Darian y el camino de los muertos

Capítulo 11

La cocina estaba iluminada apenas por la lámpara encima de la mesa y el reflejo azul de la televisión que llegaba desde la sala. Afuera el viento movía de vez en cuando las plantas del patio y hacía sonar algo metálico cerca de la reja.

Darian seguía pensando en lo último que había dicho su abuela.

"Ellos nunca se van pensando que dejaron de ser queridos."

Bajó un poco la mirada hacia la mesa. Quería preguntar algo. Lo tenía atorado desde que salió del panteón. Pero mientras más intentaba acomodar las palabras en su cabeza, más tonto le sonaba.

Su abuela lo observó unos segundos en silencio antes de levantar apenas una ceja.

—Ándale, sácalo de una vez.

Darian levantó la vista.

—¿Qué cosa?

—Lo que traes ahí atorado. Luego se te hace una bola en el cuello por guardarte todo.

—No es cierto eso.

—Quién sabe. A tu abuelo una vez sí le salió algo raro.

—Seguro era porque fuma como tren.

Darian se quedó callado unos segundos más antes de hablar.

—¿Tú sí crees en todo eso del Mictlán?

—Yo creo que hay cosas que la gente dejó de entender hace mucho tiempo —dijo después de un rato.

Darian apoyó los brazos sobre la mesa.

—Pero o sea… ¿de verdad crees que existe?

La señora sonrió apenas.

—Mira nomás cómo preguntas. Parece que quieres que te diga que sí.

Él apartó un poco la mirada.

—Nomás me da curiosidad.

—Ajá.

Darian exhaló antes de volver a hablar.

—Hoy allá en el panteón se sintió raro.

La abuela levantó apenas la vista.

—¿Raro cómo?

—No sé. Como si esa parte estuviera muy sola.

La señora lo siguió observando tranquila.

—Hay lugares donde uno siente más las cosas.

Darian movió distraídamente los dedos sobre la mesa antes de volver a hablar, esta vez más despacio.

—¿Me cuentas algo más del Mictlán?

Su abuela sonrió.

—Cuando yo era niña, mi mamá decía que el camino no era igual para todos.

—¿Cómo que no era igual?

—Pues algunos caminaban rápido y otros tardaban muchísimo. Decían que había almas que se quedaban atoradas porque no podían soltar algo del mundo de acá.

—Y también decían que los perros esperaban cerca del río.

—¿Esperaban qué?

—A su gente. Porque el río era muy difícil de cruzar solo. Por eso los perros iban primero.

Darian bajó un poco la mirada hacia sus manos. Sin querer volvió a imaginar a Nico caminando entre niebla, volteando de vez en cuando para asegurarse de que él todavía estuviera detrás.

—¿Y si alguien no encontraba a su perro?

Su abuela lo observó en silencio unos segundos.

—Entonces el camino se volvía más largo.

La cocina volvió a quedarse tranquila. Darian tragó saliva lentamente.

Su abuela iba a decir algo más cuando se escucharon llaves moviéndose en la entrada. Los dos levantaron apenas la mirada.

Unos segundos después apareció su mamá con varias bolsas en las manos y el cabello húmedo.

—Ya llegué y casi me ahogo allá afuera.

Dejó las bolsas sobre la barra y miró a ambos.

—¿Otra vez están hablando de cosas raras?

La abuela hizo un gesto pequeño con la mano.

—Nomás estamos platicando.

—Sí, ya vi.

Su mamá se acercó primero a darle un beso en la frente a Darian y después otro a la abuela.

—¿Y ustedes ya cenaron algo o siguen viviendo de puro café?

—Yo sí comí —dijo Darian.

—Milagro.

La señora empezó a sacar cosas de las bolsas.

—Compré pan porque mañana seguro otra vez nadie va a querer levantarse temprano.

Darian se levantó de la silla.

—Voy arriba tantito.

—Y deja la ropa mojada en el bote, no encima de la silla otra vez —dijo su mamá sin voltear a verlo.

—Sí, ya sé.

Tomó la mochila y empezó a caminar hacia las escaleras. Pero antes de salir de la cocina volvió a mirar a su abuela apenas un segundo.

La señora seguía observándolo tranquila sobre el borde de la taza.

Como si todavía hubiera querido contarle algo más.

Darian subió despacio. El cuarto estaba oscuro y el ruido de la cocina se fue apagando conforme cerraba la puerta. Se cambió en silencio, dejó la mochila en el piso y se acostó sin prender la lámpara.

Afuera el viento seguía moviendo las ramas.

Cerró los ojos pensando en el río. En Nico esperando del otro lado.

Y sin darse cuenta, se quedó dormido.




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