Dana & Mark

Capítulo 3

“Te vi tan feliz junto a él, que sentí celos… Dana Miller, tú serás mía y de nadie más.”

Su hermano y ella constantemente solían escuchar que eran iguales en todo, como si fueran mellizos; sin embargo, ellos no lo eran. Lo único en lo que podía admitir que eran parecidos era el físico; en lo demás eran polos opuestos.

A ella le gustaba mucho ver lo bueno en cada cosa mala, mientras que su hermano solo admiraba lo malo en lo bueno; ella brillaba como el sol en verano a la vez que su hermano solo se opacaba como la lluvia; ella sonreía y lloraba con libertad y a la par su hermano se cerraba con sus sentimientos.

Uno era la antítesis del otro.

Y aun cuando parecía imposible, se complementaban, a veces no necesitaban hablar para saber qué pasaba por la cabeza del otro. Por eso, cuando vio a su hermano tan perdido en sus pensamientos mientras manejaba, supo que algo no andaba muy bien con él y que posiblemente tendría que ver con alguna conquista que lo desilusionó, porque aunque no lo manifestara, ella siempre sabía que él era más sentimental que ella, por más que quisiera ocultarlo.

—Valentín… —Él le dio una mirada de soslayo y siguió manejando, concentrado en las gotas de lluvia que impactaron contra los cristales del vehículo. —Detén el auto y mírame, sé que algo te sucede…

Y por más que le pedía, no se detuvo, así que no le quedó más que quedarse callada hasta que, de pronto, se estacionó enfrente de una cafetería que quedaba en el camino hacia su departamento.

Valentín apagó el automóvil y se quedó inmóvil mirando las gotas que caían por su ventana; parecía querer decirle algo, pero se lo estaba guardando.

— ¿Me vas a decir qué te pasa, Val…? —la interrumpió.

—Hace unos meses conocí a una chica; era un amor de persona, o eso era lo que ella quería que yo pensara porque, al parecer, no es secreto que yo, Valentín Miller, soy un ingenuo que cae ante una sonrisa tierna… Ella, literalmente, me tenía comiendo de su mano y no me importó, ¿sabes?… —Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos y su voz se volvió pastosa. —La veía como mi ángel: la luz que me iluminaba. Con ella sentía que podía sentirme a gusto y hasta sentía que podía confiarle mis pensamientos y sentimientos… Sabía que lo de nosotros no sería para siempre, pero esperaba poder encontrar en ella un poco de tranquilidad, qué mal que me equivoqué…

Suspiró y lo miró mientras más lágrimas empapaban su rostro. La forma en la que la heterocromía que se presentaba en sus ojos poco se distinguía, gracias a que el derecho —ojo en el que el iris era de color azul— se veía totalmente oscurecido mientras que el otro simplemente permanecía en la tonalidad de la noche.

Poseían el mismo color de ojos, ya que era hereditario de su abuela.

»Hace unos días todo iba bien, yo no me imaginaba que ella sería tan demoníaca y vivía feliz… hasta que un día un chico apareció en la puerta de mi departamento, no le di mucha importancia al principio pero cuando gritó su nombre y me contó que ella me estaba utilizando para darle celos a otro, no pude evitar enfurecerme y llamarla; ella me dijo que eso no debía interesarme ya que “oficialmente” ella ya no era nada mío y que solo debía conformarme con saber que jamás le interesé… —la observó expectante, esperando alguna de sus respuestas explosivas.

Dana suspiró y lo abrazó. No podía opinar de algo que ya había dejado estragos, solo le quedaba consolar a su hermano.

—Val, tú no eres ingenuo por dejarte llevar por un sentimiento; simplemente no esperabas que eso sucediera. Con esto no estoy diciendo que debas desconfiar de las personas, sino que debes centrarte en conocerlas más antes de cualquier cosa, ¿sí? —Él asintió y abrazó más a su hermana. —Bueno, creo que deberíamos salir a comer algo o por lo menos comprar algo para llevar, ¿no crees?

Valentín se separó de ella y se secó las lágrimas con el dorso de la mano, para luego abrir el auto y salir con la sombrilla en mano, mientras que Dana dejó sus cosas y simplemente se llevó su celular, para bajar continuamente y entrar a la cafetería junto a su hermano.

Al entrar, fueron recibidos por un débil tintineo que provino de una campanita que se encontraba al lado de la puerta. Varios de los clientes que estaban sentados voltearon a verlos y más de uno se quedó observando sus ojos tan peculiares. Era muy normal esa reacción que causaban a las personas; estaban muy acostumbrados a ello y por eso no les importó que hubiesen personas mirándolos de vez en cuando.

Cuando tomaron asiento en una mesa que se encontraba cerca de una ventana, Dana se permitió admirar su alrededor mientras esperaban a que alguien los atendiese; el lugar tenía una decoración muy vintage: las mesas eran blancas y traían manteles de color marrón chocolate con unos jarrones en el medio de color beige, las paredes eran de color turquesa y tenían cuadros de distintas ciudades de Europa en ellas, las lámparas tenían forma de tulipanes, y la barra donde estaba la caja estaba adornada con dibujos de mariposas en dorado.

A ella le gustaban los colores y el ver un contraste tan hermoso con esas tonalidades, le maravillaba.

—Es un lugar muy bonito; no recuerdo haberlo visto mientras volvía de la universidad… ¿Cómo lo has encontrado? —Volteó a preguntarle a Valentín, quien solo mantenía la cabeza abajo.

Sin siquiera mirarla, le respondió: —La vi de casualidad un día que iba a tu casa…

—Oh… Pues vendremos muchas veces de ahora en adelante. Este lugar es completamente hermoso y pacífico, nada comparado con ese café de locos al que me llevabas todo el tiempo… —sonrió. —Aunque la comida no era mala.

Su hermano subió el rostro para mirarla, se rió y ella lo hizo con él.

—Definitivamente tus ocurrencias son raras… ¿Prefieres un lugar por su decoración que por su calidad? —Fue a responder, pero él la interrumpió. —Ni siquiera me respondas, se me había olvidado que hablar con Dana Miller es sinónimo de locura.




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