Ni la noche más fría estaba preparada para lo que se avecinaba: el miedo, la angustia y el terror le daban vida a aquellos hechos que se realizarían esa misma noche.
Las hermanas Worthy estaban cenando en familia como la familia ejemplar que eran, mientras que los Hill tenían su cena de celebración por el ascenso de su padre, aunque Luna estaba más metida en sus pensamientos que en la fiesta.
Esas tres personas que tenían vidas diferentes en un mundo paralelo solo cambiaban la ecuación a lo que ya estaba escrito.
En el bosque donde todo comenzó se reflejaba una luz que se mantenía oculta por la capa de protección. Alguien que no pertenecía a ese mundo estaba durmiendo como la Bella Durmiente, esperando a que su príncipe viniera a su rescate con solo un beso.
Y dudo que al jugar con lo divino, al provocar tanta hechicería y tanta maldad, la tierra no expulsara por sí sola lo que por error comenzó el ciclo desde que fue hecha.
La verdadera Leuksna camina en la sombra, sumergida en el dolor y el sufrimiento por los nuevos poderes que se le activaron. Pues los ángeles solo fueron creados con el propósito de servir a una deidad suprema. Cada ángel tiene una jerarquía según lo que expresa la Biblia: unos son de guarda, otros son mensajeros de parte de su Creador y hay muchos más que no me pondré a nombrar por ahora. Porque, aunque muchos no sepan el origen de Leuksna, yo no jugaría con lo por venir solo por no creer en lo sobrenatural.
Ese era el problema de la gente de Treverlin: ignoraban el cambio de ambiente, se hacían los locos al momento de ver algo extraño y nunca miraban más allá de su ombligo.
—Debo irme —Luna se levantó de la silla y agarró su teléfono cuando le llegó un mensaje de su amiga Joe.
Su madre ni siquiera le dio importancia, pues… ya no eran una familia unida con principios y valores. Carly y Lara vivían en su mundo de redes sociales. Su hermano John era modelo, por lo que no vivía en el pueblo hacía ya años; había llegado esa misma mañana porque su padre lo llamó para darle la noticia y poder celebrar por primera vez en familia después de unos cinco años.
La señora Susie solo se preocupó por seguir celebrando con su esposo en vez de prestarle atención por primera vez en años. Si ella le preguntara a dónde iría esa misma noche, se ahorrarían el sufrimiento y el dolor de después.
Luna subió a su recámara a cambiarse de ropa. Mientras tanto Rous, la rubia gorda, vivía con tantas cicatrices en su cuerpo que ya le daba miedo mirarse en el espejo. El bullying ya era algo cotidiano en su vida, y su único escape era cortarse hasta que el dolor pasara. Lo peor de todo era que ni siquiera tenía las agallas de quitarse la vida porque tenía una hermana menor por la cual seguir.
La última vez que Star la encontró a punto de morir en el baño de la escuela, prometió no dejarla sola ni para cuando fuera a defecar. Mirar a su hermana al borde de la muerte solo hizo que su instinto sobrepasara al de hermana mayor y tuviera que madurar antes de tiempo, porque le daba terror que su hermana muriera y la dejara sola.
Aunque su hermano estuviera con ellas y sus padres, no era lo mismo. Rous era su única hermana mayor y no tendría palabras para describir lo que vivió aquel día.
Así que, mientras Rous miraba el techo pasando sus manos inconscientemente por las heridas de su muñeca, su hermana buscaba en el armario un vestido bonito que cubriera todas las marcas que tenía. Pero lo único que encontraba eran camisas de cuello alto y manga larga, todas negras. Si mirabas el armario entero, te darías cuenta de que la mitad de la ropa era negra y ancha por su hermana, mientras que la de ella era de colores.
Rous tenía diecinueve años y el peso que tenía no era el adecuado para una adolescente de su edad. En la cena, sus padres les habían dado una noticia que preocupaba a las hermanas, en especial a la que estaba tan rota que ya no tenía ni ganas de seguir viviendo.
—No te preocupes, tenemos unas dos semanas para que rebajes y no te vayas a ese internado —hablaba Star desde el armario.
Rous solo resopló cansada y siguió mirando al techo.
—¿Estás segura de que esas pastillas me ayudarán a rebajar como dicen? —susurró un poco asustada, aunque sus pensamientos estaban perdidos en Cole.
Cole era el chico de intercambio de hacía unos años que nunca supo, ni sabrá, que ella existe, porque siempre ha sido la gordita que se mantiene en las sombras.
Star dejó de hacer lo que estaba haciendo y miró a su hermana muy segura de lo que decía.
—Luisana me dijo que su hermana las usaba todos los días y no creo que me esté mintiendo.
—Pero es una Queen, o sea… a lo mejor debe estar engañándonos —Rous no estaba tan segura de que Luisana, una de las chicas más populares, se le acercara con la intención de disculparse y brindarle la ayuda que necesitaba.
—No creo —susurró Star, dejándose caer a su lado y colocando la mirada en otro lugar que no fuera el cuerpo tan cicatrizado de su hermana.
Si no fuera porque los suéteres de cuello alto y manga larga tapaban todas esas cicatrices, nadie sabría el dolor que callaba esa joven por miedo a ser juzgada.
—No debemos confiarnos mucho, ni porque salga con nuestro hermano. No confío en ella; preferiría que Anna Will fuera su novia antes que esta —señaló Rous, molesta.