El ambiente en la habitación se volvió opresivo mientras los hombres entraban, sus miradas gélidas y calculadoras fijándose en Sofía, Dmitri y Andrei. La atmósfera era como un campo de batalla en el que cada aliento contaba; un juego de tácticas en el que no había lugar para los titubeos. Vinogradov sonrió, complacido por la efusión de caos que había desatado.
“No hay mejor manera de obtener lo que uno desea que en medio de la tormenta”, dijo él, su gregario tono resonando por el espacio. “Y esta noche, mis amigos, serán testigos y protagonistas de un espectáculo único.”
Los hombres a su alrededor se movieron como sombras ominosas, y Sofía sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral. La adrenalina le pululaba en las venas, y su mente giraba, buscando estrategias, aunque en el fondo, sabía que no tenía experiencia en esos juegos oscuros. El verdadero desafío era mantener a Dmitri a salvo y, sobre todo, a ella misma.
“¿Qué planeas hacer con nosotros, Vinogradov?” preguntó Andrei, su voz profunda pero mesurada, observando cada movimiento con atención.
“Oh, Andrei, tú eres siempre tan formal. Pienso simplemente jugar un poco”, rió Vinogradov, acercándose a ellos como un depredador que aprecia su presa. “Dmitri, por supuesto, sabe lo que le espera. Pero, Sofía… tú eres un misterio que aún no he desentrañado”.
“¡Deja de perder el tiempo!”, gritó Dmitri, irritación y dolor compitiendo en sus ojos. “No te haré el favor de que me observes como si fuera un espectáculo. Lo que hiciste fue inaceptable”.
“Pero ahora depende de ti decidir lo que haremos a continuación”, dijo Vinogradov, con una mirada retadora. “Apenas hay un reloj de arena marcando el tiempo, y se te está acabando, Dmitri. ¿Estás dispuesto a sacrificar lo que más amas?”.
Sofía sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. “No haré nada que tú decidas. Esto no es un juego”, replicó, furiosa. Estaba decidida a no permitir que él la intimidara.
Vinogradov le dedicó una sonrisa astuta. “Ah, pero querida, todo esto gira en torno a los juegos. Es exactamente lo que hemos estado esperando, y el funcionamiento de las cosas es fascinante de ver. La guerra se desata, y aquí estamos, en la vanguardia”.
Los hombres le rodeaban, y Sofía levantó la cabeza, decidida a no mostrar temor. “Aún no has ganado nada”, respondió. “No sabes con quién te estás metiendo”.
Vinogradov se rió a carcajadas, el eco sonando como un trueno en la habitación. “Eso es lo que me gusta de la vida, tu ímpetu, tu fuerza. Pero la vida es un arte que se pinta en la muerte, y los colores que usas pueden ser bellos o mortales”.
El altavoz de la tensión creció, y el aire estaba cargado de electricidad. “Tú eliges el destino de tu vida”, murmuró. “Una elevada venganza, o una paz en el infierno”.
Justo entonces, Dmitri, en un acto de desafío, giró la cabeza para mirarlos. “No me importa lo que hagas, Vinogradov. Sal del camino de Sofía”, dijo, su voz temblorosa pero firme.
La risa de Vinogradov se desvaneció en el aire, y su expresión se tornó genuinamente amenazante. “¿Y qué harás en mi contra? Este tiempo no es tuyo, y tú, Dmitri, has perdido. La ira fue tu peor enemigo”.
Andrei hizo un movimiento inconsciente hacia delante, pero Sofía lo sujetó, sosteniendo su mirada fuertemente. Kamby, el hombre de la cicatriz, se situaba a su derecha, impasible, mirando cómo se desarrollaba la escena.
“Hombre de palabras vacías”, dijo Andrei, pero su voz permanecía tensa.
“Mandar muertos es fácil. Pero lo que se siente dentro de este lugar… eso es lo que importa”, replicó Vinogradov, dejando caer sus palabras como un peso letal.
Durante un breve instante, el silencio fue interrumpido por un sonido metálico, un arma desenfundada. Una pistola. Regresó a los hombres con rapidez, las sombras levantándose para rodear aún más el espacio. Sofía sintió la desesperación, pero no podía dar marcha atrás.
“Así que, ¿quién está dispuesto a seguir adelante? Porque esta noche, el juego realmente comienza. Primero, el sacrifico”, dijo Vinogradov, su sonrisa agria.
“¿Qué has decidido, Sofía?”, inquirió, mirando profundamente en sus ojos. “El principio de todo o el final de Dmitri. Tienes una sola decisión que hacer.”
Sofía sintió que el aire se le escapaba. “¿Por qué te importa tanto, Vinogradov? No tienes que involucrarnos. Esto no es nuestro camino”, insistió, sintiendo un parpadeo de resiliencia en su voz.
“Disculpa, pero todo este enredo gira en torno a la familia. Y tú, hermosa, eres parte de la historia. Todo está conectado”, dijo él con una sonrisa burlona. “¿Quieres tomar su lugar? Puedo ofrecerte una oportunidad interesante”.
“Lo harías, ¿verdad?” murmuró Sofía, entre el dolor y la confusión. Se sentía atrapada, como si las cadenas de la mafia se ciñeran a su alrededor, y no sabía cómo escapar.
Dmitri respiró pesadamente y la miró a los ojos, y en ese desafío silencioso, ella pudo ver su propia lucha. “No debemos permitir que juegue con nuestras vidas, Sofía. Mantente firme por lo que has decidido”, le dijo él con franqueza.
“¿Y si tu decisión significa perderte a ti?” replicó Sofía, consciente de la vulnerabilidad que ahora los rodeaba.
Vinogradov sonrió, complacido por el espectáculo que había desatado. “¿Ves lo que esto genera? La lucha entre el amor y la ambición. Parte de lo que somos”, dijo, disfrutando de cada frágil momento de tensión.
Y entonces, un ruido sutil resonó en la habitación, una oportuna distracción cuando un grupo de hombres entró de golpe; sus rostros marcados y desafiantes, identificando un cambio en el ciclo de poder. Se colocaron junto a Vinogradov, añadiendo más energía amenazante a la atmósfera.
“Mi familia había estado esperando”, dijo uno de ellos con una voz profunda y velada. “Dmitri. No olvides que esto es lo que debiste haber elegido. La venganza está en el aire”.
“Esto no es el fin”, dijo Dmitri, con una risa sarcástica mientras intentaba levantarse. “No has ganado nada cuando todo se derrumba a tu alrededor”.