Dark Ghost: Sombras de poder

Capítulo 16 - Despedida

Midnight a diferencia de otras ciudades nunca se había caracterizado por ser soleada, llena de esperanza o con la capacidad de causar en sus ciudadanos calidez, pero en los últimos días se había vuelto una excepción, la ciudad parecía recuperar un rumbo positivo tras mostrar el verdadero rostro de Cassius, o al menos eso era lo que se pensaba. Aquel día las cosas habían vuelto a ser como antes, la lluvia volvió a caer con suavidad mientras el ataúd de Sarah Wilson descendía hacia su tumba. El llanto contenido de algunos, y el pronunciado de otros, acompañaban cada uno de los lanzamientos de tierra hacia el orificio abierto, mientras ocultaban el ataúd en dónde una mujer ejemplar, valiente y capaz, estaba siendo sepultada.

Los paraguas se abrían uno tras otro, y los asistentes, con rostros sombríos, comenzaban a retirarse lentamente cuando el hueco había sido cubierto. Aunque había un vacío que nunca iba a poder ser llenado por más que el tiempo pasara, y Richard, quién permaneció allí, inmóvil, con la mirada perdida en la lápida que ahora marcaba el final de la vida de su amiga, lo sabía de sobra. Él sabía que el nombre de Sarah grabado en piedra sería un recordatorio diario de su ausencia, y que, en parte, era culpa de él que fuese así.

Sin embargo, había personas que pensaban diferente. Detrás de él, Felicia observaba en silencio mientras sus ojos se llenaban de tristeza. Sin dudarlo ni un segundo más, se acercó y lo rodeó con los brazos, apoyando su cabeza en su hombro con el fin de brindarle un poco de consuelo, de hacerle saber que el dolor que sentía era compartido, pero Richard no parecía reaccionar. Los minutos pasaban y la lluvia se intensificaba, el único sonido que se escuchaba era el golpeteo de la lluvia sobre el césped a sus alrededores, y entonces, cuando todo parecía mantenerse igual, Richard habló, y en su voz, la culpa no tardó en hacerse presente.

—Si no la hubiera involucrado en todo esto de la alcaldía... Si la hubiera apartado después de la golpiza que le dieron... Si hubiera hecho algo diferente... —su voz se quebró al final.

Felicia lo miró con tristeza, pasó su mano por la mejilla intentando limpiar las lagrimas que habían salido sin que él se diera cuenta.

—No puedes culparte por esto, Richard —susurró Felicia, estrechándolo con más fuerza—. No fue tu culpa.

Pero él apenas la escuchó. Su mente estaba atrapada en un torbellino de arrepentimiento. Su respiración se había vuelto irregular al igual que sus manos, que temblaban levemente mientras recordaba como la había tenido allí la noche anterior. La lluvia, que parecía interminable, volvió a intensificarse golpeando el suelo con más fuerza. Junto a ellos, Bruno, el mayordomo de la familia Williams, se mantenía firme, sosteniendo un gran paraguas para cubrirlos. Después de considerarlo por varios minutos, rompió el silencio con su voz calmada y respetuosa.

—Señor, deberíamos irnos.

Al escucharlo, Richard cerró los ojos por un instante, como si le costara despegarse de ese lugar. Intentaba recordar con todas sus fuerzas el rostro alegre de Sarah, su sonrisa, sus pecas, sus mejillas sonrojadas, el brillo de su cabello dorado; pero lo único que se le venía a la mente era aquella trágica escena, aquel momento dónde parte de su mundo se había venido abajo. Finalmente, asintió y comenzó a caminar con pasos pesados hacia el auto. Felicia y Bruno lo siguieron en silencio, compartiendo el peso de su dolor.

Con un movimiento rápido, Bruno abrió la puerta trasera del auto, dándole el paso a ambos con cautela, luego cerró cuando estuvieron dentro, caminando hacia el otro extremo para ingresar al asiento del conductor luego de guardar el paraguas. El motor se puso en marcha, rugiendo con ferocidad mientras calentaba sus interiores. Richard, con la mirada perdida, dejó caer su cabeza sobre el ventanal, concentrándose en cómo caían las gotas de lluvia al suelo. Luego, cuando sintió la mano de Felicia entrelazarse con la suya, la apretó con fuerza, haciéndole saber que, a pesar de todo lo sucedido, ella era importante también.

El camino hasta el edificio Williams se hizo eterno, las calles se encontraban desoladas a causa de la lluvia, pero también por otra razón. La muerte de la que posiblemente iba a ser la nueva alcaldesa, aquella que había conseguido exponer los crímenes cometidos por Cassius Duvall, ahora pintaban un futuro gris que no se sabía con certeza, pero que muchos esperaban no fuera desolador.

Al llegar al edificio Williams, la escena frente a la entrada era un caos. Reporteros, fotógrafos y ciudadanos se agolpaban alrededor, lanzando preguntas sin descanso. Bruno bajó de inmediato y abrió la puerta trasera del auto. Felicia bajó primero, alejando a las primeras personas que se aglomeraban para hostigar a Richard, quién por su parte, simplemente los ignoró, abriéndose paso entre la multitud mientras tomaba de la mano a la detective.

—¡Señor Williams! ¿Quién tomará el puesto de alcalde ahora? —preguntó uno de los periodistas.

—¿Cree que este asesinato esté relacionado con su rival directo, Cassius Duvall? —preguntó otro más cerca de los escalones.

—Señor Williams, dado los últimos acontecimientos, ¿La compañía seguirá bajo su dirección? —dijo el último de ellos.

Richard mantuvo la mirada baja mientras avanzaba con paso firme y acelerado. No tenía las ganas para responder preguntas que dieran titulares en la televisión, por lo que simplemente se centró en su caminar; sin embargo, Felicia al ver el rostro de Richard intervino.

—Por favor, les pido que respeten este momento. No daremos ningún tipo de declaración —sentenció con firmeza, empujando a los periodistas hacia atrás. Bruno, por su parte, utilizó su presencia imponente para despejar el camino, permitiendo que Richard entrara sin más interrupciones.

Apenas cruzó la puerta, otra ola de preguntas fueron lanzadas. En este caso, la intercepción fue de parte de Howard y varios miembros de la junta directiva, quienes habían estado esperándolo desde su partida en la mañana al cementerio. Richard se detuvo cuando Howard se posó frente a él, este último le dedicó una mirada llena de enojo y frustración, como queriéndolo intimidar.



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En el texto hay: oscuridad, policial, corrupcion

Editado: 22.02.2026

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