En el aire se podía oler a sangre, que iba dejando un rastro pequeño mientras el cuerpo de aquella joven era arrastrado tras haber sido asesinada por la persona que menos esperó.
El cuerpo, siendo arrastrado sin pudor hacia el bosque a medianoche, solo hizo que el hombre alto y encapuchado sonriera con agrado, disfrutando cada puñalada que le dio y viendo los ojos de su víctima apagarse poco a poco a causa del asombro.
Lo que no pensó aquel asesino al arrastrar el cuerpo sin vida de su nueva víctima hacia el bosque fue que las hermanas Worthy estaban del otro lado, caminando en la misma dirección que él buscaba para enterrar el cadáver.
Pues ya lo tenía planeado hace meses. Y ahí era el lugar perfecto donde nadie lo descubriría, aunque no pensó que en ese mismo sitio iban a dejar una bolsa de pastillas que las chicas recogerían después.
El bosque estaba tan oscuro y frío que solo esas tres personas eran las únicas valientes en seguir su objetivo. Las hermanas Worthy, aunque tenían más miedo que valentía, debían continuar porque ese era el único lugar seguro donde Luisana les dejaría la mercancía.
—¿Por qué no vinimos de día? Tuvimos que esperar a que se hiciera de noche —susurró Rous con el corazón en la boca, alumbrando el camino.
Star le sostenía la mano para que ninguna se perdiera si eso pasaba. Aunque también tenía miedo, debían seguir porque ya habían pagado por las pastillas.
—De día todo el mundo pasa por aquí para ir al colegio, boba —Star también susurró.
Rous la miró mal, pero siguió el camino por donde le habían señalado. Sin embargo, se detuvieron de golpe al ver otra luz que venía del otro extremo.
—¿Y si es la policía? —susurró Rous, nerviosa, apagando la linterna.
—No creo, debe ser Luisana —señaló Star, confiada.
—No… no debe ser Luisana. Nos habría avisado. Podría ser un asesino de esos locos como en la tele —Rous estaba tan nerviosa que sabía que aquello solo le daba mala espina.
Star y Rous siguieron mirando cómo la luz de alguna linterna se perdía por el mismo lugar por donde ellas iban. A Star se le ocurrió una idea en ese momento.
—Debemos ir en silencio por si es una de esas parejas de enamorados que a veces vienen, para no interrumpirlos…
—¿Y si mejor nos devolvemos y venimos cuando aclare el día?
—¡No! —la calló su hermana y le agarró la mano—. A lo mejor también puede ser Luisana; no tenemos nada que perder.
Rous, después de resistirse mucho, decidió seguir a su hermana, pero ambas en silencio. Ninguna se esperaba lo que iban a presenciar y ver con sus propios ojos.
Lo que aquella noche les prometía no era más que un hecho de la cruda realidad: una persona muerta, un asesino, dos hermanas en aprietos, adolescentes siendo arrestados y una joven maltratada por meterse con la persona incorrecta.
En el aire se podía sentir el miedo, las ganas de correr de vuelta a casa y no seguir hacia adelante. Todos tenían una obsesión, fuera seguir o huir, pero esto no aplicaba en esta dimensión.
Las dos hermanas continuaron siguiendo la luz hasta que esta se quedó quieta en un solo sitio. Las hermanas se detuvieron a unos cinco metros en la oscuridad para que nadie las descubriera, aunque no podían ver con claridad a la persona que sacó una pala de los arbustos y comenzó a excavar.
—¿Eso es una pala? —preguntó Rous mirando fijamente, aunque la claridad de la luna solo hacía visibles algunas partes del bosque.
Star achinó los ojos. Solo sentía cómo alguien golpeaba el suelo y, por el sonido, claro que podía ser una pala.
—Me imagino que el chico debe estar enterrando la mercancía; no puede dejarla al aire libre para que alguien más la encuentre antes que nosotras —dijo como algo obvio, ignorando lo que en verdad estaba pasando.
Las hermanas estaban presenciando cómo ocultaban el cadáver sin saber lo que en realidad estaban haciendo.
—Dios mío, si Hero se llega a enterar de todo esto, terminaremos muertas antes de las dos semanas para irme al internado —Rous miraba sus manos; aunque no veía mucho, sentía tanto miedo y ansiedad que, si seguía así, terminaría huyendo antes de que Star se diera cuenta.
«Bueno, sí se va a dar cuenta, porque correr no es lo mío».
—Shh, haz silencio, que ya está terminando —Star la mandó a callar cuando vio más o menos cómo el tipo lanzaba algo al hueco que estaba haciendo y después volvía a cerrarlo apresuradamente para irse con lo que había llevado.
Las chicas esperaron unos minutos más a que el tipo se alejara y, sin pensarlo, comenzaron a caminar sin encender la linterna todavía hasta llegar al sitio.
—¿Trajiste pala? —Rous alumbró el lugar de tierra movida y miró a su hermana, quien negó dudosa.
Al observar bien el sitio de la tierra removida, se dieron cuenta de que era demasiado grande para algo tan pequeño.
—¿No crees que sea demasiado grande para solo dos frascos? —señaló Rous, aún nerviosa y alumbrando.
—No sé, Rous, no sé qué pensar —susurró su hermana también con nerviosismo.