Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 85. Mirar hacia adelante.

Las semanas pasaron con lentitud ayudando a que todas las heridas sanaran, tanto físicas como emocionales. Ahora las sonrisas volvían a dibujarse en los rostros de todos, cubiertas de paz y optimismo.

Emma fue a visitar a sus amigas al departamento una mañana, luego de dejar a los gemelos en la escuela. Ya no iba con chofer, sino que tenía su propio auto. El miedo porque alguien la siguiera lo había perdido y comenzaba a ser independiente ocupándose de sus propios asuntos.

Subió directo al apartamento porque el portero ya la conocía y la dejó entrar apenas la vio. Tocó a la puerta sosteniendo con cuidado los pasteles que llevaba dentro de una caja, como regalo, pero se impactó cuando le abrieron la puerta.

—¡¿Darryl?! ¿Qué haces tan temprano por aquí? —quiso saber, mientras el hombre la ayudaba con su carga y le permitía la entrada.

Ella arqueó las cejas al verlo a medio vestir, sin la corbata ni la chaqueta de su traje puestos y con los puños de la camisa aún abiertos.

—En realidad, no me he ido —reconoció con una sonrisa pícara—. Liam me va a jalar las orejas por llegar tarde.

La mujer no hizo ningún comentario, aunque le sorprendió que la relación de Darryl con su amiga hubiese avanzado tanto que ya pasaban las noches juntos.

—¡Emma! ¿Trajiste desayuno?

En esta ocasión, quedó paralizada. Felton estaba en el área de la cocina descalzo, con el cabello húmedo y vestido con pantalones cortos y camiseta. Manipulaba la cafetera eléctrica.

—¿Estuvieron de fiesta anoche y no me invitaron? —preguntó ella con una sonrisa y apoyando las manos en las caderas. Ambos hombres rieron divertidos.

—Yo llegué pasadas las dos de la madrugada con Carla y ya Darryl estaba aquí con Lidia —reconoció el chef.

—Fue improvisado —reconoció Darryl mientras abría la caja que Emma había llevado y tomaba un pastel de crema.

Felton sirvió tres tazas de café y juntos se sentaron a desayunar.

—¿Felton hizo los panqueques? —preguntó Carla al salir de su habitación con el cabello húmedo y vestida con su camisón largo de estar en casa.

—Emma trajo comida, amor —respondió el hombre mientras hurgaba en la caja—. Me ahorró cocinar.

—De haber sabido que ustedes estaban aquí, habría traído más pasteles —reconoció Emma.

—¡No me dejen sin comida! —se escuchó un grito desde el interior de la casa que los hizo reír. Lidia reclamaba su parte desde su habitación.

—Aprovecharé y me vestiré para ir temprano a la academia. Tengo una clase de cocina italiana que dar y hay unos ingredientes que se me olvidó comprar —dijo Feltón luego de tragarse su pastel en tres bocados y beberse el café caliente como su hubiese sido una bebida con hielo.

Le dio un beso a Carla en los labios antes de correr a la habitación, pasando junto a Lidia, que salía ya vestida y caminando con lentitud por su cojera. Era lo único que aún le quedaba de las secuelas del accidente. Del resto, ya casi estaba del todo recuperada.

—Yo iré por mis cosas para irme también —dijo Darryl terminando su comida—. O en pocos minutos Liam comenzará a llamarme para insultarme y amenazarme —bromeó y se apresuró por entrar en la habitación.

Al quedar solas las mujeres, y mientras Lidia y Carla hurgaban en la caja en busca de un pastel, Emma se inclinó hacia ellas para hablarles de forma confidencial.

—¿Pasaron al nivel dos en la relación?

Ambas sonrieron con picardía.

—De mi parte, llevo semanas así —confesó Carla—. Felton y yo pasamos algunas noches en su departamento y otras en este.

—Yo voy más despacio por culpa de mi recuperación física —reconoció Lidia—, y porque mi madre y mi hermana regresaron la semana pasada a Nevada, al ver que ya podía moverme sola.

—Entonces, ¿ambas relaciones van en serio? —consultó Emma, dando un trago a su café.

—Felton y yo todavía no hemos hablado al respecto, solo nos dejamos llevar por lo que marcan nuestras hormonas.

—Pero esas son unas hormonas muy mandonas —bromeó Lidia ganándose una mirada de reproche de su amiga.

—Mira quién habla. Darryl y tú aún no se han casado porque hasta hace poco tuviste una pierna y un brazo inmovilizados —se quejó Carla, luego se dirigió a Emma—. Si no te apresuras y te casas rápido con Liam, Lidia se te adelanta.

Las carcajadas de todas resonaron.

—¿Ya hablan de matrimonio? —quiso saber Emma.

—Nooo —respondió la interpelada—. Ni siquiera de tener algo serio, solo… también nos dejamos llevar por las hormonas.

—Uf, pero esas hormonas son como dinamos —bromeó Carla—. Tienen energía ilimitada.

Todas volvieron a reír.

—La verdad, es que Darryl y yo nos sentimos muy bien juntos. Es como si estuviésemos predestinados a vivir en pareja, se nos da de maravilla.

—Me alegro que les esté yendo bien a ambas. Me siento feliz por ustedes.

Brindaron con el café por las buenas noticias, aunque interrumpieron la charla por la salida de los hombres, quienes ya estaban listos para salir del departamento. Luego de las despedidas y de volver a quedar solas, las mujeres se fueron a la sala para sentarse en el sofá a seguir conversando.




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