Pasaron los días y no solo Darryl pudo salir del hospital, también Lidia, aunque ella debía estar en cama, aún muy adolorida por los golpes del accidente.
En el departamento se quedó su madre para ayudarla con la recuperación mientras su hermana represaba a Nevada, para cuidar de sus niños. Aunque prometió ir de visita en un par de semanas con toda su familia.
Darryl se movía más, a pesar de hacerlo lento y comprimiendo en ocasiones el rostro en muecas. Pero igual tuvo ánimo de ir a la constructora para saludar a todos y demostrar que seguía vivo, atormentar a Liam y buscar una serie de documentos para trabajar desde casa.
—¿Sabes que existe el teléfono? Nos llamas y dices lo que necesitas de tu oficina y nosotros te lo llevamos. No tienes que venir hasta aquí —lo regañó Liam, recordándole que en el hospital le había recetado mucho descanso.
—¿Y perder la oportunidad de venir a interrumpir tu trabajo, hacerte molestar y lograr que tu ceño se apriete tanto que te deforme la cara? Olvídalo, el espectáculo es muy divertido para dejarlo pasar.
Liam apretó tanto el ceño que el rostro se le volvió diabólico. Eso solo lo lograba Darryl.
—También me recetaron ejercicio —reveló el hombre—. Mientras más me mueva, mejor caminaré. Además, odio estar encerrado en casa, sabes que no lo soporto.
—Tú no soportas nada, pero intenta no forzarte para que no empeores tu condición, mira que ahora te necesito.
—¿Ahora? ¿Cuándo vas a reconocer que no puedes vivir sin mí?
—Cuándo tú reconozcas que yo soy el mejor. El más inteligente, capaz y atractivo de esta constructora.
Las carcajadas de Darryl lo hicieron encorvarse por el dolor.
—Eres un maldito. Me duele la panza —se quejó entre risas.
—Eso es para que nunca se te olvide quien manda —bromeó Liam, aunque estando pendiente de su amigo por si se le reventaba un órgano de tanto reír—. ¿Irás al departamento de Lidia, a visitarla?
—Sí, pasaré un rato. Así aprovecho para ganarme a mi suegra. Es muy dulce.
—¿Vas en serio con Lidia?
—Sobrevivimos juntos al ataque de un maniático. Esa para mí es una señal.
Liam negó con la cabeza.
—Espero ella no sea otra Leonela, alguien a quien solo buscas para cubrir la soledad sin pretender comprometerte.
—No, amigo, esta vez es diferente. Lidia me gusta mucho y creo que eso pasa porque es un poco como yo: descomplicada y divertida. Es lindo estar con alguien que no te juzga ni te obliga a comportarte de una forma que no es tu estilo. Con ella me siento libre y eso lo estuve pensando antes de que apareciera el miserable de Marco.
—Me alegro que hayas conseguido a alguien con quien puedas congeniar. Y que sea capaz de soportarte —dijo eso último a modo de broma.
—Lo mismo digo para ti. Qué bueno que llegó Emma para soportar tus quejas y malas caras. Esa mujer es una santa.
—Imbécil.
—Por cierto, a pesar de todo el lío que se sigue armando por la búsqueda de Marco, ¿piensas asistir a la inauguración de la nueva tienda departamental de los Donnelly?
Liam respiró hondo, recordando el evento al que Becca los había invitado semanas atrás.
—Necesito ponerle un poco de normalidad a mi vida, así como a la de Emma y la de los niños. Hemos pasado estos días encerrados en casa y los gemelos comienzan a quejarse porque quieren salir, ir al parque o realizar algún paseo como el que hicimos a la montaña, al parque acuático o a Seattle. Más ahora que también tienen en casa a los padres de Emma.
—¿Llevarás a los Bowen a ese evento?
—Sí, Julián ya se encargó de gestionar sus invitaciones. No podemos dejarlos solos. Estaremos en esa fiesta un par de horas, para que los niños se diviertan y se relajen. No puedo permitir que el miserable de Marco limite nuestras vidas.
—Pero, ¿supongo que llevarás vigilancia?
—Claro. Estaré con tres guardaespaldas y con una mujer entrenada que hará de niñera, así se mantiene cerca de los gemelos.
—Qué estresante es tener que salir siempre rodeado de seguridad hasta para divertirte.
Liam se recostó en la butaca con expresión cansada.
—Julián fue anoche a hablar conmigo para contarme las novedades del caso de Marco. No solo lo identificaron gracias a las cámaras de seguridad de la escuela cuando estuvo un día antes del caos de la bomba haciéndose pasar por el técnico Daniel Rowe, sino que confirmaron que se hizo pasar por Jason Graham gracias a las cámaras del consultorio dental.
—Eso lo convierte en el principal sospechoso del crimen del verdadero Daniel Rowe y de mi accidente.
—Así es, pero además, una persona anónima les hizo llegar a la policía la supuesta dirección del lugar donde Marco se residenciaba y fueron a revisar. No lo encontraron, aunque sí sus huellas dactilares, parte de su ropa y armas y equipos de asalto que había adquirido en la tienda de un tal Ted Doyle. Ese hombre facilitó las facturas de compra, todas a nombre de Thomas Gallagher, quien al parecer, es la persona que cancelaba los gastos de Marco en la ciudad. Incluso, es el dueño del auto que él usó para provocar tu accidente.
#317 en Novela romántica
#27 en Thriller
#6 en Suspenso
romance drama, ceo millonario venganza celos intriga, madre sustituta
Editado: 10.04.2026