Dana & Mark

Capítulo 1

Me obsesioné con un solo vistazo a esa radiante sonrisa y ya no sé si puedo alejarme; ella se ha vuelto mi todo…”

Estaba desesperada, no quería llegar tarde; si se retrasaba más, el profesor ya no la volvería a dejar entrar a su clase.

Y todo por culpa de su teléfono.

¿No podían inventar una función para que cuando se descargue igual suene la alarma? Eso facilitaría la vida de muchas personas, incluyéndola.

Intentó correr más rápido ya que solo le faltaba un pequeño tramo por recorrer antes de entrar al aula de fotografía, pero antes de que pudiese llegar, la puerta de uno de los salones de audio y vídeo se abrió de manera inesperada y, para su desgracia, no le dio tiempo de frenar y se estampó contra la puerta. La primera parte de su cuerpo en recibir el golpe fue su cabeza, y gracias a eso ahora tenía un comienzo de migraña.

« ¡Perfecto, Dana! Más idiota no podías ser», pensó angustiada.

La persona detrás de la puerta se acercó apresuradamente y la ayudó a levantarse; así se dio cuenta de que era un chico.

—Disculpa, estaba apurada y no me dio tiempo de detenerme, de verdad que estoy apenada, yo—le interrumpió antes de que pudiese terminar la oración.

—No te preocupes, total, fue culpa mía. No debí abrir la puerta de manera apresurada. Por cierto… ¿Cuál es tu nombre? No recuerdo haberte visto por estos lados.

—Lo siento por mi descortesía; soy Dana Miller. ¿Y tú?

—Charlie Calvin —sonrió. — Bueno, mi nombre es Charles; Charlie es el nombre por el que todos me conocen, sobre todo mis amigos, pero tú puedes llamarme por el que te sea más cómodo.

Sonrió incómoda y observó su reloj impaciente: iba a llegar muy tarde a clase.

—Entonces, Charlie… —fue interrumpida por un chico que la empujó sin previo aviso, causando que casi se cayera. — ¡Ten más cuidado, idiota!

Su acompañante bufó y de mala gana dijo: —Nos vemos luego, Dana. Tengo que arreglar unos asuntos.

Y así tan fugaz como el extraño que casi la tumbó al suelo, Charlie desapareció detrás del sujeto.

Extrañada, caminó con desesperanza hacia su clase. No entendió la extraña aparición del sujeto y mucho menos la actitud de Charles; fue todo tan raro y confuso: era como si algo pasara a su alrededor y algo no la dejara ver qué.

***

Luego de llegar tarde a su primera clase del día y recibir un apoteósico regaño por parte del profesor y una burla por parte de las brujas de sus compañeras, siguió su camino hacia el comedor ya que la siguiente clase que tenía era para el turno de la tarde, podría irse y evitarse el agobiante rato dentro de aquel sitio durante un largo tiempo, sin embargo, le gustaba quedarse y así recopilar fotografías para su próxima tarea. Eso era algo que la fascinaba; no lo hacía a cada momento, pero aprovechaba cuando estaba relajada.

De repente, chocó con alguien; no logró ver quién fue, ya que estaba concentrada en sus pensamientos, pero por el sonido de sus pasos apresurados pudo notar que era la misma persona que la había empujado no hace mucho. Así que no lo pensó y siguió al extraño.

A esa hora había demasiadas personas rondando por los pasillos, era de esperarse cuando todos estaban atareados por los exámenes, sin embargo, eso no le impidió alcanzar los pasos de aquel intruso, y sin más lo jaló por un brazo y lo arrastró consigo hacia un aula vacía, en el camino recibió muchas miradas indiscretas por parte de todas las personas a su alrededor; era como si llevase a alguien importante a su lado; como si estuviese cometiendo un error.

Cuando se encontraban fuera del alcance de las miradas curiosas, se decantó por observar al causante de sus molestias y no pudo haberse sentido más avergonzada al encontrarse con que no era cualquier persona.

—Y-yo… Lo siento —pronunció apenada, agachando la cabeza en signo de arrepentimiento; sin embargo, él se la levantó.

Era extraordinario que él, siendo parte del grupo de secuaces de “El Gran Collins”, estuviese siquiera mirándola de una manera tan profunda.

— ¿Por qué te disculpas? Fui yo el que te empujó; tú no hiciste nada malo —le sonrió pícaro.

—Así que lo hiciste intencionalmente, ¿no? —preguntó.

—Puede que sí, o no… —respondió fingiendo estar pensativo.

De repente, como si hubiese recordado algo, miró intranquila su reloj, cosa que no pasó inadvertida para su acompañante.

—¿Ocurre algo? ¿Vas llegando tarde a algo? —preguntó con un deje de preocupación.

—Eh… yo —miró el reloj que adornaba su muñeca y vio la hora; aún era muy temprano para su clase, pero prefería ir a la cafetería a seguir con sus proyectos, así que, mostrando una brillante sonrisa, dijo: —No pasa nada, pero tengo unas cosas que hacer. Adiós.

Trató de salir del aula lo más rápido que pudo; sin embargo, el joven la alcanzó antes de que saliera.

—¿Cuál es tu nombre?

—Dana, Dana Miller —sonrió y se fue, dejándolo desconcertado.

***

Llevaba un buen rato mirando discretamente a aquel extraño del cual ahora conocía su nombre.

Estaba sentada en una mesa solitaria haciendo sus deberes cuando vio por el rabillo del ojo a la esculpida figura de Mark Collins, gracias a ello no evitar acercarse a un par de chicas que estaban muy concentradas en su fisionomía y preguntarles quién era el dichoso que las tenía casi babeando —obviamente no lo dijo de esa manera tan descortés—, y como si hubiera reactivado los cerebros de ambas, cantaron cada detalle de la vida del susodicho.

En algún momento llegó a escuchar su nombre; no obstante, no conocía su rostro hasta que un día fue a una de las prácticas del equipo de básquet. En ese momento no pensó que él fuese “El Gran Collins”; solamente tomó las fotos para su clase y lo afilió a alguno de los secuaces del tan nombrado.

Ahora que sabía bien quién era él, se sentía apenada por la acción tan desvergonzada que tomó un rato atrás, pero una pequeña parte de ella gritaba a todo pulmón que había tomado la mejor decisión al haberlo seguido.




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