Danger.

Capítulo V: La verdad.

Hora 23:00.

Y justamente tras esos agónicos bramidos ávidos de auxilio, mi paralizador miedo se transformó en puro y lacerante pavor, consumiéndome paulatinamente desde el instante en el que escucho un chirrido metálico que precede a la apertura de una pesada puerta.

Confrontándome ante una renovada pesadilla, percibo diligente como los aullidos femeninos se acrecientan adquiriendo mayor claridad y exponiendo a su vez, los horripilantes antecedentes de las dos altas siluetas masculinas que me escudriñan distantes. Al percatarse de su presencia los engendros sometidos en sus prisiones interrumpen su cacería, reflejando dentro de su brutalidad, claras muestras de recelo y desasosiego, evitando desesperadamente llamar la atención de los anónimos sujetos.

La insondable oscuridad ambiente me impide apreciar sus rostros, pero logro advertir una colérica irritación en uno de ellos antes de que se escabulla con actitud persecutora e inesperadamente, un sepulcral silencio reina en Luxor. Incluso la vocería originada por las más espantosas e inenarrables torturas, quedo opacada como si cada esquirla de su fuerza hubiera sido extinguida. Mientras que al presenciar tal muestra de sadismo, contengo mi convulsa respiración, temiendo por la reprimenda de osar quebrantar el presente mutismo opresor.

Hasta que reaparece el villano homicida sin detener su relamido caminar y se sitúa ante mí, con un inmaculado traje italiano, su viciosa sonrisa y manos mancilladas de sangre fresca.

—Bienvenida de nuevo Cora —anuncia el extraño.

—¿Quién eres? —pregunto cavilando la posibilidad de que aquellos sean los últimos instantes de mi infausta existencia.

—Tú pasado ¿No es esa la razón por la que has venido hasta aquí?

—La granja.

—¡Quiere respuestas! —dice el otro sujeto mientras se encamina hacia nosotros, jactándose escandalosamente de mi desesperación. Entonces su identidad es finalmente revelada, no es otro que Roberto adoptando una extraña forma humanoide que solo reafirma la monstruosidad que es.

—Cállate —ordena El hombre haciendo uso de un tono férreo, que junto con el considerable parecido físico, me hace sospechar sobre un posible vínculo familiar entre ellos—. Aunque no lo creas, la granja es el futuro.

—Eres un demente —escupo cegada por la ira.

—No, un visionario —sentencia pagado de sí mismo—. Mientras todos buscaban patéticamente un nuevo tipo de energía, yo encontré algo mucho más poderoso, la magia negra. No hay nada que iguale el poder del residuo espiritual que produce el asesinato de una persona inocente, miles de ellas. Eso es la granja, servís como un medio para un fin, abastecer mi central.

—¿Por qué ellos?

—El mundo es un lugar salvaje pequeña —me alecciona casi inocentemente—. Irrumpían en los planes de gente más poderosa que ellos, todos de algún modo representaban un problema para el progreso. Por ello mi proyecto es la opción ideal para muchas compañías, energía ilimitada a cambio de un módico precio y más leña con la que alimentar el fuego.

Incapaz de responder a semejantes desvaríos, vago atrapada en sus confesiones, reparando en como un pesado manto de oscuridad cae sobre mi paulatinamente hasta que las tinieblas terminan por consumirme.




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