Midnight, una ciudad sumida en corrupción y violencia era el refugio ideal para criminales de toda clase. Asesinatos, secuestros, contrabando... si existía un crimen, allí encontraba su hogar. Para muchos, Midnight representaba una oportunidad para enriquecerse a costa del caos, pero para Richard Williams, el joven empresario hijo de Robert y Roxanne, era todo lo contrario. Sus padres, dueños de una fortuna inacabable, habían sido los magnates más influyentes en la anterior década, no solo el poder financiero los respaldaba, también su buena reputación en sus años involucrados en las decisiones políticas de la ciudad. Habían obrado por el bien de cada una de las personas, fueran de altos o bajos recursos, y era justamente eso lo que los había llevado a su fin.
Siete años después del fallecimiento de ambos, y tras idas y vueltas, Richard había decidido volver a pisar la ciudad que les había quitado lo que más amaba. Sin embargo, su regreso no había sido natural, se había visto forzado a volver tras la muerte de Ethan Graves, el mejor amigo de su padre, quién se había encargado de manejar las industrias Williams durante los últimos años. La muerte de Ethan había caído como un baldazo de agua fría, esperaba mantenerse un tiempo más por fuera de la ciudad; pero ahora no podía simplemente ignorar lo que sucedía. La ciudad estaba en su peor momento, y aún con todo lo que le habían quitado, él la seguía apreciando.
Era su hogar.
De camino hacia el distrito alto, lugar en dónde las grandes celebridades de Midnight se hospedaban, Richard evidenció los problemas de la ciudad. Empezando por Lowpoint, una de las zonas más peligrosas. Richard observaba por la ventanilla como las personas se golpeaban entre ellas por míseras monedas, elementos desechables, o lo que siempre era común: drogas. Cuando estaban a punto de salir, un ciudadano se acercó a su ventanilla. Richard observó al hombre, el cual se encontraba con un aspecto bastante deteriorado por el consumo de estupefacientes. Mal olido, con heridas que necesitaban atención inmediata, dientes chuecos y una mirada perdida; el hombre lo reconoció.
—¿Nos ayuda-rás? —preguntó a duras penas, pero Richard lo entendió—. ¿O nos abandona... rás cómo él? —agregó, señalando hacia un anuncio publicitario.
"Ethan Graves los apoyará", decía el anuncio, el cual sería el lema que Ethan iba a utilizar en toda su campaña por la alcaldía. Ahora, se encontraba muerto, y todo Lowpoint había entrado en una crisis mayor. El auto dejó atrás a aquel hombre, pero aquellas palabras no abandonaron la mente de Richard, quién se repitió una y otra vez esas dos preguntas en su mente hasta que, sin darse cuenta, habían llegado a su destino. El lugar de los hechos que lo habían obligado a volver.
—Permítame abrirle, señor —dijo Bruno, su mayordomo.
Cuando las puertas del Roll Royce se abrieron, un puñado de personas se aglomeraron alrededor para interceptar la entrada de Richard al edificio Williams. Bruno, con la ayuda de la policía, mantuvo a raya a las personas que en su mayoría eran periodistas, los cuales buscaban una primicia. El hijo prodigio había regresado.
—Richard, ¿Cuáles son tus primeras impresiones sobre la ciudad? —preguntó uno de ellos.
—¿Puedes decirnos si tomarás el lugar de Ethan Graves, o has venido solo a despedirlo? —dijo otra persona.
—¿Por qué tardaste en volver aun sabiendo la situación de la ciudad? —soltó otra persona a su costado.
Richard los ignoró y avanzó hasta estar dentro del edificio. Bruno lo respaldó apoyándole la mano en su espalda, luego Richard soltó un suspiro y se incorporó de nuevo, observando de primeras a varios oficiales custodiando los interiores. Dio un paso al frente para comenzar a instruirse, quería información sobre lo sucedido, pero antes de avanzar el tacto de una mano en su hombro lo detuvo.
—Que sorpresa, quién lo diría —dijo una voz conocida para él, alguien que no veía en años.
—Sarah Wilson —susurró Richard, pero ella lo escuchó—. Veo que algunas cosas nunca cambian.
Sarah sonrió, luego se acercó y le dio un abrazo como muestra de respeto por la muerte de Ethan. Richard la correspondió, luego ambos se alejaron y se miraron el uno al otro, recordando todo lo que habían vivido. Ambos se conocían por las pasantías hechas en Syndale, Richard la recordaba como una mujer con un carácter marcado, dispuesta a siempre conseguir lo que se proponía, en cuanto a apariencia, ahora tenía el cabello corto hasta los hombros y de un tono más claro. Sin embargo, las pecas en sus mejillas y los ojos verdes seguían ahí, protegidos por los cristales de sus peculiares anteojos.
—Lamento mucho lo sucedido, y también que esté aquí de entrometida —señaló mientras alzaba sus manos, dejando ver una pequeña libreta con un lapicero—. Ahora soy la jefa de redacción del periódico.
—Eso me da mucho gusto, y no te disculpes. Solo haces tu trabajo -contestó.
Sarah asintió con una semisonrisa, pensó si era buena idea preguntar sobre el tema, pero antes de poder decidir se vieron interrumpidos. Cerca de ellos la detective a cargo del caso se presentó, era una mujer con un cuerpo atlético, llevaba un traje negro sin corbata, su cabello lacio y rojizo atado con una cola de caballo y un collar de perlas finas en su cuello. Su mirada se plantó en Richard, quién de inmediato se sintió intimidado por aquellos ojos celestes.
—Usted debe ser Richard Williams —dijo mientras mostraba su placa policial—, soy la detective Johnson. Felicia Johnson.
Richard extendió su mano y ella le correspondió el saludo, ambos se miraron con intensidad por un par de segundos, luego se vieron interrumpidos por Sarah, quién con un carraspeo de garganta se hizo sentir.
—Reportera Wilson, también es un placer saludarla —dijo Felicia extendiendo su mano hacia ella, sin embargo, no obtuvo respuesta—. Y también es común que esto suceda...
—Sabe muy bien que nunca me he llevado con la policía y sus... maneras de trabajar —inquirió ella de forma despectiva.