Daragón El reino del fuego

MAKAWI Y WIYAKA

Un intenso resplandor encendía los bordes de las montañas; en sus entrañas, intacto, permanecía un secreto, un mito celosamente guardado.

Makawi surcaba el aire con destreza, cargando entre sus garras la presa del día. A la distancia, el nido asomaba como una corona de ramas y hojas suspendida en el filo del risco.

Los dos pichones la vieron llegar y estallaron en chillidos impacientes, moviendo sus pequeñas alas en un torpe intento de volar. Makawi los calmó con un suave batir, extendiendo las alas para cubrirlos por un instante, como un manto cálido.

Pero algo faltaba.Wiyaka.El aire no llevaba su rastro. No se oían sus llamados. No se veía su sombra cruzando el cielo.

Makawi lo sabía: él había partido a enfrentar su prueba. El ritual del pico viejo, tan dolorosocomonecesario.Aun así, algo en su pecho se apretó.

El valle estaba distinto.

El viento también.

Como si una amenaza antigua hubiese despertado.

Makawi se quedó inmóvil un momento, observando el horizonte.

La línea de montañas del sur parecía más oscura, cubierta por sombras que avanzaban como presagios.

Las nubes se arremolinaban sobre sus cumbres, y un murmullo extraño recorría el bosque, como si los árboles recordaran batallas olvidadas.

Su instinto se encendió. Ladeó la cabeza, inquieta.Muy lejos —demasiado lejos para el oído humano, pero no para el suyo— un eco grave resonó. No era un trueno.

No era un derrumbe.

Era un graznido profundo.

Pesado.

Sureño.

Pero no estaba sola. En algún rincón del valle, aunque no supiera dónde, Wiyaka seguía su viaje renovador, cumpliendo una tradición milenaria.

Había sido una decisión difícil. Sin embargo, el deber exigía confiar: la responsabilidad había sido entregada a quien reunía la fuerza y el espíritu para sostenerla.

Mientras alimentaba a sus crías, Makawi sintió un impulso feroz recorrerla.

El valle dependía de ellos, de la familia que habían construido en aquel nido suspendido entre el cielo y el abismo.

Y aunque la sombra del sur se acercara, ella no retrocedería.

Porque mientras sus alas cubrieran ese nido,Makawi seguía teniendo el control del cielo y del valle.

* Wicahpi Ina : Madre del cielo.

* Wiyaka Wicasa : Amo del cielo




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.