Dark Vows

Capítulo 3: En la Garganta del Lobo

La noche envolvía a Sofía como un manto helado mientras Andrei la condujo a través de las calles oscuras de Moscú. La adrenalina aún palpitaba en sus venas, y la imagen de Dmitri yaciendo herido en aquella habitación la atormentaba y la mantenía despierta. ¿Dónde estaba llevándola Andrei? Cada paso que daba la sumergía más en un mundo que nunca había deseado conocer.

Andrei, un hombre de porte fuerte y una mirada afilada, guiaba el camino con seguridad. “No te preocupes, Sofía. Te sacaré de esto”, dijo, manteniendo un tono que intentaba ser tranquilizador, pero que no ofrecía comodidad alguna.

“¡Dmitri necesita ayuda! No entiendo por qué no estamos buscando a un médico”, replicó Sofía, luchando por no dejar que el pánico la dominara.

“Es peligroso. Los hombres que están después de él no van a dudar en encontrarte también. Un médico no es lo que necesitamos ahora”, respondió Andrei, su voz seria y contundente.

Sofía sintió que las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos, pero se obligó a permanecer fuerte. Sabía que Andrei tenía sus razones y que el mundo de la mafia rusa operaba bajo reglas completamente diferentes.

“¿A dónde estamos yendo?” preguntó mientras atravesaban un callejón sombrío, su voz resonando con la incertidumbre.

“Un lugar seguro, un refugio que nos estará esperando,” aseguró él, sin detenerse. “Pero debes confiar en mí.”

Después de varios minutos que se sentían eternos, finalmente llegaron a un edificio de ladrillo viejo, con ventanas empañadas y una puerta gruesa de madera. El ambiente era sombrío, y Sofía sintió una oleada de ansiedad recorrer su cuerpo.

Andrei tocó el timbre, y después de unos momentos, la puerta se abrió. Un hombre robusto, con una cicatriz que marcaba su rostro, les lanzó una mirada intensa. “¿Andrei? ¿Qué haces aquí?”

“Necesito un lugar para quedarnos, y rápido. Dmitri está herido”, explicó, empujando a Sofía hacia adelante. El hombre asintió, dejando suficiente espacio para que entraran.

Al cruzar el umbral, Sofía fue recibida por un espacio cálido, pero con un aire de peligro que flotaba en el ambiente. El olor a tabaco y alcohol se mezclaba con la escasa luz que iluminaba la habitación, revelando a varios hombres sentados alrededor de una mesa, con cartas esparcidas por encima. Sofía sintió un escalofrío al notar las miradas curiosas posadas sobre ella.

“Lleva a Dmitri al cuarto de atrás. Debo hablar con los demás”, dijo Andrei, su tono imperativo. Sofía sintió un giro en el estómago; todas estas decisiones se sentían fuera de su control.

“¡No voy a dejarlo solo! Necesito estar a su lado”, respondió, sintiendo la urgencia en su pecho.

“Haré lo que esté en mis manos,” dijo él con firmeza, “pero debes permitir que haga lo necesario para protegerte.”

Con gran esfuerzo, Sofía ayudó a Andrei a llevar a Dmitri hacia un cuarto en la parte trasera. La habitación era pequeña, iluminada solo por una lámpara de mesa que parpadeaba, arrojando sombras danzantes en las paredes. Dmitri estaba pálido y su respiración era irregular.

“¡Por favor, despierta!” le suplicó Sofía, aferrando su mano mientras se arrodillaba a su lado. “No puedes dejar que esto termine así.”

Dmitri abrió lentamente los ojos, y su mirada buscó la suya. “¿Sofía? ¿Qué... hiciste?” preguntó, su voz entrecortada.

“Te traje aquí. Eres más importante que cualquier cosa”, le dijo con sinceridad, sintiendo que la conexión entre ellos se volvía más intensa en medio del caos.

“No tienes idea de lo que has hecho”, susurró Dmitri, y sus ojos se mecieron buscando otro sentido que ella no podía comprender.

El tono de su voz se transformó en una mezcla de preocupación y algo más profundo. “Lo que he hecho... ¿he traído más peligro?”

Un golpe repentino en la puerta la sacó de sus pensamientos. Andrei entró, su rostro marcado por la tensión. “Debemos actuar rápido. Escuché rumores de que Vinogradov está en la ciudad. Vinogradov...” dijo, acentuando el último nombre con un aire de terror.

Sofía sintió que las palabras caían pesadas en su estómago. “¿Quién es él?”

“El más oscuro de los hombres, el más peligroso”, le explicó Andrei, retrocediendo un paso. “Él es quien ha estado detrás de esto. Busca venganza por todo lo que ha hecho Dmitri.”

“¿Por qué?” preguntó Sofía, sintiendo que su mundo se desmoronaba.

“Dmitri traicionó a su familia. Vino aquí huyendo de ellos, pero no piensa dejarlo escapar tan fácilmente”, dijo Andrei, su voz serena a pesar de la preocupación en sus ojos.

Ella miró a Dmitri, quien parecía estar luchando por mantener la conciencia. “No lo dejaré solo. Necesito hacer algo”, dijo, sintiendo una llama de determinación arder en su corazón.

“Eres una locura”, dijo Andrei, su tono fue reprochador. “No sabes en qué te metes.”

“Tal vez no, pero él me necesita”, replicó ella, su mirada fija en Dmitri. “No podría vivir con la culpa si lo abandono ahora.”

“¿Y si eso significa ponerte en peligro?”, preguntó Andrei, frustración en su voz.

En ese momento, el teléfono de Andrei sonó, rompiendo la atmósfera cargada en la habitación. Con rapidez, respondió. Su expresión cambió de enojo a preocupación, sus ojos se oscurecieron mientras hablaba. “Sí, estoy en el lugar seguro... ¿Qué quieres decir? Escuché que Vinogradov vino al lugar donde estaba... No sé qué hacer.”

Sofía se acercó, sintiendo como todo su cuerpo temblaba de ansiedad. “¿Qué pasa?”

Andrei colgó y se giró hacia ella. “Necesito que te quedes aquí. No tienes idea de lo que se avecina.”

“Si no me llevas contigo, voy a ir por mi cuenta”, dijo ella, rebelándose contra la idea de permanecer al margen.

“¿Por qué eres tan terca?” Andrei apretó los dientes, intentando mantener la calma. “Dmitri necesita ayuda, y no puedes correr el riesgo de que ellos te encuentren. ¡No lo entiendes! No tienes idea de lo que está en juego.”

“Tal vez no, pero entiendo una cosa: no puedo dejar que él se convierta en otra víctima de este mundo. No puedo perderlo”, dijo Sofía, con la voz clara y decidida.




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