Gael siguió caminando junto a él mientras metía otra mano dentro de la bolsa de papas.
—Te juro que si un día desapareces allá atrás yo no voy a entrar a buscarte.
Darian soltó una risa mientras acomodaba mejor la mochila sobre su hombro.
—Sí entrarías. Nomás te gusta hacerte el valiente.
—No, de verdad no. Yo sí vi suficientes películas de terror para saber que siempre se muere el idiota que regresa por alguien.
—Qué buen amigo eres entonces.
—Exactamente. Por eso sigo vivo.
Eso le sacó otra risa a Darian mientras salían finalmente del panteón hacia la calle principal.
El ruido de la ciudad empezó a sentirse normal otra vez poco a poco. Carros pasando sobre el pavimento mojado. Música saliendo de alguna tienda abierta. Gente caminando rápido porque el cielo volvía a verse oscuro y probablemente iba a llover otra vez.
Gael siguió comiendo papas como si nada.
—Aunque sí te tardaste un buen rato allá atrás. Hasta pensé en ir a buscarte… pero luego me acordé que me daría miedo y mejor me quedé aquí sentado.
—Gracias por la sinceridad.
Caminaron unos segundos en silencio. Darian todavía seguía pensando en la capilla, en los murmullos, en el sonido del collar viniendo desde la oscuridad. Intentaba convencerse de que solo había sido su imaginación, pero algo dentro de él seguía sintiéndose raro desde que salió de ahí.
Gael lo miró de reojo.
—Oye, pero sí te ves medio pálido.
—Como cuando un profe te pide leer en voz alta y no estudiaste nada.
—Nomás me saqué de onda un rato.
—¿Por qué? ¿Qué viste?
Darian dudó unos segundos antes de responder.
—Nada realmente… solo me fui muy al fondo del panteón y esa parte está bien abandonada.
—¿Más abandonada que el resto? Porque todo ese lugar parece escenario de película.
—No, en serio. Está diferente.
—¿Cómo diferente?
Darian tardó un poco en encontrar palabras.
—No sé… más vieja. Hay árboles enormes y tumbas todas hundidas. También hay una capilla o algo así.
—¿Una capilla?
—Ajá. Pero se veía bien vieja.
Gael levantó una ceja.
—Yo nunca he visto eso ahí.
—Yo tampoco hasta hoy.
El viento frío volvió a mover algunas gotas desde los árboles encima de la banqueta. Varias personas empezaban a guardar puestos porque el cielo se veía cada vez más pesado.
Gael volvió a meter la mano en la bolsa de papas.
—Bueno, igual ya no te metas tan al fondo. Luego sales poseído o algo.
—Cállate.
—Imagínate. Empiezas a hablar latín y tu mamá me culpa a mí.
Eso hizo que Darian sonriera un poco más genuinamente.
Caminaron otra calle antes de que Gael hablara otra vez.
—¿Sabes qué es lo más raro?
—¿Qué cosa?
—Que todavía espero ver a Nico afuera de tu casa cuando paso.
Darian bajó un poco la mirada hacia la calle mojada.
—Yo también.
Gael soltó el aire despacio.
—Mi jefe hizo lo mismo con Rocky. Como dos meses seguía volteando cuando llegaba del trabajo.
Darian levantó apenas la mirada.
—¿Y luego se le pasó?
Gael se encogió un poco de hombros.
—Creo que uno nomás aprende a vivir con eso.
Las palabras se quedaron flotando entre los dos mientras seguían caminando. A lo lejos empezó a escucharse un trueno suave.
Darian metió las manos en las bolsas de la sudadera.
—Qué feo consejo.
—Nunca dije que fuera bueno.
Eso hizo que ambos se rieran.
Por unos minutos hablaron de cosas más normales. Un profesor que casi se cae en las escaleras. Un compañero que llevaba semanas copiando tareas descaradamente. Gael se quejó de que seguro iba a reprobar matemáticas otra vez aunque apenas llevaban unos meses de clases. Y poco a poco la sensación rara del cementerio empezó a aflojarse dentro del pecho de Darian.
Llegaron finalmente a la esquina donde las calles se separaban.
Gael señaló hacia la derecha.
—Bueno, yo me voy por acá porque si no mi mamá me va a empezar a marcar pensando que terminé en una zanja.
—Ahí sí te creo capaz.
—Oye, más respeto.
Darian sonrió mientras seguían caminando despacio. Gael dio unos pasos hacia atrás antes de señalarlo.
mándame mensaje cuando llegues porque luego desapareces bien feo y tu mamá termina interrogándome como si yo fuera tu representante legal.
No exageres tanto.
—La otra vez hasta me preguntó si sabías pelear por si alguien te asaltaba.
—¿Y qué le dijiste?
—Pues la verdad. Que probablemente te ganarían.
—Chinga tu madre.
Gael soltó una carcajada. Después empezó a alejarse, pero Darian habló antes de que cruzara la calle.
—Eh, espérate tantito.
Gael volteó.
—¿Qué pasó ahora?
Darian señaló la bolsa de papas.
—Dame la última.
Gael abrió la bolsa y miró dentro exageradamente indignado.
—No manches, si tú casi te acabaste todas.
—Nomás una y ya.
—Qué abusivo eres, de verdad.
Aun así terminó aventándole la última papa. Darian la atrapó riéndose.
—Gracias, qué amable.
—Sí, sí. Ya vete antes de que me arrepienta.
Darian empezó a caminar mientras Gael seguía alejándose calle abajo.
—¡Y sí mándame mensaje cuando llegues, menso!
Darian levantó una mano sin voltearse.
—Sí voy a hacerlo.
El viento movió las ramas encima de la calle y algunas gotas empezaron a caer otra vez.
Darian siguió caminando solo hacia su casa. Y aunque todavía seguía pensando en la capilla del cementerio, ahora sentía la cabeza un poco menos pesada.