Recargado contemplaba el polvo acumulado sobre el teclado de mi escritorio.
En mi situación actual, habría sido más sencillo empezar una nueva amistad con alguien más, quizá alguien con gusto por los colores pastel. Pero ningún color reemplazaría el púrpura del labial que solía quedarse marcado en mis sudaderas.
—Sam, escucha…— dije, girándome.
Para mi sorpresa, su rostro estaba a centímetros del mío. El resto de su cuerpo flotaba con naturalidad.
No sabía en qué momento aprendió a dominar sus poderes, pero en ella se veían… elegantes, imprimió su estilo en ellos.
Ninguno habló. Una discusión habría sido más fácil que ese silencio, pero Sam masculló apenas un: "Lo sé."
Aún miraba sus ojos cuando mi atención regresó a la cama. Tucker estaba ahí, conteniendo esa risa burlona con la que siempre molestaba a Sam.
Ella también lo miró. Toda la tensión se fue cuando volvió a poner los pies en el suelo.
Regresó la amiga que me diría: “Colócate detrás de Paulina y yo te empujo”.
—¿Para esto me pidieron que viniera? —dijo Tucker.
—Te llamé para que laves la ropa de Danny...— Sam responde sarcástica.
—No idiota, tenemos que hablar de todo lo que sucede.
Desde el portal hasta el concierto, los tres pasamos mil cosas y nada va a detenerse.—
—¿De lo que pasó te refieres a lo que ahora puedo hacer?— Responde Tucker.
Continúo... —Me gusta quién soy ahora.— agregó Tucker.
El portal no solo le dió poderes, si no una nueva voz, o quizás siempre fue así y nunca lo había notado pero se que dentro de Tucker hay más que solo "irá contenida".
—¿Qué hay de ti Sam?— Pregunté.
Ella sólo reaccionó con resoplidos.
—Por eso insistí en reunirnos ahora... Tenía tanto miedo, recuerdo una helada neblina turquesa y tenía mi cuerpo envuelto en llamas que no quemaban simplemente me hacían más poderosa... Pude sentirlo.—
—¡Voy a detenerte allí Sam!— Interrumpe Tucker escéptico.
Mi reacción fue la misma, no por lo que dijo Sam, si no por el rostro con el que miró a Tucker, cómo si le hubiera clavado mil estacas en el pecho.
—¿Me estás diciendo que uno de tus superpoderes es la teletransportación multidimensional?—
Allí entendí la urgencia mía y de Sam para hablar. No sé sabe de que es capaz cada uno.
—¿No lo ves Tucker? ¡Somos un peligro, aún para nosotros mismos! Cuando mis padres se enteren experimentaran con nosotros o más bien mi padre querrá desintegrar nos molécula por molécula...—
—¡Tendrán que atraparme primero!— Responde Tucker, evadiendo a ambos con su celular.
Vuelve a interrumpir Sam, recordándonos que debemos mantener el volumen bajo.
—Es por eso que debemos dominar nuestros superpoderes, averiguar que podemos hacer y poner reglas.—
—Es una buena idea. Regla número uno, no abusar de nuestros poderes y no usarlos enojados. Eso es contigo, Tucker.— dije tratando de hacer que Tucker escuché la conversación.
Y por fin dejó su celular sobre el buró cruzando los brazos.
—De acuerdo, yo estaba pensando en no usar nuestros poderes en público, ni hablar con nadie de esto.—
—¡Esperen! ¿No presienten algo?— Dijo Sam repentinamente confundida.
En ese instante, la radio de mi habitación se encendió sin previo aviso.
Un canto angelical… y monstruoso al mismo tiempo envolvió el pasillo fuera de mi cuarto.
No me di cuenta cuándo empezó ni cuándo terminó.
Tal vez fueron quince segundos.
Quince segundos de la paz que había necesitado toda la semana.
Sin embargo la radio volvió en sintonía con su programación normal.
—Lamentamos lo ocurrido con nuestra señal, volviendo ahora con estos breves mensajes.—
Se escucha al locutor de la estación.
—¿Qué pasó?— Pregunta Tucker.
—No lo sé...— Respondí apenas pude notar que Sam y Tucker también se habían "perdido", eso no fue lo extraño. El silencio que hay en mi casa no es normal, algo no andaba bien...
La radio se ahogo en un zumbido que poco a poco desapareció.
Tenía curiosidad por mi madre, y Jazz, así que salí de mi cuarto para ver si ellas se encontraban bien.
Por otro lado, Sam y Tucker se hicieron invisibles para poder seguirme por toda la casa.
Cuando salí de mi habitación Jazz salió al mismo tiempo diciendo que la luz se había ido, mismo instante la casa encendió la reserva eléctrica de emergencia.
—Seguramente papá está experimentando con ese estúpido portal otra vez.— Dijo Jazz fastidiada con el tema de los fantasmas.
—Ah, si, yo iré a ver qué hago...— Respondí ignorando por completo su molestia.
Bajamos al laboratorio, aún tenía aquel canto en mi cabeza.
Me encontré a mi madre en medio de las escaleras llevándo un plato de papas y un vaso de refresco, supongo que era para mí.
—Danny estaba apunto de llevarte esto a tu cuarto.— Me lo extendió pero seguí bajando y solo le agradecí.
—Yo también te amo mamá, subiré enseguida.—
¿Cómo podía ser cruel? Que siguiera enojado con ella ahora me parecía estúpido.
Cuando llegué al laboratorio, mi padre cortaba cables del portal. Jazz tenía razón. ¿Pero qué tenía que ver esto con la radio?
—Ah Danny, así que veniste a aprender cómo cazar fantasmas.—
—En realidad siempre he querido ser un astronauta.— En ese momento Sam me pregunta al oído si mi padre ya sabía que el portal se quedó encendido.
—Bien Danny, te diré todo lo que necesitas saber.
Primero debes usar el equipo adecuado.—
Mi padre me avienta el termo Phantom y me dice que se supondría que atraparía fantasmas pero aún no funciona, solo indica su presencia.
Mismo instante en el que Sam Y Tucker voltean a verse incredulos de que esa cosa funcione de verdad.