Danse Avec Paula

Capítulo 1

                             Francia, París. 
                                     La ópera de París. 


1 Corintios 15:57 
Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! 


Una pelirroja se deslizaba por el lugar como una pluma, el público estaba encantado, conquistaba al público cuando empezaba a bailar, se sentía sus emociones, dejaba el corazón en todos los lugares que bailaba, su tutú negro hacia resaltar su pelo recogido rojo fuego, su piel pálida, parecía una muñeca de porcelana. Su inocencia se sentía en el aire, su compañero de baile la agarro de la cintura y  dio una vuelta con ella. Cuando el ballet clásico, terminó, se retiraron todos/as los bailarines. 

Todos los bailarines se felicitaron, ella le dio las gracias a Dios, porque toda había salido bien, tenía la costumbre de orar antes de empezar un baile, y cuando terminaba, después de lo que su padre,  y su madrastra Heaven habían pasando, su padre tomo la costumbre de siempre orar, y de ir a la iglesia los sábados y domingos, sin faltar, iban todos en familia, porque así veía a su hermana, y Heaven como parte de su familia, los extrañaba, cuando tuviera tiempo iría a verlos, cuando empezó la carrera como bailarina de ballet, no veía a sus padres muy a menudo, pero lo que nunca dejó de hacer, fue ir a la iglesia, y tener esa relación con Dios.   

Cuando salió de la ópera de París, vio a su chofer esperándola, subió al auto, después de haberlo saludado. 

- Gustavo llévame al notre dame, por favor- pido ya subida en el auto. 


- Ya va hacer media noche casi señorita Paula- dijo mirándola por el espejo del auto. 


-  Está bien, no quiero llegar a mi departamento aún, solo serán unos minutos- murmuró. 


- Está bien, pero solo unos minutos, sabe que tiene que descansar, hoy fue un día muy ajetreado para usted- dijo, poniendo en marcha el auto. 
Las calles de París estaban vacías, se veía tan lindo era un lugar del que te enamorabas solo con verlo, es una ciudad hermosa, y más el notre dame es un lugar hermoso, igual que muchos que ahí en París. Cuando llegó a ese hermoso lugar se bajó del auto aún tenía parte de la vestimenta con la que había bailado. El lugar es hermoso y enorme, se alejó de su auto, hasta frente a la catedral se sentó frente a ella, como una niña pequeña cuando, le ponen su película favorita. 
- que fait une jolie fille seule ici- hablo alguien a su espalda. 
- en pensant. 
Era un chico de unos veintinueve años, rubio y muy hermoso, tenía un traje y su manos estaban dentro de sus bolsillos, con ese porte de un hombre frío, su acento francés lo hacía sonar muy bien, sus miradas se perdieron en el mar de emociones de ambos, es como un mar de emociones, pero la mirada de el era un tanto peculiar no puedes leerlo, oculta muy bien sus emociones, y tiene esa mirada de tristeza, que cambia por una mirada fría. chica se paro del suelo. 
- Eres la chica que bailo en la ópera de París-  afirmó- conquistaste a todo el público, los tenías embelesados. Bailas muy bien. 
- Gracias, todos bailamos muy bien. 
El se acercó a ella, y tendió su mano en forma de presentación. 
- Deán Fave, mucho gusto- se presentó. 
- Paula Russell- se presentó también. Le regaló una sonrisa encantadora. 
El chico quedó embelesado ante su inocencia, su mirada parecía la de una niña, es como si por dentro sigue siendo una niña. La noche estaba fría, y solo lleva el tutú y un pantalón de chándal gris, qué no le quedaba ajustado. 
- Tienes que irte, la noche está muy fría y ya es media noche. Debes estar cansada.  
- Si, solo viene para se sentarme aquí unos minutos. Nos vemos. 
Cuando la pelirroja paso al lado de el, la agarro del brazo, se acercó a su oído, para susurrarle algo. 
- Es malo dejar a las personas con la palabra en la boca- susurró- está haciendo mucho frío, toma mi chaqueta. 
- Mi auto está cerca, no tienes que dármela, gracias- dijo la chica nerviosa. 
Le soltó el brazo, se quitó su chaqueta azul marino, que hacía una perfecta combinación con sus ojos. Le puso la chaqueta con una mirada sería, que no puso porque el la tenía. Sus ojos son muy misteriosos, serios, es muy difícil ver a través de ellos. 
- No puedes andar, en una noche tan fría solo con un tutú y un pantalón de chándal- murmuró- te puedes enfermar. 
Ella lo miró con su ceño fruncido, el la estaba regañando como a una niña pequeña. Su forma de hablar hacía que sus pelos se pusieran de punta, su voz era muy ronca, profunda y sería. Ella solo asintió con su cabeza. 
- Tal vez, te sientas incómoda con lo que voy hacer, pero tengo que hacerlo o te va a empezar a doler la cabeza. 
Ella no entendió lo que quiso decir, el se puso detrás de ella, sintió como quitaba la goma que tenía en su pelo, se sentía aliviada, su cola estaba muy apretada y le estaba empezando a molestar. El masajeó su cuero cabelludo, lentamente, su cuerpo se relajó se sentía aliviada es como se le habían quien un peso de encima. 
- Tienes que decirles que no te aprieten tanto el pelo. 
- Está bien. 
Miro la ora en su reloj y ya eran las doce y media de la noche. 
- Tengo que irme, nos volveremos a ver- afirmó. 
-  Bonne nuit- dijo  
- Bonne nuit-dijo con una sonrisa. 
Era la primera sonrisa que me había regalado en la noche, estaba encanta cuando sonrió toda esa frialdad, que aparentaba se había ido parecía un hombre más joven, más relajado. Lo vio alejarse, cuando la chica salió de su trance fue directo a su auto, su chófer la estaba esperando parado frente al auto. Cuando la vio con el pelo suelto, y una chaqueta de hombre su cara cogió una expresión interrogativa. Ella solo le regaló una sonrisa y entro al auto. 
                                 ***  
Cuando llegó a su departamento puso las llaves en el mostrador, todos estaba hecho un caos  en el departamento, había platos sucios, ropa tiradas, muebles estaban desorganizados, sus mejillas se pusieron rojas nada más de pensar que alguien viniera y viera todo el desorden que había, mañana se levantaría temprano para para limpiar el departamento, fue lo que pensó la chica. 
- Si mi papá ve esto le da un ataque al corazón- susurró. 
Pasó a su habitación, se quitó la ropa que tenía, se quitó el maquillaje, entro al baño para darse una ducha de agua caliente, se lavo el pelo. Salió de la bañera, arregló la cama que estaba desorganizada. Antes de dormirse se acordó del hombre que había visto en la catedral, y lo busco en la internet. 
Deán Fave: dueño de uno de los mejores bufetes de abogados de Francia, se caracteriza por ser un hombre frío, y tener los mejores abogadas, también porque nunca a perdido un caso, desde que empezó su carrera como abogado. 
Empezó desde muy temprana edad la carrera de abogados, primero trabajando en el bufete de abogad de su padre como un abogado más, y luego saco, el mismo su bufete. Lo que más le sorprendió, fue saber que estaba, casado, eso la desilusionó por una parte. 
La chica siguió buscando información del chico, hasta que poco a poco el sueño la fue venciendo.  
                           ***  
El señor Fave había llegado a su casa, todas las luces estaban apagadas, subió a la habitación que compartía con su esposa y la encontró sentada en la cama, con una cara de enfado, ya se imaginaba que iban a discutir, siempre era lo mismo, ella tenía a taques de celos, terminaban discutiendo, y ella pidiéndole disculpas. 
- ¿Dónde estabas? Hace más de una hora que la presentación en la ópera de París- afirmó, con los brazos cruzados. 
- Me dio una vuelta por la catedral, como de costumbre- dijo restándole e importancia, y aflojándose la corbata. 
- Y tu ¿ chaqueta donde está?- pregunta. 
- No sé, tal vez en el trabajo cuando pase, hoy en la tarde o en el auto- mintió. 
- No me hables mentiras- ella le dio un fuerte golpe en cara, iba a quedar un moretón en su mejilla por un largo tiempo. 
El como era de costumbre, solo se quedó calla, cogió y su toalla y la ropa de dormir, y paso al baño que había en su habitación. 
Duro uno hora, y luego salió del baño, y vio a su mujer sentada en la cama con un libro en la mano leyéndolo. Cuando ella levanto la vista y lo vio, fue a el, para decirle lo mismo que le decía después de que le daba un golpe. 
- Lo siento, mi amor, sabes que a veces hago cosas sin pensar- murmuró, poniendo las manos en la mejilla de el, y uniendo su frente con la de él- sabes que te amo, y tu me amas ¿verdad?  
- Si, sé que me amas- murmuró. 
- Y tu me más también- afirma. 
- Si también te amo. 
Se acostó en la cama dándole la espalda, una lágrima rodó por su mejilla, porque sabía que la situación se volvería a repetir una y otra vez, y no sabía cómo ponerle un alto. 
La chica pelirroja le vino a la mente, se acordó como se sentía su pelo en entre sus dedos, como es su mira de inocencia, esa aura de felicidad, paz, que la rodeaba cuando ella estaba cerca. Se durmió con la imagen de la chica pelirroja en su mente. 




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.