La penumbra, común en las noches de Midnight, cubría cada rincón de un almacén abandonado en Lowpoint. Techos altos y vigas corroídas ocultaban la suciedad del crimen que allí se gestaba. Dentro de sus interiores un grupo de individuos se encontraban organizando los suministros robados a Williams Corp. una tecnología avanzada que solo podía ser obtenida por pocos, y criminales capaces de quebrantar la ley. Entre las risas por el golpe que habían dado, uno de los criminales tomó el mando, sirviendo en un vaso de plástico la botella de cerveza que había comprado instantes atrás, luego repartió la bebida con sus tres acompañantes, con quienes se dispuso a brindar.
—Por una noche en dónde volvimos a triunfar —dijo mientras alzaba el vaso.
—Que siga así —contestaron al unísono los otros dos.
Sin embargo, antes de poder degustar de las bebidas, un justiciero enmascarado emergió de las sombras como un espectro imparable. Los criminales no tuvieron tiempo de reaccionar. Aquel misterioso justiciero se movió con una rapidez sorprendente, tal y como un depredador: tres disparos de su lanzador de ganchos fueron suficiente para tumbar a uno de los matones, luego, con un giro rápido, desarmó a otro antes de propinarle un brutal golpe en la mandíbula que lo dejó fuera de combate.
Solo quedaba uno, el cual había retrocedido lo suficiente mientras buscaba desesperado una salida. Se encontraba aterrado, sus manos temblorosas lo delataban, pero entonces, el justiciero se lanzó sin dudarlo, apartándole de la mano cualquier intento por sacar su pistola.
—¿Quién... quién eres? —preguntó nervioso mientras apreciaba el fantasma rojo en el pecho del justiciero.
—Llámame Dark Ghost —respondió una voz grave debajo de la máscara—. Me dirás dónde está Victor Kayne, o no vivirás para contarlo.
El hombre tragó saliva y negó frenéticamente con la cabeza.
—No... no lo sé.
La mirada de Dark Ghost se endureció.
—Respuesta incorrecta.
El puño de Richard se estrelló contra el rostro del criminal con una fuerza despiadada, enviándolo al suelo, inconsciente. Un par de minutos después se arrepintió de haberlo noqueado, era el tercer almacén que invadía y del cual se tenía que marchar al no obtener respuestas. Desde la llamada de Max, había conseguido desprenderse de Felicia para salir en busca del asesino de su mejor amiga, pero hasta el momento no conseguía dar con él.
Exhaló con frustración y, completamente resignado, sacó su pistola garfio para abandonar el almacén; sin embargo, antes de dispararla alcanzó a escuchar unos pasos a su espalda.
—Y yo que juraba que habías muerto la última vez —dijo una voz burlona—. Bueno, por lo menos podré hacerlo con mis propias manos.
Richard se giró lentamente y lo vio. Victor Kayne, alias The Breaker, estaba de pie con sus guantes de metal brillando bajo la tenue luz de los fluorescentes. Su expresión era la de un hombre que disfrutaba de la violencia.
—Has estado causando muchos problemas, justiciero. Tres locales destruidos. No me hace gracia.
Richard dio un paso adelante, su voz afilada como una navaja.
—Mataste a dos personas inocentes. Y lo vas a pagar.
Victor parpadeó un momento, intentando recordar a quienes se refería. Había asesinado a tanta gente que ya había perdido la cuenta, sin embargo, un momento de luminosidad lo alcanzó, relacionando a ambos con los aspirantes a la alcaldía.
—Oh... hablas de esos dos —su sonrisa se ensanchó. —Aunque esta última fue más satisfactoria, ni te imaginas cómo suplicó por su vida. Fue patético, ¿sabes? Lo mejor es que ella ni siquiera era el objetivo. Yo iba en busca de Richard Williams.
Al escucharlo pronunciar su nombre, Richard apretó los puños. The Breaker no lo sabía, pero frente a él tenía a la persona que había ido a buscar y, también, a la persona que había lastimado con ese asesinato. La sangre había empezado a hervirle, debajo de la máscara, Richard tensó su mandíbula y le dedicó una mirada fría, una mirada llena de odio mientras su mente y corazón por fin concordaban en algo:
—Te voy a matar.
The Breaker se inclinó hacia él con una sonrisa confiada.
—Sabemos que no lo harás. Los héroes no matan —contestó con una risa burlona.
—Exacto —afirmó Richard con frialdad.
Un silencio se plantó, el suficiente para que ambos se miraran, desafiándose con la mirada mientras uno de los dos daba el paso, pero no parecían decidirse. Richard tensó todos sus músculos, estaba dispuesto a destruir a su oponente, por eso, cuando vio que el primer movimiento fue de él, sonrió para sí.
Lo esquivó con facilidad, su cuerpo se había recuperado al cien por ciento después de su último encuentro con los explosivos. Luego, giró sobre su propio eje y conectó un puñetazo en las costillas del criminal, causando que este retrocediera un par de pasos mientras se dolía; sin embargo, Richard no le iba a dar oportunidad de recuperarse, y al cabo de unos segundos se volvió a lanzar, propinándole un rodillazo en el estómago que lo dejó sin aire, momento que aprovechó para impactarle un nuevo rodillazo que lo mandó a volar contra una pila de cajas vacías.
—Te voy a matar —le repitió Richard con frialdad.
Victor se levantó entre medio de los escombros, escupiendo un chorro de sangre mientras se burlaba.
—Quiero ver que cumplas con tu palabra.
Con un movimiento rápido, levantó sus guantes y una descarga eléctrica estalló en el aire. A diferencia de la última vez, Richard no se inmutó, quedándose completamente inmóvil mientras los relámpagos azules chisporrotearon al impactar contra él, levantando el suficiente polvo para desaparecerlo de su vista. The Breaker rio a carcajadas saboreando su victoria, pero cuando el polvo se empezó a disipar alcanzó a observar un par de puntos rojos observándolo, el impacto no había conseguido moverlo ni un milímetro.
The Breaker, completamente desconcertado, gruñó para sí, lanzando un nuevo ataque que, al igual que el primero no surtió ningún efecto. Frunció el ceño mientras retrocedía, ¿por qué no conseguía dañarlo? Su confianza poco a poco parecía diluirse, pero antes de poder hacer otro movimiento, Richard se abalanzó hacia él con velocidad. Intentó esquivarlo, pero le fue imposible, recibiendo de lleno un golpe en el abdomen que lo hizo vomitar sangre.