Al día siguiente Sarah despertó al sentir la luz del sol en su rostro. La primera sensación que la recibió fue el entumecimiento en toda la parte izquierda de su cuerpo, observando también varias heridas causadas por los golpes y raspones. Se sintió un poco aliviada por lo sucedido, había logrado salir viva de la mayor golpiza que había recibido hasta la fecha, lo que inevitablemente provocó que una lagrima bajara por su mejilla, advirtiéndole que estar cerca de la muerte sería una experiencia irrepetible.
Cuando dejó sus pensamientos a un lado notó la silueta de alguien más en la habitación, y al llevar su mirada hacia él, lo reconoció. Richard se encontraba a su derecha disfrutando de un profundo sueño en el sofá. Con sutileza, Sarah intentó no hacer movimientos bruscos para no despertarlo, sin embargo, al mínimo movimiento que hizo se despertó, notándolo bastante preocupado e intenso.
—Lo siento, no quería despertarte —dijo ella.
—No, no. Tranquila, ya he dormido lo suficiente —contestó cuando estuvo de pie—. ¿cómo te sientes?
—Como si cinco elefantes hubieran caminado sobre mi —bromeó, conteniendo el dolor en su cuerpo—. ¿Qué me dices sobre ti?
Richard la miró sonriente, pero al escuchar la pregunta se quedó en silencio. Había tenido días malos, algunos peores que otros, y a pesar de todo nunca se había puesto a pensar como se sentía al respecto. Todo el tema de Cassius, lo sucedido con el alcalde, la muerte de Ethan que lo había obligado a volver, en menos de una semana había vivido tanto que no había tenido tiempo para sentarse a reflexionar sobre ello, y eso le preocupaba en cierta manera. Ahora había decidido ser alguien más, llevar una doble vida que lo ponía en riesgo, y tener tanta responsabilidad era algo que tenía que saber gestionar. Por lo pronto, las cosas eventualmente tenían que mejorar, o por lo menos eso era lo que él esperaba.
—Sarah, yo... —musitó él mientras se acercaba—... quiero pedirte perdón, yo te metí en esto y ahora estás aquí, no era algo que te merecías y...
—Está bien —lo interrumpió ella con una sonrisa—. Fue mi elección, ¿recuerdas? No eres culpable de nada. Además, esto iba a suceder tarde o temprano, tengo una historia con Cassius.
—Aun así...
—No sigas pensando en eso —lo volvió a interrumpir—. Lo importante es que estoy bien, ya me recuperaré.
—Y tendrás que hacerlo rápido —afirmó Felicia, irrumpiendo en la habitación. Luego tomó el control del televisor y colocó el canal de noticias—. Miren esta sorpresa.
—El debate que se tenía previsto para la próxima semana ha sido adelantado para mañana en horas de la tarde. Se desconoce si la nueva aspirante, Sarah Wilson, estará disponible debido a su lamentable estado en la clínica central de Silvergate —informó el reportero a cargo—. En otras noticias...
—Ese era su movimiento —dijo Richard frustrado—. Puedo reemplazarte si quieres.
—No —contestó Sarah mientras se levantaba de la camilla—. Él cree que tiene la ventaja, pero al final lo que importa es el mensaje que se transmite. Me estuve preparando horas para ese debate, que más da si lo adelantan, iré y le demostraré que no le tengo miedo.
—¿Estás segura de eso? —le preguntó Felicia dudosa.
—Por supuesto que sí, pero ahora necesito descansar —respondió mientras volvía a acostarse.
Felicia asintió, apagando el televisor antes de abandonar la habitación, luego, Richard hizo lo propio, dejando sobre la mesa el libro que había leído la noche anterior. Instantes después, corrió en busca de Felicia, quién ya le había sacado varios pasos de ventaja.
—Oye, ¿crees que ahora si podamos hablar sobre eso? —preguntó Richard cuando ella se giró—. Mira, sé que están pasando cosas de por medio, y que no nos conocemos bien, pero eso que pasó, sentí algo que no puedo explicar. Fue como si...
Pero antes de poder si quiera expresarse, Felicia se lanzó a sus brazos, callando sus deducciones con un beso con la misma intensidad que el último que se habían dado. Richard, sorprendido por lo sucedido, se dejó llevar, agarrándole la cintura para acercarla hacia él. De repente todas las dudas de se habían disipado, si en algún momento llegó a pensar que era algo de uno solo, ahora podía sentirse plenamente correspondido, o al menos de momento era así.
Instantes después, Felicia se apartó con suavidad. Al abrir los ojos, lo primero que vio fue a Richard, hipnotizado y boquiabierto, ansiando más. Pero antes de que pudiera acercarse de nuevo, ella le puso un dedo en la comisura de los labios, deteniéndolo con una sonrisa traviesa.
—No cabe duda de que eres pretendido por todas, y aunque me pegue en el orgullo, soy una de esas —confesó ella con una sonrisa pícara—. Lo que pasó esa noche no fue casualidad.
—Moría por besarte de nuevo, aunque no quería que volvieras a tomarme por sorpresa —dijo Richard mientras le soltaba la cintura.
—Es interesante esto, pero no puede suceder. El amor es una distracción, y no tengo tiempo para aventuras —dijo Felicia, bajándole las ilusiones—. Tengo trabajo por hacer, y supongo que tú también así que...
—Espera un momento —la detuvo tomándola por la mano—. Vamos por el mismo camino, más que una distracción seríamos un apoyo para el otro y...
—No me intentes convencer —lo interrumpió, soltándose sutilmente del amarre—. Nos veremos pronto, Richard.
Decepcionado en medio del pasillo, Richard se resignó a verla alejarse hacia el ascensor, detallando cada movimiento que hacía antes de que las puertas se cerraran, luego se dio media vuelta lamentándose por lo sucedido, soltando un gruñido por la frustración que sentía. Él había sentido una conexión única por primera vez en su vida con alguien más, pero a su vez, por situaciones externas a ellos las cosas no se podían dar con naturalidad. Aquell le partía el alma, la conocía poco, y aún así ya era especial para él, porque por más extraño que pareciera había personas que sin pedir permiso podían causar ese tipo de cosas en alguien más.