Darian y el camino de los muertos

Capítulo 10

Cuando Darian dobló finalmente en su calle, el cielo ya empezaba a oscurecer otra vez.

Las lámparas afuera de las casas se iban encendiendo poco a poco y el pavimento seguía húmedo por la lluvia de la tarde. Algunas personas estaban entrando ropa tendida antes de que volviera a llover mientras desde una ventana cercana salía música vieja a volumen bajo.

Darian caminó más despacio al acercarse a su casa. Metió la llave, entró acomodándose la mochila sobre un hombro y exhaló despacio.

—Ya llegué.

La televisión sonaba bajito desde la sala.

—¿Darian?

La voz de su abuela salió desde la cocina.

Él levantó la mirada sorprendido.

—¿Todavía sigues aquí?

La señora soltó una risa suave desde adentro.

—Qué grosero eres. Ni que estorbara tanto.

Darian sonrió mientras caminaba hacia la cocina. Su abuela estaba sentada junto a la mesa con una taza entre las manos y una cobija acomodada sobre las piernas.

—Pensé que te habías ido con el abuelo.

—Sí me fui con él, pero me trajo de regreso porque tu mamá salió a comprar unas cosas y no quería dejar sola la casa.

—¿Y no te aburriste sola?

—Tengo más paz cuando ustedes no andan haciendo ruido.

Eso le sacó una risa pequeña.

—¿Quieres café? —preguntó su abuela levantando apenas la taza.

—No, gracias. Si tomo ahorita luego no me puedo dormir.

La señora levantó una ceja.

—Como si últimamente estuvieras durmiendo muy bien.

Darian se sentó frente a ella.

—¿Sí se me nota mucho?

—Traes los ojos cansados desde hace días.

Él apoyó los brazos sobre la mesa, callado un momento. La cocina estaba tranquila a esa hora. Solo se escuchaba el ruido lejano de la televisión desde la sala.

—Hoy fui otra vez al panteón —dijo Darian después de un rato.

Su abuela asintió despacio, como si ya lo supiera.

—¿Y cómo está Nico?

—Pues… igual supongo.

Darian se quedó pensando un momento antes de hablar otra vez.

—Me fui hasta la parte vieja del fondo.

Eso sí hizo que su abuela levantara un poco más la mirada.

—¿Hasta allá llegaste?

—Sí. Ni sabía que había una capilla vieja.

La señora guardó silencio unos segundos antes de tomar otro poco de café.

—Esa parte tiene muchos años.

—¿Tú ya la conocías?

—Cuando era niña, sí.

Darian levantó apenas la vista.

—¿Y por qué ya nadie entra ahí?

Su abuela exhaló despacio.

—Porque la gente prefiere mantenerse lejos de los lugares que le hacen sentir cosas...raras.

Él soltó una pequeña risa.

—Eso sonó bien sospechoso.

—Pues tú preguntaste.

Darian dudó unos segundos antes de hablar otra vez.

—Hoy soñé raro otra vez.

La señora lo observó con calma.

—¿Con Nico?

Él asintió despacio.

—Escuchaba su collar… pero no podía verlo bien.

Su abuela dejó la taza sobre la mesa.

—Los perros son tercos cuando quieren regresar con alguien.

—¿Regresar cómo? —preguntó Darian.

La señora movió un poco una mano, como buscando las palabras correctas.

—Hay animales que sienten cuando todavía los siguen llamando mucho.

—Yo ni siquiera hablo tanto de él.

—No hace falta hablar para extrañar.

Eso lo dejó callado unos segundos.

—A veces siento bien raro llegar a la casa —dijo Darian, la voz un poco más baja—. Como si todavía esperara verlo salir corriendo.

Su abuela asintió lentamente.

—Porque una parte de ti sigue creyendo que va a aparecer.

Darian soltó una risa baja.

—Suena medio tonto cuando lo dices así.

—No tiene nada de tonto.

La señora volvió a agarrar la taza entre las manos.

—Mi papá decía que los perros entienden las despedidas mejor que las personas.

—¿Por qué?

Su abuela sonrió.

—Porque ellos nunca se van pensando que dejaron de ser queridos.

La cocina volvió a quedarse tranquila después de eso. Darian no respondió enseguida. Solo se quedó ahí, sintiendo que algo le apretaba poquito el pecho otra vez.

Y aunque no entendía completamente por qué, sentía que su abuela estaba intentando decirle algo más sin decírselo directamente.




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