Lion.
—¿Lilo? —suelto, sin poder evitar que mi voz delate la sorpresa.
La chica frente a mí se mantiene firme, todo lo contrario a mí, que ya he empezado a sentirme afectado por su presencia. Sinceramente, no esperaba que viniera a buscarme después de lo ocurrido anoche, pero aquí está.
Me la he encontrado justo al abrir la puerta de mi suite.
—¿Qué necesitas? Yo... no he llamado para que alguien viniera a...—
—Eso lo sé. Nunca lo haces.—Me interrumpe de pronto y arqueo una ceja—. Pero, aun así, me sorprende ver siempre tu habitación limpia cuando me toca revisarla.
Me encojo de hombros. Tengo que admitir que ya he empezado a sentirme un poco nervioso por ese tema.
—Me gusta mantener mi espacio ordenado todo el tiempo.
—¿Tú haces el aseo, entonces? ¿Todo el tiempo?
—¿Te sorprende? —suelto una pequeña risa y me cruzo de brazos—. Un hombre también puede encargarse de eso.
—No he dicho que no fuera así... —responde, poniendo los ojos en blanco.
Después se acomoda el bolso que lleva sobre el hombro. No lo había notado antes.
¿Ya se va?
Eso es lo primero que sospecho cuando también reparo en el abrigo que lleva encima del uniforme. Un uniforme que se ajusta demasiado bien a su hermoso cuerpo y que...
<<¡Concéntrate, imbécil!>>
Un suspiro suyo consigue devolverme al aquí.
—Es solo... que me ha llamado la atención.
La forma en que me mira después, como si intentara analizar algo en mí, consigue ponerme extrañamente nervioso.
—¿Aún te inquieta el desorden?
Sonrío. No sé por qué lo hago, pero sus palabras han despertado una extraña nostalgia en mí.
Ya no me molesta que se haya acordado de ese detalle. Lilo llegó a conocerme demasiado bien durante el tiempo que estuvimos juntos. No tardó en darse cuenta de la desesperante ansiedad que me invadía cada vez que me encontraba rodeado de cualquier tipo de desorden.
—Algunas cosas no han cambiado, Monstruito.
Ella desvía la mirada.
Trato de no concentrarme demasiado en su reacción porque sé que hablar del pasado nos quiebra de demasiadas maneras a los dos.
Así que, después de soltar un suspiro, me animo a hablar.
—Dime qué ocurre, Lilo. Sé que pasa algo. No creo que hayas venido solamente a cuestionarme si soy yo quien limpia aquí todo el tiempo, ¿cierto?
Suspira y después busca algo en uno de los bolsillos de su delantal.
No puedo creer que incluso usando ese uniforme... luzca tan bien.
No consigo ocultar mi asombro al mirarla. Antes solo era una niña. Una niña hermosa, la más hermosa que había conocido en toda mi asquerosa existencia.
Ahora luce como toda una mujer.
Una mujer jodidamente preciosa, con un cuerpo que...
Carajo.
Ha conseguido hacerme pensar nuevamente en ella. En las veces que estuvimos juntos. En aquellas noches en las que la hice mía y...
—Aquí tienes.
Su voz me devuelve bruscamente al aquí.
Carajo... ¿Cómo es posible que siga perdiéndome de la realidad cada vez que estoy cerca de ella?
La miro y mi ceño se frunce al contemplar el dinero que ahora me ofrece. Después vuelvo a enfrentar sus ojos, esperando que sea capaz de leer la interrogante en los míos.
—¿Qué haces?
—Devolverte lo que te debo.
—¿De qué hablas?
—De lo que tuviste que pagar ayer en el bar por nuestra culpa.
El entendimiento me golpea de pronto al recordar lo ocurrido la noche anterior, cuando la encontré afuera de aquel bar con sus amigos.
—Esto es solo un diez por ciento, pero te aseguro que para fin de mes los chicos y yo terminaremos de darte lo que...—
—¿Qué? ¿Pero quién demonios te ha dicho que tienes que pagarme?
Mi tono sale más brusco de lo que pretendía. Aparto su mano con el dinero, empleando toda la sutileza que me permite mi alterado estado.
—Diles a tus amigos que está bien. Que no tienen por qué preocuparse y...—
—Lion, no seas ridículo —dice, sonando esta vez mucho más enojada. Vuelve a ofrecerme el dinero—. Solo tómalo. Es lo correcto porque, en primer lugar, tú no tenías por qué...—
—Lo hice porque quise y porque no quería que te llevaran a la maldita cárcel.
—No era tu deber intervenir, por Dios.
Suelto una risa que parece enfurecerla todavía más.
—No lo hice por Dios, Monstruito. Lo hice por ti.
—Lion...
—Lilo, solo déjalo así, ¿de acuerdo?
—No lo haré. Nada te cuesta aceptar el dinero y...—
—A quien le cuesta aceptar que solo lo hice porque quería ayudar es a ti. Pero no te preocupes, sé muy bien por qué lo haces. Piensas que lo hice con la intención de ganarme, al fin, tu comprensión, pero te aseguro que no es así. Tampoco me interesa quedar bien contigo. A estas alturas, intentar hacerlo solo me convertiría en un maldito hipócrita.
Noto cómo se tensa ante mi cercanía y, por alguna razón, eso me hace sonreír por dentro.
—Me preocupo por ti. Y eso no va a dejar de ser así nunca.
Bufa y se aleja de mí.
Sus ojos...
Sus ojos siguen pareciéndome lo más profundo y hermoso que he visto en mi vida.
Y, sin embargo, todavía desconfío de ellos.
Hay algo en su mirada... algo que me dice que oculta mucho más de lo que está dispuesta a contarme.
Trago grueso y trato de volver al presente antes de preguntar:
—¿Cómo está tu amiga?
—Te había dicho que estaba bien.
—Claro que lucía bien. Bien borracha.
—Lion... Lo siento, pero eso tampoco es de tu incumbencia.
—Tienes miedo de que sepa de tus amigos, ¿cierto?
Eso hace que me mire con preocupación. Maldigo para mis adentros al confirmar algunas de mis sospechas con ese simple gesto.
Suspiro.
—Lilo... Sé lo que piensas al tenerme de nuevo dentro de tu vida.
—Lion...—
—Sé lo que quizá... has empezado a temer, pero te prometo que yo no trataría de involucrarme demasiado para...—
Editado: 12.10.2026