De camino a la salida del auditorio, Richard había acompañado a Sarah hasta la puerta de su Roll Royce. Bruno, con su clásico estilo servicial, había parqueado el auto del joven heredero en un punto ciego para los entrevistadores que yacían en la puerta principal; sin embargo, antes de que Richard entrase también en el interior del auto, se detuvo para intervenir en el camino de Cassius. Ambos se desafiaban frente a frente, mientras que Cassius se mostraba relajado y confiado, Richard se encontraba enojado y con ganas de sacar a pasear su traje de justiciero, pero por más que quisiera acabar con todo allí mismo, sabía que eso solo empeoraría las cosas.
—Me alegra verte de nuevo, Richard. Ha pasado un tiempo —inició la conversación Cassius—. Quiero presentar mis condolencias por la muerte de Ethan. Era un gran hombre —agregó con una sonrisa que no venía a cuento.
Richard lo miró fijamente sin responder, se tomó unos segundos para controlar sus impulsos y, tras apretar sus puños con fuerza, soltó un leve suspiro.
—No creo en tu falsa compasión, Cassius. No pienses que has ganado, volví para que eso no sucediera.
El magnate, muerto de la risa, le dio una palmada en el hombro a Richard.
—Eres idéntico a tu padre, ese espíritu de querer hacer el bien. A veces hay que ser un poco drásticos para conseguir lo que uno desea —respondió con soberbia—. Solo espero que no te acostumbres a Midnight, ya no tienes nada que hacer aquí.
Alrededor de ellos la presencia de la prensa pública fue inevitable, uno de los periodistas había conseguido filtrar la ubicación en dónde se encontraban charlando, por lo que Cassius se dispuso a dar media vuelta para ingresar a su limusina. Por otro lado, Richard siguió el movimiento de su rival con la mirada, manteniendo con firmeza aquel odio que sentía por las acciones que estaba realizando.
—Quiero que sepas algo, Cassius —exclamó Richard ante la mirada atenta de los periodistas. Cassius se detuvo y volteó—. No creas que con esto has ganado. Te aseguro de que no serás el vencedor.
Cassius, con su característica actitud, esbozó una sonrisa burlona.
—Quiero que te quede algo claro —contestó, acercándose a paso lento—. No voy a perder ante un Williams de nuevo.
Tras su comentario ambos se miraron a los ojos, desafiando al otro. Esta vez Cassius compartió la misma mirada llena de enojo que su rival, y luego, se marchó directo hacia las puertas de su limusina sin contestar las preguntas de los periodistas y simpatizantes de su campaña. Mientras eso sucedía, Richard miraba de cerca como la limusina se alejaba, luego se dispuso a entrar junto a Sarah en su coche cuando los periodistas lo empezaron a hostigar, ordenándole a Bruno que los llevara al edificio Williams para descansar.
En medio del trayecto los abucheos y ofensas no se hicieron esperar. Algunos ya habían creado carteles dirigidos hacia Sarah, atacándola de mentirosa y corrupta, mientras que otros eran dirigidos al joven Williams, mencionando que había manchado el nombre de sus padres al respaldar la campaña. Richard sabía como lidiar con todo eso, le tocó vivir una época similar meses después del fallecimiento de sus padres, pero al mirar los gestos de Sarah comprendió que ella no, por lo que tomó su mano para intentar tranquilizarla.
—Esto solo fue el inicio de la campaña, no debes dejar que te afecte —le aseguró Richard. Sarah asintió dudosa—. Ahora debes enfocarte en descansar, vendrán semanas difíciles.
Al tiempo en que Richard y Sarah dejaban el auditorio, la noche aún no terminaba para Felicia, quién se había estado deslizando entre las sombras para seguirle el rastro al mediador del debate. Con la cautela de una cazadora, esencial en sus casos como detective, vio al susodicho detenerse en un callejón estrecho, donde una figura encapuchada le entregó un sobre grueso. La transacción duró apenas unos segundos, pero fue suficiente para confirmar sus sospechas. Algo estaba mal en él.
Felicia regresó a su automóvil al verlo salir del callejón, y con total paciencia, esperó a que el mediador arrancara el suyo. Encendió el motor y lo siguió a distancia, asegurándose de no llamar la atención. Felicia podía notar que el hombre conducía con bastante nerviosismo, revisando los espejos retrovisores cada que podía para asegurarse de que nadie lo estuviera siguiendo. Cuando el mediador estuvo cerca de su destino, Felicia aceleró y le cerró el paso en una calle desierta, antes de que este pudiera reaccionar, abrió la puerta de su auto y lo arrastró a las afueras con un movimiento rápido y preciso.
—¿Qué demonios? —exclamó él, forcejeando.
—Camina —ordenó Felicia, empujándolo hacia un callejón oscuro a unos metros de distancia.
El lugar seleccionado por la detective no era el más higiénico. Lleno de moho y agua estancada, Felicia lo arrojó al piso mostrando su capacidad de intimidación, luego le ordenó que se levantara mientras se cruzaba de brazos. El mediador vaciló con echar a correr, pero lo pensó dos veces al ver el arma y la placa de la detective, sintiendo una extraña sensación de seguridad, aunque por dentro su pesimismo la relacionaba con algún oficial corrupto, algo que en Midnight no era muy loco.
—No quiero perder el tiempo contigo —rompió el silencio Felicia, con tono frío—. Dime, ¿Cassius Duvall te extorsionó?
El mediador, sorprendido por la pregunta, negó con la cabeza de inmediato, pero su mirada esquiva y su respiración entrecortada lo traicionaba. Felicia no volvió a preguntar y optó por mirarlo fijamente hasta que hablara, una táctica que usaba mucho con las personas inseguras, pues sabía que tarde o temprano hablaban. En este caso, no fue la excepción.
—Yo... yo solo hice mi trabajo —balbuceó.
Felicia se acercó hacia él, llevándolo a que se recostara contra la pared a causa de la intimidación.
—Déjame reformular la pregunta: ¿Cassius amenazó a tu familia si no seguías sus órdenes?