"Dark Shadows" Alpha Maldita

Capitulo 8

Serpientes
El interior del castillo era aún más imponente que el exterior.
Las paredes estaban cubiertas de símbolos antiguos, tallados en piedra negra. Antorchas encendidas con fuego verdoso iluminaban el lugar, proyectando sombras que parecían moverse por sí solas.
Rosse caminaba en silencio, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.
—No mires demasiado tiempo las paredes —advirtió Aracnic—. Algunas… devuelven la mirada.
Rosse apartó los ojos de inmediato.
—Este lugar me da miedo…
—Eso es bueno —respondió Gelga—. Significa que estás viva.
Un sonido seco interrumpió el momento.
Tac… tac… tac…
Algo golpeaba el suelo.
Rítmico.
Pesado.
Rosse se tensó.
—Ella viene…
Desde el fondo del salón, la figura de Viper emergió de entre las sombras.
Su cola se arrastraba lentamente, el aguijón marcando el ritmo contra el suelo de piedra. Las serpientes de su cabeza se movían inquietas, como si percibieran algo que las demás no podían.
Sus ojos dorados se posaron directamente en Rosse.
—Aún hueles a miedo…
Rosse tragó saliva.
—Lo siento…
—No te disculpes —respondió Viper—. El miedo mantiene con vida a los débiles… hasta que dejan de serlo.
Gelga cruzó los brazos.
—Necesita entrenamiento.
Aracnic asintió.
—Y rápido.
Viper se acercó lentamente.
Cada paso imponía más presión en el ambiente.
—Primero… debe sobrevivir.
De pronto, una de las serpientes descendió y se acercó al rostro de Rosse.
Ella se quedó completamente inmóvil.
—Mírala —ordenó Viper.
Rosse dudó… pero obedeció.
Los ojos de la serpiente se clavaron en los suyos.
Y entonces…
Una visión.
Oscuridad.
Sangre.
Gritos.
Ella misma… corriendo… siendo perseguida.
Cayendo.
Rogando.
—¡Basta! —gritó, retrocediendo.
La visión desapareció.
Rosse cayó de rodillas, jadeando.
—Eso… es tu miedo —dijo Viper—. Si no puedes enfrentarlo… morirás en este territorio.
Aracnic observó con atención.
—Tiene potencial… pero está rota.
—Todos llegamos rotos —respondió Gelga—. La diferencia es quién se reconstruye.
Viper guardó silencio unos segundos.
Luego habló.
—Desde hoy… entrenarás conmigo.
Rosse levantó la mirada, sorprendida.
—¿Con usted?
Una leve sonrisa peligrosa apareció en el rostro de la alpha.
—Si sobrevives… serás fuerte.




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