Emma se había reunido con sus amigas en su casa para planificar su boda con Liam. Ya había acordado con él los detalles más importantes, como la fecha, el lugar y la cantidad de invitados, ahora debía ocuparse de los detalles, como su vestido de novia y el menú de la cena y los aperitivos.
De eso último iba a encargarse Felton, ya habían conversado con él para contratarlo.
—Está muy emocionado con la boda —reveló Carla—. Nunca había atendido una y lo considera un reto interesante. Está preparando varios menús que pronto va a presentarles.
—¡Haremos la prueba del menú en el departamento! —comunicó Lidia con emoción—. Será como una prefiesta de la boda.
Emma sonrió divertida.
—Para ti cualquier cosa es una prefiesta.
—Hay que celebrar mucho ese acontecimiento. A todos nos costó alcanzarlo —dijo a modo de broma, aunque para Emma aquello fue real.
Todos ellos, de una u otra forma, sufrieron por los inconvenientes que se habían presentado por culpa de Marco. Sobre todo, Lidia, que pasó semanas en cama recuperándose por el ataque de su ex.
—Tienes razón, hay que celebrarlo todo lo que podamos, porque no fue fácil llegar hasta aquí —aceptó, recibiendo un abrazo de su amiga.
—Entonces, ¡va lo de la prefiesta en el departamento! —celebró Carla—. Felton quiere destacarse con ese menú, porque además de querer sorprenderlos a ustedes y prepararles algo especial, desea impactar a Julián y a Camila Holt. Ellos lo están recomendando con sus amistades millonarias y ya ha recibido dos llamadas para reservaciones.
—Julián, en especial, quedó maravillado con su estilo de cocina —confesó Emma—. Además, en la boda estarán presentes los dos nuevos clientes de Liam. Son gente muy importante, con gran influencia en el país, y de muchísimo dinero. Con ellos trabajará los proyectos de construcción que acaba de iniciar. Si quedan encantados con la comida de Felton, tendrá mucha más proyección.
—Uy, entonces Felton tendrá que lucirse en esa fiesta. Es su oportunidad —comentó Lidia—. Si gana clientes importantes, quizás deje de ser tan amargado.
—Nooo —rebatió Carla—. Me encanta su carácter quejoso. Es tan sexi —exclamó eso último en medio de un suspiro, arrancando risas en sus amigas.
—Mamá, Emma, ¿iremos al parque?
Las chicas dejaron la conversación porque Matt y Lucas se aproximaron a ellas con una pelota de fútbol en las manos y con sus caritas ansiosas.
—Es buena idea —respondió ella—. Chicas, ¿les gustaría que traslademos la merienda al parque?
Lidia y Carla aceptaron y enseguida comenzaron a recoger todo para salir. Los niños, saltando y gritando por la alegría, fueron en busca de sus abrigos y de otros juguetes para llevar.
Como ya no sufrían de ningún tipo de acoso, no tenían que estar rodeados de guardaespaldas armados para ir a pasar un rato agradable en el parque cercano, así que las tres mujeres fueron cargadas con la comida y con bebidas mientras que los chicos iban con sus juguetes y sus botellas de agua dentro de sus mochilas.
Al llegar, los gemelos enseguida se unieron al grupo de niños que ese día habían asistido. Desde hacía semanas lograron retomar sus rutinas de paseos, pudiendo establecer vínculos con ellos.
Emma y las chicas estiraron una manta en la grama y se ubicaron sobre ella para continuar con la charla, hojeando revistas sobre bodas y el catálogo de trajes de novia que le habían enviado de un atelier que visitó días atrás con Camila.
—Tienen vestidos bellísimos. Los de corte sirena son un sueño —opinó Lidia.
—Podrías probarte alguno de esos modelos, Emma —aconsejó Carla—. Tienes un cuerpo muy bonito, de seguro te quedarán preciosos.
Emma suspiró hondo y bajó los hombros con derrota.
—Ay, chicas, hay algo que debo confesarles. Que no le he dicho aún a nadie, ni siquiera, a Liam.
Las dos la miraron con los ojos muy abiertos, por su tono de voz intuían que se trataba de algo grave.
—Se los contaré a ustedes para que me ayuden, pero no pueden decir nada, menos a Liam. Tienen que prometérmelo.
Lidia casi se ahoga con esa petición.
—Cuéntame ya de qué se trata o moriré por la asfixia. ¿Hiciste algo malo?
—¡Nooo! —negó Emma entre risas, desconcertando más a sus amigas—. No es nada malo, es…
—¡Emma!
La mujer cerró la boca ante ese saludo. Al alzar la mirada descubrió que se trataba de Becca, quien se aproximaba a ella seguida por Grisel, la niñera de la hija de su hermana.
Emma no pudo evitar sentirse incómoda, aunque se esforzó por disimularlo.
—Hola, Becca. ¿Cómo has estado? —preguntó, poniéndose de pie para estar a su altura.
Becca la observó con su típica sonrisa de superioridad, pero pronto la perdió al ver que ella tenía en sus manos un catálogo de trajes de novia y sobre la manta estaban abiertas algunas revistas para la organización de bodas.
—Yo… bien —respondió, procurando recuperar la sonrisa—. Me alegra verte de nuevo por aquí.
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Editado: 15.04.2026