Las últimas clases se le hicieron eternas a Darian.
La lluvia había parado un rato cerca del mediodía, pero el cielo seguía completamente gris detrás de las ventanas del salón y el aire húmedo hacía que todo se sintiera pesado. Varias veces terminó mirando el reloj sin siquiera darse cuenta de lo que estaba diciendo el profesor enfrente.
Gael le aventó una hoja doblada cuando faltaban pocos minutos para salir.
"Traes cara de muerto otra vez."
Darian soltó apenas una risa mientras escribía debajo:
"Y tú traes cara de burro siempre."
Gael leyó la respuesta y levantó la mano en señal de ofensa.
—Qué agresivo amaneciste hoy. Ni te hice nada.
La maestra volteó enseguida.
—¿Quieren compartir la conversación con todos?
Gael se acomodó rápido en su asiento.
—No, profe, ya estamos trabajando.
Darian asintió intentando no reírse.
—Nomás estaba molestando un rato.
Eso sacó algunas risas en el salón antes de que todo volviera a calmarse.
Cuando finalmente sonó el timbre, varios salieron corriendo. El ruido de mochilas, sillas arrastrándose y conversaciones llenó todo el pasillo mientras Darian guardaba sus cosas sin demasiada prisa.
Gael se acercó acomodándose la mochila sobre un hombro.
—¿Ahora sí vas a regresar directo a tu casa o te vas a desaparecer otra vez?
Darian cerró el cierre de la mochila.
—Primero voy a pasar a un lugar y ya después me regreso.
Gael lo observó unos segundos antes de entender.
—Ah… vas al panteón otra vez, ¿verdad?
Darian levantó apenas la mirada.
—Sí. Nomás un rato.
Gael dudó un poco.
—Si quieres puedo acompañarte aunque sea un pedazo del camino. Igual no tengo nada que hacer hoy.
Darian negó despacio mientras empezaban a caminar hacia la salida.
—No hace falta. Además luego te vas a poner incómodo allá.
—Oye, sí me sé comportar.
—No, tú eres de los que empiezan a hablar fuerte aunque estemos en un funeral.
—Bueno… tampoco es mentira.
Salieron finalmente del edificio mientras el viento frío movía algunas gotas acumuladas en los árboles. Gael metió las manos en las bolsas del pantalón.
—Nomás mándame mensaje cuando llegues a tu casa porque luego desapareces bien feo y tu mamá me termina preguntando si sé dónde andas.
—¿En serio te preguntó?
—Sí. El otro día hasta pensó que te habías ido conmigo.
Darian sonrió.
—Pobre señora, le tocó el peor informante posible.
—Exactamente. Yo ni sé dónde estoy la mitad del tiempo.
Eso hizo que ambos se rieran antes de separarse en la esquina.
El camino hacia el panteón estaba más vacío que en la mañana. Algunas personas caminaban rápido para evitar la lluvia y los puestos de comida apenas empezaban a sacar mesas afuera.
Cuando Darian llegó al cementerio, el lugar estaba casi solo. El viento movía las ramas de los árboles y en algún punto lejano se escuchaba alguien barriendo hojas mojadas sobre el suelo. Varias lápidas seguían húmedas y algunas flores aplastadas empezaban a pudrirse junto a las tumbas más viejas.
Darian caminó despacio entre los caminos de tierra hasta llegar donde estaba Nico. Dejó la mochila a un lado y se sentó frente a la tumba.
—Hola.
La voz le salió tranquila. No se sentía raro hablar ahí. De hecho, cada vez le costaba menos. Se acomodó mejor los brazos sobre las rodillas mientras veía la tierra húmeda frente a él.
—Gael preguntó por ti hoy. Bueno… realmente preguntó por mí, pero igual cuenta.
Una sonrisa le cruzó la cara apenas.
—También dijo que seguro sigues robándote comida en el más allá.
El viento sopló entre los árboles cercanos y movió algunas hojas sobre el suelo.
—Mi mamá todavía no guarda tus cosas. Dice que ya pronto, pero creo que tampoco quiere hacerlo todavía.
—Hoy soñé contigo. No fue normal. O bueno… no sé. Solo se sintió raro.
Levantó un poco la vista hacia las tumbas alrededor. El panteón estaba demasiado callado a esa hora.
—La abuela volvió a hablarme del Mictlán ayer. Todavía me acuerdo cuando me contaba esas historias y tú nomás te quedabas dormido en mis piernas sin entender nada.
En algún lugar lejano del cementerio se escuchó un ladrido.
Darian levantó apenas la cabeza. Después volvió a mirar la tumba.
—Si sí existe algo así… espero que no estés solo allá.
La garganta se le cerró un poco al decir eso. Sacó el celular del bolsillo para revisar la hora y fue ahí cuando lo notó.
Había pequeñas huellas húmedas frente a la tumba.
Podía ser cualquier perro callejero. Eso tenía sentido. Pero las marcas empezaban justo frente a la tierra donde estaba enterrado Nico y seguían alejándose entre las tumbas hacia una parte vieja del cementerio donde casi nunca veía gente.
Darian levantó despacio la mirada hacia ese camino silencioso entre lápidas.
Darian sintió curiosidad suficiente como para pensar en seguirlas.