Dark Heiress(heredera Oscura)

Capítulo 1. Vivencias

1

Olivia “Liv” Britt volvió a tomar su celular a escondidas a pesar de la advertencia de su profesor. La clase de matemáticas avanzaba siempre a paso de tortuga y sus alrededores no le obsequiaban la distracción que tanto quería. Sus compañeros permanecían quietos escuchando las palabras apagadas del señor Sutherland, rogando porque no diera cuenta de sus acciones mientras se paseaba por el aula.

La mayoría dormía en sus pupitres colocando encima un libro apoyado sobre la mochila, clásico truco que no engañaría ni al más inocente de la clase, pero el calvo profesor tenía fama de ser algo senil, lo que no quedaba claro para Liv, a quien le pareció extraño que pudiera notar que entre sus manos reposaba el escape más usual de los estudiantes.

—¡Olivia! En mi clase nadie utiliza el teléfono móvil, puedes encontrar la información que buscas en tu libro, ahora pon atención o te quedarás castigada al finalizar el día—fue la advertencia que recibió como un avión de papel demorando en aterrizar.

Después de varios minutos preguntándose de que le serviría Pitágoras en su día a día, Liv utilizó su lápiz para dibujar caras en la mesa. Más tarde los de la clase B encontrarían un lindo retrato del profesor cascarrabias con una cabeza semejante a una bola de cristal, era seguro que alguien reiría con solo verlo.

Su amiga Abigail no perdía el tiempo como ella, a pesar de no estar al tanto de lo que decía el profesor, no tenía problemas para entender la materia que abarcaron al iniciar el año. Liv no sabía cómo podía lograrlo, parecía tener la memoria de un elefante, como bromeaba al hablar con ella. Sin embargo, en una visita a su hogar, la habilidad que podía considerarse obra de magia, no era más que esfuerzo y dedicación; Abigail estudiaba en sus ratos libres, los cuales Liv utilizaba para realizar otras actividades y estudiar solo cuando fuera necesario.

Despegó la vista de su amiga quien notó su presencia y le hizo señas para que no se quedara dormida. Curioso era ver como ella también luchaba por no hacerlo, el hechizo en las palabras de Sutherland no tenía escudo. Movió su mano hacia el bolsillo de su polerón y extrajo el aparato hipnótico.

Era más sencillo memorizar porqué Natasha Straub usó el vestido de azul y no el amarillo al igual que olvidarlo. Las noticias de la mañana aparecían como anuncios a intervalos mientras navegaba por la red, donde cada lugar visitado era información casi ilimitada al alcance de una pulsación. Ahí estaban todas las respuestas a las incógnitas del señor Sutherland, quien solo parecía un conducto para lograr que las matemáticas llegaran a saberse siendo que estaban siempre a disposición de cualquiera.

Los minutos comenzaron a avanzar más rápido que antes, aquel momento crucial en donde la manecilla más grande del reloj colgado arriba del pizarrón tocara la tres de la tarde y se terminara la jornada estaba más cerca de lo que creía. Pero solo se quedó en eso, una creencia que terminó sobresaltándola al oír el estruendo del libro de clases caer sobre su mesa.

Liv volvió el rostro al señor Sutherland, quien ajustándose las gafas fue lo bastante rápido como para quitarle el teléfono de las manos y observar al público poner atención por primera vez desde que entró a la sala.

—Muy bien señorita Britt, se quedará dos horas más en la escuela por su osadía—dijo paseando el rostro entre los estudiantes—. Que esto sea una lección para todos, nos quedan exactamente diez minutos, si vuelvo a sorprender a alguno de ustedes con su celular en las manos, se perderán el recreo de un día entero, ¿está claro?

Las afirmaciones de los presentes lograron que guardaran en sus bolsillos cualquier rastro de tecnología. Liv frunció el ceño como si cambiara algo en la decisión del profesor, sujetando otra vez el lápiz y esperando que los ojos curiosos volvieran a su sitio.

El término de clases al fin llegó y Sutherland cerró con fuerza el libro despidiendo a sus alumnos. Antes de salir, Liv notó como Abigail le sonrió levantando los hombros y deseándole buena suerte. Serían solo dos horas, pero dentro del salón de castigos, donde el concepto de aburrimiento era mayor que la clase de matemáticas.

2

—Estará aquí hasta las cinco, Berta—dijo Sutherland al lado de Liv.

Habían bajado al primer piso y recorrido el final del pasillo donde a un lado de la sala de profesores se encontraba la de castigos, además de profesores servían como guardias, lástima que ese tiempo extra no se pagara a fin de mes.

Al bajar al primer piso, Liv pidió entrar al baño antes de condenarse por la próxima hora y cincuenta y cuatro minutos que le quedaban. Se miró al espejo y dio cuenta de que su cabello—rizado en los hombros—estaba aplastado del lado izquierdo por apoyarse sobre su mochila. Humedeció su mano y se lo arregló salpicando agua sobre su uniforme escolar. Bien Liv, solo falta que pises mierda de perro al salir de la escuela, pensó secando sus manos y volviendo con el profesor.



Walter Howler

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En el texto hay: vampiros, sobrenatural, dimensiones

Editado: 21.07.2019

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