‘´ Tus ojos… Esos ojos tan preciosos que me eligieron. No hay nadie que pueda convencerme con esa mirada como lo haces tú . ‘´
Me encantas, Dana.
Con el corazón todavía sensible por su conversación con sus amigas y Valentín, Dana siguió su rutina con tranquilidad. A veces Charlie la acompañaba en los recesos entre clases, y así pudo descubrir que estudiaba artes plásticas, lo cual explicaba qué hacía en el salón de audio y vídeo aquel día que se chocaron. Su compañía no le desagradaba y le ayudaba a sentirse cómoda; tenía una franqueza que admiraba y un humor muy peculiar, pero era eclipsado por su carisma y amabilidad. Tenía una novia llamada Teresa que estudiaba biología y que solía escaparse de sus clases para sentarse con ellos en el almuerzo; la joven compartía ese humor peculiar de su novio, y había forjado una linda amistad con Dana con el paso de los días.
Esos días no había vuelto a cruzarse con el famoso Mark, aunque eso no implicaba que había dejado de pensar en él, sólo no sabía cómo acercarse a alguien que conocía poco.
Durante sus almuerzos con la pareja de rubios había tratado de hacer que Teresa le comentara algo más sobre el misterioso moreno, no obstante, a Charlie no le agradaba hablar sobre él y les cortaba la conversación haciendo preguntas o desviando el tema. Esa actitud la intrigaba porque ya había demostrado que conocía a Mark y que mantenía una cercanía con él, aunque le desagradaba hablar sobre eso.
De alguna manera, eso aumentó su interés por conocer un poco más sobre Mark y ella aprovechó la oportunidad de preguntarle a Teresa sobre ello un día que Charlie no pudo acompañarlas a la hora del almuerzo.
—Teresa —la rubia la miró con curiosidad a través de sus anteojos —¿Por qué Charlie evita hablar sobre Mark?
La rubia tomó un bocado de su almuerzo, masticó con calma, tomó agua y suspiró con toda la calma de alguien que no tenía mucho interés en responder.
—Mark y Charlie han tenido algunos desacuerdos; se conocen desde que estaban en la secundaria y solían ser muuuuy amigos, pero algo sucedió —observó a su alrededor y bajó el tono de su voz. —Charlie no quiere contarme, pero su madre me comentó que era algo sobre una chica. —Volvió a su tono normal de voz sin antes asegurarse de que nadie se había fijado en su conversación —Y bueno, como puedes notar, Charlie detesta cruzarse con él y cualquier intención de Mark de acercarse, aunque parece que Mark no piensa lo mismo. El otro día hasta lo estaba invitando a una fiesta en su casa.
Dana tomó un sorbo de su bebida, pensando en qué tan grave pudo ser su problema como para que Charlie dejara de hablarle.
—Es cierto, el otro día Mark trató de hablar con él y se puso a la defensiva. Creí que a lo mejor no se conocían muy bien.
Teresa se rió.
—En realidad se conocen muy bien, lo suficiente como para llevarse mal por eso —tomó otro bocado de su almuerzo y miró por sobre el hombro de Dana con asombro. —Pero como te comentaba, ese color de uñas no me convence. El verde no combina contigo ni con tus ojos; deberías probar el azul marino. Te verías espectaculaaaar.
Dana alzó una ceja extrañada por el repentino giro en la conversación, así que decidió girarse a observar aquello que había provocado el cambio en su amiga.
—Hey, hey, no te gires —le señaló su acompañante —. Sígueme la corriente y ya.
Su acompañante siguió comiendo mientras observaba por sobre el hombro de Dana, interesada en algo que era un misterio para su amiga. Ella, por el otro lado, no sentía interés en seguir comiendo, debido a que se encontraba en una disyuntiva: girarse y observar lo que mantenía a su compañera absorta o seguirle la corriente y quedarse con la duda.
—Pero no entiendo, Teresa —su compañera le hizo una seña para que bajara el tono de voz—. ¿Qué pasa? ¿Por qué no me puedo girar? —Susurró.
Teresa abrió los ojos con asombro y se metió una cucharada gigante de su comida en la boca.
—Buen provecho, señoritas. ¿Podría tomar asiento con ustedes? —Escuchó una voz grave a su espalda.
En ese momento, decidió que era buena idea girarse a mirar a la persona que su amiga llevaba rato observando, porque reconocía esa voz y llevaba un buen rato pensando en su portador.
En lo que giró se encontró con aquellos ojos marrones que se veían tan oscuros que parecían negros. Aquellos ojos se encontraban fijos en los suyos; embelesados entre sí.
—Eh… sí, adelante. Toma asiento —le invitó Teresa.
El pelinegro le sonrió y tomó asiento entre ambas jóvenes.
Ella todavía no podía creerlo. Aquel hombre, ese por quien había estado preguntando últimamente, se encontraba sentado a su lado almorzando con una calma abismal.
Teresa siguió comiendo atenta a todo lo que hacía el pelinegro, a la par que a Dana se le había esfumado el apetito en lo que vio al joven.
—Entonces, ¿Michael, no? —preguntó Teresa mientras terminaba el último bocado de su almuerzo.
—Mark, Mark Collins —respondió él mientras empezaba a sacar su vianda de comida de su bolso.
—Mmm… Ok, Michael…
—Mark.
—Sí, eso —hizo un gesto con la mano, restándole importancia. —¿Qué quieres con mi amiga?
Dana tomó su bebida y la tomó por completo mientras el pelinegro la miraba y sonreía.
—No sé, ¿le has preguntado qué quiere ella?
Teresa suspiró, tomó un poco de agua y guardó su vianda vacía. Se notaba que estaba a la defensiva y que no se sentía a gusto teniendo al pelinegro de polizón en su mesa.
—Escucha atentamente, Mark: Dana no es un juguete más de tu colección y no vas a hacer con ella lo mismo que con todas. Entonces te recomiendo que vayas con tu grupo de zoquetes y les digas que la apuesta o lo que hayan ideado se terminó.
Todos en la universidad eran conscientes de que Mark no era muy sincero con sus intenciones y era muy famoso por dejar corazones rotos en cada esquina. Era obvio que Teresa conocía esos detalles y no iba a permitir que su amiga terminara lastimada.
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Editado: 07.08.2026