Darian y el camino de los muertos

Capítulo 12

Darian despertó antes de que sonara la alarma.
Abrió los ojos despacio, todavía con la cabeza hundida en la almohada. Permaneció unos segundos mirando el techo. La ventana estaba entreabierta y el aire de la mañana entraba más fresco que los días anteriores.

Cuando el celular empezó a vibrar sobre el buró, estiró la mano para apagarlo antes de que sonara por completo.

Se levantó arrastrando los pies hasta el baño. El espejo le devolvió la imagen de siempre: el cabello completamente despeinado y unas ojeras que ya empezaban a parecer permanentes.

—Qué buena cara traes —murmuró mientras abría la llave del agua.

Cinco minutos después ya estaba bajando las escaleras.

Su mamá estaba sirviendo café cuando lo escuchó.

—Buenos días.

—Buenos... más o menos.

—¿Así saludan ahora los jóvenes?

Darian sonrió mientras tomaba asiento.

—No, así saludamos los que tenemos examen de matemáticas.

Ella dejó un plato frente a él.

—Pues ojalá hayas estudiado porque yo ya no pienso volver a escuchar que "el profe explica muy feo".

—Sí explica muy feo.

—Y tú muy bonito para poner pretextos.

Él tomó un pedazo de pan.

—No sé cómo siempre encuentras la manera de echarme la culpa.

—Porque casi siempre la tienes.

Desayunaron en silencio.

Su mamá recogió los platos mientras él terminaba el último trago de café.

—¿Hoy también vas a salir con Gael?

—Un rato.

—Entonces dile que un día venga a comer. Siempre anda con hambre cuando pasa por aquí.

—Es que tú le das de comer como si fuera otro hijo.

—Pues alguien tiene que hacerlo porque seguro en su casa se la pasa viviendo de papitas.

Darian se rió.

—Eso sí te lo creo.

Tomó la mochila y caminó hacia la puerta.

—Nos vemos en la tarde.

—Y si vuelves a pasar por el panteón, no regreses cuando ya esté oscuro.

Él se quedó quieto apenas un instante.

—Está bien.

Salió antes de que ella alcanzara a decir algo más.

Las clases se hicieron más ligeras de lo que esperaba. Gael pasó buena parte de la mañana copiándole una tarea a escondidas a un compañero y terminó regañado dos veces por el mismo profesor. Cuando sonó el timbre de salida, ambos comenzaron a caminar hacia la reja principal.

—Ya estuvo que repruebo historia.

—Ni siquiera hemos hecho examen.

—Precisamente. Si así voy desde ahorita, imagínate después.

Darian negó con una sonrisa.

—Eres un caso perdido.

—Lo sé. Mi mamá también dice eso.

Doblaron por la calle de siempre mientras el resto de los alumnos se dispersaba en distintas direcciones.

—¿Ahora sí vas para tu casa?

Darian tardó un momento en responder.

—No exactamente.

—No me digas... otra vez el panteón.

—Sí.

Gael soltó el aire despacio.

—Oye, te voy a preguntar algo y no quiero que pienses que te estoy molestando.

—A ver.

—¿Qué estás buscando realmente allá?

Darian caminó varios metros antes de responder.

—Ni yo sé explicarlo bien.

—Pero algo buscas.

—¿Te acuerdas de la capilla que te conté?

—La que está hasta el fondo.

—Sí. Desde que salí de ahí siento que me fui dejando algo pendiente.

Gael lo miró de reojo.

—¿Pendiente o curiosidad?

—Las dos cosas, supongo.

Siguieron caminando. Un señor pasó empujando un carrito lleno de naranjas y el olor llegó hasta la banqueta. Gael esperó a que se alejara antes de volver a hablar.

—Nomás prométeme una cosa.

—¿Cuál?

—Si ves que el lugar está ocupado por alguien, aunque sea un vagabundo, te das la vuelta y ya. No te pongas a jugar al explorador.

—No pienso hacer ninguna tontería.

—Eso mismo dicen los que salen en los videos de internet antes de desaparecer.

—Ya deja de ver esas cosas.

—Entonces deja de meterte solo a edificios abandonados.

Llegaron a la esquina donde siempre se separaban. Gael dio un par de pasos y volvió a detenerse.

—Oye.

—¿Qué pasó?

—Si la capilla resulta ser puro montón de piedras viejas, me debes unos tacos.

Darian lo miró.

—¿Eso qué tiene que ver?

—Que llevas dos días hablando de ese lugar. Si al final no había nada, mínimo sácale provecho a la decepción e invítame a cenar.

—Nomás piensas en comida.

—Con el estómago vacío no se toman buenas decisiones.

—Eso explica todo.

—Exactamente.

Los dos se despidieron con una sonrisa.
Darian esperó a que Gael doblara la esquina antes de cambiar de dirección.

Cuando cruzó el portón principal vio al mismo cuidador de otros días acomodando unas macetas cerca de la entrada. Levantó la mano para saludarlo. El hombre respondió con un movimiento de cabeza y siguió trabajando.

Darian continuó caminando entre las tumbas sin reducir el paso frente a la de Nico. Lo miró apenas un segundo.

—Ahorita regreso.

Siguió avanzando hacia el fondo del panteón. Conforme dejaba atrás las tumbas más nuevas, el lugar volvía a quedarse casi vacío.

La capilla apareció unos metros después, igual que la vez anterior.

Pequeña, con la puerta entreabierta.
Darian se quedó observándola un momento desde donde estaba. A esa hora la luz del sol apenas llegaba hasta esa parte del cementerio, filtrada por las ramas enormes que tapaban casi todo el cielo. Las manchas negras de las paredes se veían más oscuras que la primera vez, o quizás solo era que ahora las estaba mirando con más cuidado.

Caminó despacio hasta la entrada.
El suelo cerca de la puerta estaba cubierto de hojas secas. Apoyó una mano sobre la madera.
Empujó apenas, lo suficiente para que la puerta cediera un poco más hacia adentro. El olor que salió desde adentro lo detuvo un segundo. Era algo parecido al incienso viejo.

Darian dejó que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. Poco a poco empezó a distinguir el interior. Paredes de piedra con manchas de humedad. Un piso de tierra apelmazada. Algo que parecía un altar al fondo, cubierto por polvo y hojas que habían entrado por las grietas del techo. El lugar estaba completamente vacío.




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