venir al odontólogo —respondió ignorándolo para continuar con los suyo, sin recibir las flores.
—Lamentablemente, hay cosas que no podemos evitar en la vida si queremos estar bien.
—Así es, pero eso estoy muy agotada. Ahora solo quiero llegar a casa, darme un baño y acostarme en mi cama hasta mañana.
—¿No te quedó ni un poco de reserva de energía para mí?
Lidia disimuló una mueca de desagrado con una sonrisa condescendiente.
—La verdad es que no. Como te dije, estoy cansada.
—No respondiste a mis mensajes ni a mis llamadas el fin de semana.
—Es que estuve ayudando a una de mis amigas con una actividad.
—¿Sí? —preguntó Marco, procurando que la furia no se desatara en su interior. Sabía que ella había estado con Emma en la casa de Hamilton—. ¿Y qué tal la actividad?
—Muy buena, pero también, muy activa. Necesito descansar toda la semana para recuperar energías.
Lidia siguió ordenando su área de trabajo con intención de marcharse rápido, pero Jason se volvió más insistente.
—No te he reclamado por no haberme respondido el fin de semana porque lo tomo como una venganza por lo que te hice al plantarte en el bar Seven.
—No, por favor, no lo tomes como una venganza. De verdad estuve muy ocupada.
—Entiendo, pero… dame la oportunidad de reparar mis errores. ¿Me aceptas una cena?
Lidia respiró hondo, comenzando a hartarse de aquel hombre.
—De verdad, Jason, estoy agotada. Quiero ir a casa.
—Cenar conmigo te evitará cocinar hoy.
—Es que no pensaba cocinar hoy. Tengo algunas sobras en el refrigerador que luego de un par de minuto en el microondas recuperan su sabor original.
Ella le dio la espalda para terminar de guardar sus pertenencias en su bolso, por eso no se dio cuenta cuando él atravesó la portezuela de recepción y pasó a su cubículo para estar más cerca y así resultar más intimidante.
—Por favor, Lidia, no me rechaces. No me gustan los rechazos.
La mujer lo encaró, impactada por tenerlo dentro de su espacio. No solo tan próximo, sino con una postura tan desafiante.
Se estremeció al tenerlo a tan solo centímetros de distancia, mirándola con seriedad. Con sus ojos azules afincados en los suyos trasmitiéndole cientos de advertencias.
—Jason, disculpa… —expresó insegura—. No quiero ir a ningún lado, no me siento bien y… no deberías estar de este lado del mesón —indicó, incómoda.
—Solo busco resultar más convincente.
En segundos el hombre transformó su rostro intimidante en una máscara de súplica. Su cambio desconcertó a Lidia, le pareció que Jason era un excelente actor.
—Vamos, sé piadosa conmigo y acéptame una cena. Te prometo que será una ocasión relajada, donde podrás desprenderte de todos esos pesos que te agobian —aseguró con cara seductora y guiñando un ojo.
Aquello, más que despertar las emociones de la mujer, lo que hico fue aumentar sus temores. Jason era capaz de pasar de un estado de ánimo a otro en cuestión de segundos. Era evidente que su comportamiento era parte de una actuación bien preparada.
¿Qué pretendía con ella?
—Lo siento, pero no iré —expresó con firmeza y esta vez, seria. No podía darle más cuerda a esa situación—. Jason, necesito que salgas ya de mi área de trabajo, incluso, del consultorio. La hora de atención terminó y yo debo cerrar este lugar. Es mi responsabilidad y tú la estás impidiendo.
El hombre la miró con rabia contenida, asombrado por su atrevimiento de rechazarlo de manera tan descarada.
Una vez más un semblante severo y amenazante hizo gala en su rostro, inquietándola.
—Solo quise regalarte un momento especial. Me gustas mucho. Creo que me he enamorado de ti —mintió, buscando manipular la situación aplicando estrategias extremas.
No podía perderla ahora. Lidia seguía siendo su mejor opción para volver a acercarse a Emma.
#317 en Novela romántica
#27 en Thriller
#6 en Suspenso
romance drama, ceo millonario venganza celos intriga, madre sustituta
Editado: 10.04.2026