El departamento de policía portaba entre sus pasillos un ambiente tenso que incitaba a caminar con cuidado, similar a lo que los ciudadanos sienten al transitar por las calles de la ciudad. Ese mismo aire pesaba sobre los hombros de Felicia, que se encontraba sentada en su escritorio con la mirada fija en la pantalla de su computadora. Cada minuto que pasaba hacía un esfuerzo por realizar sus tareas rutinarias, pero para su mala fortuna apenas y podía concentrarse. Por su mente aún pasaba la reunión con Douglas, el mediador del debate, y su situación tan compleja. También el hecho de que Richard llevaba tres días sin contestar, aunque antes poder enviarle un nuevo mensaje, el capitán Ross saltó a la vista.
Para ella era una situación difícil, cada que lo miraba por su mente volvía el recuerdo de la imagen en su teléfono. Una imagen borrosa, pero inconfundible; él, reunido con gente del bajo mundo en la zona portuaria. Su primer instinto fue negarlo. Conocía a aquel hombre desde que empezó su carrera hasta llegar al puesto en el que estaba y, durante todo ese largo trayecto jamás lo había visto como alguien corrupto, siempre había sido un hombre de reglas, alguien que inspiraba respeto. Sin embargo, cada vez que miraba la imagen, esa certeza se desmoronaba un poco más.
¿Y si era cierto? ¿Y si todo este tiempo había jugado un doble papel?
Un escalofrío recorrió su espalda. Quería enfrentarlo, preguntarle directamente, pero sabía que no podía. Si Ross estaba involucrado con el crimen, lo más probable era que no estuviera solo. ¿Cuántos más en el departamento estaban aliados con él? Empezar un conflicto, por más mínimo que fuera, sería un completo suicidio. Tenía que mantenerse al margen hasta atraparlo en el acto, y tenía una idea para conseguirlo.
Sin embargo, aunque para bien, un pitido repentino la sacó de sus pensamientos. La pantalla de su computadora, la misma que había utilizado por más de tres años, parpadeaba sin control hasta que terminó completamente azul.
—Mierda... —murmuró, golpeando el teclado con frustración—. Y no guardé lo que estaba haciendo. Porquería de equipo.
Resopló al tiempo en que desconectaba el portátil del tomacorriente y se puso de pie. Por dentro veía aquel infortunio como una oportunidad para darse un paseo y despejar su mente, aunque veía poco probable que las ideas se fueran tan rápido. Sin darle más vueltas al asunto inició su camino hasta el soporte técnico, aunque se detuvo a la mitad del pasillo cuando pasó por la sala de vigilancia de las celdas. En ese instante la curiosidad la golpeó. Hiló en segundos lo que podía ser un movimiento clave para golpear a Cassius. La visita al alcalde en Blackgate y su muerte, ¿Y si revisaba los videos de la prisión la noche del asesinato?
Impulsada por el presentimiento, entró a la sala con una sonrisa encantadora.
—Jimmy, tengo un favor que pedirte.
El oficial de vigilancia, un hombre rechoncho con mirada lasciva, la miró con interés.
—¿Sí, detective?
Felicia forzó una risa coqueta.
—Mi computadora falló, ¿crees que podrías llevarla a soporte por mí? Estoy en medio de algo importante y confiaría mucho más en ti que en cualquiera aquí.
Jimmy arqueó una ceja.
—No sé, Felicia. No es mi trabajo...
Ella apoyó los codos en la mesa y ladeó la cabeza, dejando que su cabello cayera sobre un hombro.
—Vamos, Jimmy. Prometo que te lo devolveré con un gran favor cuando lo necesites.
El hombre tragó saliva, claramente incómodo pero tentado.
—Está bien —accedió al final, llevando la laptop consigo.
Antes de marcharse, Jimmy le dedicó una mirada al cuerpo de Felicia, quién sintió náuseas cuando este la dejó a solas en la habitación. A veces le sorprendía el poder aguantar ese tipo de miradas, o hacer ese tipo de insinuaciones, pero sabía que los hombres la obedecían si actuaba así, por más asqueroso que le pareciera. Dejando de lado lo sucedido, y la repulsión que aún sentía, se sentó frente a la consola de vigilancia y comenzó a trabajar rápido. El tiempo era limitado si quería encontrar algo valioso.
Conociendo el software a la perfección, abrió el sistema y filtró los archivos por fecha y zona de visita. La búsqueda fue precisa y rápida, sorprendiéndola un poco, puesto que hace un tiempo tuvo que pedir ciertas grabaciones y el sistema había tardado en darle lo que buscaba. Mientras bajaba por cada uno de los archivos encontró lo que buscaba, era el vídeo con la fecha y hora exacta de la noche del asesinato del alcalde en Blackgate. Sintió su corazón acelerarse mientras se disponía a dar clic en el video, sin embargo, no consiguió nada. Frente a ella se mostró un mensaje:
"Lo sentimos, el archivo parece estar corrupto, para más información..."
—Lo que faltaba —susurró a regañadientes para sí misma.
Se sintió frustrada y algo ingenua. ¿Qué le había hecho creer que los responsables iban a dejar el vídeo? Lo más lógico era que lo borraran, como habían hecho, aun así, decidió copiar el archivo a su teléfono, con la esperanza de que aun tuviera salvación. Cuando terminó de pasarlo, lo envió directamente al chat privado de Richard, quién aún seguía sin contestar a sus mensajes, acompañado de un texto explicándole la razón de tal envío. Luego, guardó su teléfono en el bolsillo, cerró el sistema de archivos y dejando todo como lo había encontrado dio media vuelta para salir, pero apenas giró sobre sus talones su sangre se heló.
Frente a ella se encontraba el mismo hombre que la había estado preocupando durante los últimos días. No pudo ni siquiera pensar en una palabra por decir, simplemente retrocedió mientras el capitán Ross bloqueaba la puerta con una mirada desafiante.
—¿Qué haces aquí, Felicia?
Ella tragó saliva y dio un paso atrás, forzando una expresión despreocupada.
—Le pedí a Jimmy que llevara mi computadora a revisión. Se descompuso y pensé que él podría hacerlo por mí.