Danny Phantom Lotus

Control

—¿Dónde estoy?, ¿Qué es esta profunda oscuridad?...— Esas fueron las primeras preguntas que Ember se hizo al recobrar la conciencia en "La Zona fantasma".
Intentó ver más allá pero aún flotando en el vacío sentía la sensación de "no ser tangible", solo de vagar por el limbo.

—Se supone que estoy viendo mis manos. — Dijo dentro de una crisis existencial.
Abrazándose, cuando un tenue brillo turquesa comenzó a iluminar su pelo, el color de sus ojos y siendo invadida por una furia espectral tras recordar a aquella chica sobre el escenario.

Mientras yo seguía siendo prisionero de los rumores de la policía, siendo domingo por la noche, y por fin tuve el permiso para poder salir de mi habitación; solo para cenar.

Si no fuese por la tensión, tal vez sería una buena cena, mi madre acercó el ramen que había hecho de malas; al menos preparó mi comida favorita.

Jazz solamente cenaba café con leche, sin siquiera mirarme a los ojos.

—¿Hasta cuándo vas a decirme lo que pasó en el concierto?— Seca y sin rodeos suelta mi madre, sin tener tiempo de dar el primer bocado.

—¿Qué te hace pensar que tuve algo que ver?, Sam es mi amiga.— Respondí, empujando el plato hacia adelante.

—¿Entonces por qué la policía no ha dejado de llamar?—

Con Dash en el hospital, y Tucker siendo el principal sospechoso de haberlo golpeado.
Yo cargaba la culpa por la desesperación de Sam...

¿Cómo mantienes un secreto en un mundo que te obliga a gritarles?

Ninguno de los Phantom sabía que Sam había regresado a casa, ¿Cómo lo hizo?, ni ella lo sabe...

A la mañana siguiente después de medio kilo de cereal con leche, fuí al laboratorio por mi padre. La estricta orden de mis padres era que desde ahora hasta nuevo aviso él sería quien me lleve a Casper high.

Tenía el aspecto de no haber dormido, desalineado con ojeras y concentrado en lo que hacía.
Miré al rededor notando el termo conectado a una extraña máquina.

—¿Oye papá, qué haces?— lleno de curiosidad, pregunté mirando por encima de su hombro.

—Estoy trabajando en la caña de pescar fantasmas Phantom.— Con señas, hizo que me acercara a la mesa de trabajo.

—¿Cómo vas a lograrlo?, es decir... el termo Phantom me parece mejor idea.— Cuestioné señalando con el pulgar.

—Debemos tener un arsenal hijo, los fantasmas también pueden ser criaturas extrañas e impredecibles.

Mira la cuerda Danny, está diseñada con una capa protectora especial de resina de ectoplasma que los fantasmas no pueden romper.— convencido estiró la cuerda como prueba de ello.

—Ahh, papá, sólo tengo una pregunta...— Él levantó las cejas curioso por responder.

—¿Por qué? O sea, ¿qué fantasma sería tan estúpido para caer en un anzuelo?

Papá dudo por un segundo. hasta ahora solo pensaba que buscaba un pretexto para usar la recina de ectoplasma. Sonrió y encontró la manera de cambiar la conversación luego de revolver me el cabello.

—¡Cielos! ¡Debo llevarte a la escuela!
Dile a la rara de tu hermana que suban a la camioneta Phantom; yo los alcanzaré después de usar el sanitario Phantom.

Me quedé sólo en el laboratorio, tomé de nuevo mi mochila y entonces lo sentí: la presencia de aquel guardián del portal.
El mismo que me a estado observando desde la metamorfosis... O eso creo yo.

Rápidamente tomé el termo Phantom y lo sostuve como si fuera un bate de béisbol. No tenía idea de cómo funcionaba, pero era mejor que no tener nada en las manos. Retrocedí hacia las escaleras; lento y atento, hasta que los ruidos del laboratorio volvieron a desaparecer.

Camino a Casper High, Jazz revisaba por tercera vez si llevaba todo su material para la exposición.
Papá, mirándonos por el retrovisor con esa sonrisa suya, abrió la conversación con un entusiasmo que nadie le pidió.

—¿Sabes de qué deberías hablar hoy en tu clase Jazmín?— sugirió como si ofreciera un regalo sorpresa.

Jazz soltó un suspiro. —No voy a hablar de fantasmas ni de su debilidad contra el electroplasma papá.—

—Ectoplasma…— la corregí sin pensar, recargado contra la ventana, siguiendo los autos a lado nuestro.

Sentí la mirada de Jazz clavándose en mí, podría jurar que escuché el rechinar de sus dientes. Volteé lentamente y sí… estaba furiosa.

—Lo siento, lo dijiste mal… papá me lo explicó hace rato.—

Jazz solo volteó los ojos hacia arriba y volvió a mirar a la ventana, ignorando a papá por completo.
El resto del camino se fue en un silencio tan incómodo que ni papá lo pudo romper. No duró mucho, la siguiente esquina era la de la escuela.

Cuando la camioneta se detuvo, me incliné para bajar… pero algo quebró mi incómoda llegada.

Sam, junto a sus padres, ambos molestos, junto a ellos el señor Lancer y a la directora hablando con el detective Gerald. Ambos pendientes de la llegada de los Phantom.

Lo peor de todo es que estaban esperando… a alguien.

Entré en shock.
—"Hubiera necesitado todo el fin de semana para pensar qué decir… y aun así no habría sido suficiente."— Me dije, pero a cada segundo necesitaba más que eso.

Papá me miró con una extraña sospecha y preocupación.

—¿Acaso… vienen por nosotros?, Danny... Dime que ninguno de tus dos rumores sea verdad.— dijo

Yo ni siquiera podía procesar lo que veía, ¿Qué rumores?, ¡Maldita sea nunca supe que hablaron mis padres con la policía!

Jazz, con los ojos muy abiertos, sacó el teléfono. —Mejor llamaré a mamá.— dijo con una voz que ya sonaba preocupada mientras marcaba.

Aun así, papá bajó con nosotros y nos acompañó hasta la entrada.
El profesor Lancer estaba ahí, esperando recibirnos con cierto nerviosismo.

—Señores Phantom, ¿podrían acompañar al detective Gerald a la oficina de la directora? —pidió.

Jazz y yo nos miramos con un pánico silencioso. Papá me apretó los hombros.

—Tranquilo, Danny. No pasará nada. Tu papá está aquí. ¡Yo, Jack Phantom! —dijo con su optimismo habitual.




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