El día de la boda llegó. Emma, con su embarazo apenas visible, pudo usar un vestido de novia que no fuese tan ajustado, pero igual resaltaba sus curvas, haciéndola ver preciosa. Sobre todo, para los ojos de Liam.
Desde el altar él la esperó lleno de ansiedad, emocionado al encontrarse en ese lugar que tanto esfuerzo le había costado alcanzar.
Sus hijos encabezaron el cortejo portando los anillos, tan emocionados y sonrientes como él. Aunque, apenas lo vieron, rompieron por completo el protocolo para correr a su lado sin atender las advertencias del organizador de la boda, de sus abuelas ni de sus tías Carla y Lidia. Arrancaron risas en los presentes, relajando el ambiente.
Cuando Emma llegó y Liam la recibió, ellos también fueron a reunirse con ellos, queriendo participar en la celebración desde el altar junto a los novios. Aceptaron bajar de ahí porque Liam les ofreció que les compraría helado y sus galletas preferidas con forma de dinosaurio si se sentaban con sus abuelos.
Luego de eso, la celebración se realizó sin más contratiempos, solo marcada por las miradas llenas de amor y las promesas eternas de los novios. De camino al salón donde compartirían la cena y el brindis, Darryl tuvo que desviarse con Lidia para comprar lo que Liam le había ofrecido a sus hijos, porque si algo lo caracterizaba, era su empeño por cumplir sus promesas.
Así todos pudieron estar felices mientras celebraban la tan esperada unión, que había iniciado como una propuesta de matrimonio para solventar una problemática, pero que terminó siendo tan real como los sentimientos que todos experimentaban en ese momento.
—¿Cómo te sientes? ¿Estás cansada? —preguntó Liam a Emma mientras bailaban en la pista.
—¿Yo? El que debe estar cansado eres tú —bromeó ella divertida, al ver a los gemelos colgados de las piernas de su padre.
Liam bailaba sin problemas con ellos dos encima.
—No te han querido soltar en toda la noche.
—Me encanta tenerlos así. No me dan ningún problema.
—Tienes una paciencia de acero. Cuando sean cuatro quiero ver si sigues tan tranquilo.
—Lo haré, ya verás. Tengo energías, incluso, para más.
—¡¿Para más?! —preguntó Emma entre divertida y escandalizada.
—Claro, crearé mi propio equipo de baloncesto con mis hijos.
Las carcajadas de Emma resonaron en el salón. Los niños exigieron conocer el chiste para reír también. Liam los cargó a ambos y pidió a Emma que se enlazara a uno de sus brazos para ir a la mesa y sentarse a descansar.
—Están pegados a ti —bromeó Gisela, logrando atrapar a Lucas para que sentara en sus piernas a comer un poco de pastel.
—Se convirtieron en mis huesos —respondió Liam entregándole a Matt a Camila, quien enseguida lo envolvió entre sus brazos y lo llenó de besos.
Él ayudó a Emma a sentarse en la mesa antes de ubicarse a su lado y así probar todos el pastel de la boda que había preparado Felton.
—Esto está increíble —alabó Emma.
—Toda la comida ha estado genial —agregó Julián—. Ese hombre va a llegar lejos con su cocina.
—La señora McGregor habló con él para contratarlo para un bufet que va a ofrecer en un par de meses —informó Camila, hablando de la esposa de uno de los empresarios millonarios invitados a la boda.
—Ya se coló entre los grandes —bromeó Fred.
—Y no habrá quien lo detenga. Como te dije, ese hombre va a llegar lejos —repitió Julián sin dejar de comer pastel.
Aquella fiesta resultó como el final de un camino largo y difícil para todos.
Para los Holt y los Bowen era la celebración de la unión de sus familias y la seguridad de que la felicidad los invadiría por mucho tiempo cuando llegaran los nuevos miembros.
Para Lidia, fue un momento lleno de nuevas emociones, porque Darryl le pidió oficialmente que vivieran juntos para hacer más seria su relación. Para Carla y Felton, también resultó la consolidación de su amor y hasta el inicio de un negocio, ya que hablaron de renunciar al restaurante en el que ahora trabajaban y montar uno propio gracias a las ofertas que él estaba recibiendo.
Para Liam y Emma, la boda era el final de un camino tortuoso, pero a la vez, el inicio de un nuevo recorrido, que estaba iluminado por la esperanza y el amor.
La alegría de estar juntos y sin ningún tipo de amenaza rondándolos les concedía la paz y la ganas de seguir adelante, dispuestos a enfrentarse a lo que fuese necesario para proteger su relación y la familia que formaban.
Con un abrazo apretado y un beso profundo sellaron aquel pacto, uno al que ninguno pensaba fallar.
Al terminar la fiesta, los gemelos se fueron con los abuelos Holt a pasar la noche, ya que Liam y Emma se escaparon a su luna de miel.
Por la cantidad enorme de trabajo que Liam tenía, debido a los dos proyectos urbanísticos que asumía, y el estado de Emma, no hicieron un viaje largo, sino que se fueron a pasar el fin de semana al parque Buckeye Flat, donde antes habían ido de campamento con los niños.
Alquilaron una cabaña para dos cerca del río y, antes de irse a la cama, se quedaron en el porche sentados en una silla colgante envueltos en frazadas.
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Editado: 15.04.2026