“Me gusta encontrarme con tus ojos tan perfectos viéndome como yo lo hago contigo: como si no hubiese otra obra al alcance. “
La universidad en la que estudiaba solía traer estudiantes de intercambio y gracias a ello, Aida había conocido a unos gemelos. Ambos eran muy simpáticos y habladores, cosa que enamoró a su mejor amiga y que la llevó a salir con uno, Jamie. Mientras que el otro, Julián, se empeñó en buscar salir con Dana, acción que no se dio y que terminó forjando una buena amistad entre ellos.
Después de un tiempo de conocerse, ella le presentó a su hermano, y ya que en ese momento aún conservaba su cabello castaño, Dana y Valentín se ganaron el apodo “gemelos bicolores”, gracias a sus ojos.
Y desde ese momento, ninguno había parado de llamarlos así.
—Así que la chica te partió el corazón y se fue como si nada… ¿En serio? —Valentín asintió mientras tomaba un sorbo de su chocolate caliente. — ¡Qué ridícula! Recuerdo que esas eran estupideces de cuando éramos adolescentes.
—Tienes razón.
— ¡Claro que la tengo, pelirroja mal pintada! —inquirió a la vez que recibía un pisotón por parte de la mayor de los Miller.
Su hermano se rió de la cara de Julián y ella solo bufó. Había tardado mucho en pintarse el cabello para que pareciera natural y tenía que venir él a burlarse.
Siguieron su charla sobre el fallido amor de su hermano hasta que el tintineo de la campana de la puerta los distrajo y los llevó a mirar a nadie más y nadie menos que Mark Collins.
Ella instintivamente quiso agachar la cabeza y desaparecer de sus penetrantes ojos negros; no obstante, no pudo gracias a que este había dirigido su mirada hacia ella y sus acompañantes y había avanzado hasta pararse junto a su mesa.
Ninguno de los hermanos hizo el ademán de hablar, así que el rubio habló.
— ¿Se te ha perdido algo, amigo?
—No —sonrió —simplemente vine a ver a Dana.
Valentín miró curioso a su hermana y esta solo agachó la cabeza, a la par de que Julián fruncía el ceño y tomaba la mano de ella.
Eso era lo que le faltaba.
—Oh, lo siento. Estamos muy ocupados… —Dana le apretó la mano para que se callara; sin embargo, no lo hizo. — ¿Verdad, peluchito?
Ella sonrió y se quedó callada.
Al ver que la mentira de Julián perdía efecto en el pelinegro, Valentín respondió por su hermana.
—Lo siento, estamos muy ocupados discutiendo algo personal, pero si quieres más tarde te presto a mi hermana… —Julián le dio un pisotón y causó que él castaño se quejara.
Mark le echó una ojeada al menor de los Miller y se rió.
—Bueno… Luego te veo, Dana —le sonrió a la susodicha y se fue a sentar a otra mesa, al fondo del local.
Los tres dieron un suspiro y se rieron; esa situación fue muy rara.
— ¿Qué clase de idiotas deambulan por tu facultad? Se parecía a que me iba a matar a cuchilladas con la mirada, y ¡encima solo se despidió de ti! —Le pegó un codazo a Julián y este se carcajeó más fuerte.
—Estoy de acuerdo con el cabeza de chorlito; ese tipo era muy raro.
—No hablen así de él, nada más estaba preocupado… —Ambos la interrumpieron.
— ¡¿Preocupado?! —exclamaron al unísono.
Se encogió en su asiento al ver al castaño y al rubio, tan alterados.
No veía nada de malo en que Mark se acercara a saludar, pero no podía discutir con ellos porque sabía que era una pérdida de tiempo.
Ambos siguieron reclamando y contando razones totalmente absurdas por las cuales eso no era preocupación; sin embargo, ella se concentró en terminar su té y echarle una que otra miradita a la mesa en la que estaba el pelinegro. Más de una vez sus ojos se encontraron con los de él; no obstante, inmediatamente se enfocaba en otra cosa para no parecer una chismosa, aunque sabía que él estaba consciente de su escrutinio.
***
Después de pasar un rato charlando sobre los problemas amorosos de su hermano y la cita que dejó plantado al rubio, se dirigieron a su departamento ya que su amiga y Jamie estaban de camino.
Al parecer habían planeado una reunión en su hogar y no estaba enterada.
Cuando llegaron, se encontraron con que sus amigos ya estaban en su departamento y no le sorprendió; hacía un tiempo les había dado una copia de la llave en caso de que tuviese una emergencia, pero eso no evitaba que entrasen de ese modo para sorprenderla.
—Tenían un plan, ¿no? —Su hermano le sonrió apenado. —Buscarme en la universidad, distraerme un rato y ¡Bum! Llego a casa y me encuentro con una reunión clandestina… ¿Acaso es mi cumpleaños?
Jamie y Aida sonrieron para hacerse a un lado de la puerta que llevaba a la sala, dejando relucir a una chica delgada de melena castaña corta, que poseía una sonrisa tímida pero alegre y vivaz.
La habían dejado sin palabras…
Al ver que nadie reaccionaba, la joven decidió hablar:
—Así que quedaste asombrada, Dana… —se le acercó y la abrazó con todas sus fuerzas. — ¡No te imaginas cuánto te extrañé a ti y a esta loca! Me hacían falta… Desde lo de Ry no he—la interrumpió para tomarla por los hombros y sonreírle mientras limpiaba sus lágrimas.
—Tranquila, no tienes que hablar si te duele tanto.
Se pasó el dorso de la mano por el rostro y se alejó para observar a los acompañantes de la pelirroja teñida.
—Tenía tiempo sin verte, Valentín, ya casi ni me visitas —hizo una mueca de tristeza y fingió llorar—, pero igual sigo teniendo a Juli para cuidarme.
Todos rieron y se adentraron más en el departamento para tomar asiento y poder hablar más cómodamente.
—No te hagas ilusiones, Arti, ese bombón ya tiene consumidor —le replicó Jamie.
Julián hizo una mueca y para su hermano fue inevitable notarla.
»No me digas que te terminó, ¡iban bien! A menos que lo termines, no te dejaré objetar.
—Creo que no congeniamos mucho…
—O es que no le gusta ese tipo de bombones —comentó Valentín con burla.
#4800 en Novela romántica
#297 en Joven Adulto
romance, drama amor celos obseciones peleas, romance corazn roto
Editado: 26.07.2026