Danger.

Capítulo VII: El delirio final.

Cuando abro los ojos de nuevo mi vista es cegada por una intensa luz blanca, a medida que mis oídos únicamente registran tenues murmullos de voces que creo conocer a pesar de no lograr distinguir el contexto de sus farfulleos nerviosos. Extrañamente no siento temor, solo una extraña sensación aséptica e inocua, como si hubiera a ingresado a un mundo tremendamente alejado de mi horrenda realidad personal. Entonces la oscuridad regresa más fuerte que nunca, arrastrándome sin piedad hasta las tinieblas, donde vuelvo a despertar en un lugar desconocido.

Estoy aprisionada sobre una enorme loseta de piedra, mientras a mi alrededor el olor a incienso, los destellos de las velas y los cánticos satíricos me advierten de que el final ha llegado. Decidida a no caer sumisa ante tan horrendo destino forcejeo a medida que varios hombres ataviados con largas túnicas negras se aproximan, aunque sus rostros quedan ocultos por la lobreguez, dando el aspecto de carecer de cabeza.

Al menos hasta que uno de ellos se sitúa a mi costado escondiendo algo a su espalda y con un tono cargado de solemnidad y satisfacción comienza a hablarle a la multitud que nos rodea, la cual solo me significan, deformes manchas en medio de la densa noche. El hombre ignora mi resistencia y gritos de auxilio que solo van en aumento cuando relata que soy la única superviviente del proyecto ''La granja''.

Pero mi presencia entre ellos solo demuestra que nadie escapa de la maldad de Luxor y la energía que obtendrán conmigo será tan truculenta y mórbida que podrán alimentar la central durante largos meses. Gritan, claman alabando a sus diabólicos dioses, muchos de ellos excitados por lo que se avecina se rozan sus partes púbicas con lascivia representando la mayor decadencia que jamás hayan contemplado mis exhaustos ojos.

En medio de semejante caos El hombre desenvaina una alargada y afilada daga, posicionándola justo encima de mi corazón, como una terrorífica sentencia de muerte. Entonces como un destello de lucidez los veo a ellos, a una desconocida versión de mis padres, ataviados con costosas ropas y de apariencia mucho mas limpia a la que yo jamás llegue a ver en ellos.

Sin embargo lloran con agonía, asustados y ansiosos, como si supieran que algo horrible se aproxima. Supongo que temen a lo mismo que yo, aunque no tendremos que esperar más, pues tras un solemne juramento con el diablo, El hombre me apuñala. El dolor es tan agónico que soy incapaz de continuar batallando, siento el objeto intruso clavado en mi pecho y como la sangre mana a través de el, del mismo modo que lo hace en truculentos esputos a través de mi boca mientras continuo intentando respirar. Las extremidades se tornan lánguidas, mis ojos se cierran y una fría brisa helada me envuelve haciéndome descender hasta el autentico averno.




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