La atmósfera en la habitación era tensa y electrizante, cada ser presente consciente de que un giro inesperado podía cambiarlo todo. Vinogradov dejó que su mirada recorriera a cada uno de los hombres en la sala, destacando su poder. “Bien, ha llegado la hora”, dijo, su voz resonando con la autoridad de un hombre que controla el destino de otros.
Sofía se sintió abrumada, su corazón latía con fuerza y las palmas sudaban. Las decisiones que había tomado no solo afectaban su vida, sino que también influirían en la vida de Dmitri. No había tiempo para equivocaciones.
“Comencemos con un juego de preguntas. La vida de Dmitri pende de un hilo y es el momento de demostrar que el amor puede vencer al odio”, continuó Vinogradov, disfrutando del pánico que sus palabras causaban. “Tendrás tres respuestas. Si fallas… bueno, ya sabes lo que está en juego”.
La desesperación apretó el pecho de Sofía. “No me harás nada. Si es un juego que manejas, yo tengo mis propias cartas”, afirmó con más fuerza de la que sentía. Podía ver la preocupación en la mirada de Dmitri, su rostro demacrado pero orgulloso. La determinación que residía en su pecho era vital.
“¿Deseas hablar de amor? Vamos a ello entonces”, dijo Vinogradov, como un maestro que decide evaluar a su alumno. “Primera pregunta: ¿qué estás dispuesta a sacrificar por amor?”
Sofía sintió que el tiempo se detenía. “Todo. Sacrificaría todo por amor”, respondió con un brillo en sus ojos. Era una respuesta clara, pero en su interior, los miedos esperaban listos para devorarla.
“Interesante, pero tienes que demostrarlo”, Vinogradov dijo, tomando nota de cada palabra. “Con tus siguientes dos respuestas, decidirás cuán lejos estás dispuesta a llegar”.
La tensión creció de inmediato, y ella sintió cada partícula del aire como si le pesara. “Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario.”
“¿Entonces matarías por amor?” preguntó Vinogradov, observando cómo se movía bajo la presión de su pregunta.
“No”, respondió Sofía, su voz cargada de firmeza. “No mataría a nadie. Eso no es sacrificio. La vida no está para ser arrebatada, sino para ser amada”.
Vinogradov sonrió. “Buena respuesta, aunque te salvaste hoy. Ya veremos a quién preferirías sacrificar antes de que termine el juego”.
“¿A qué te refieres?” preguntó Dmitri, su voz llenándose de una preocupación creciente. “Ella no tiene que responder a tus preguntas. No tiene que seguir tus jugadas.”
“¿Y yo qué puedo hacer? Este juego se juega por la vida de ambos”, replicó Sofía, sintiendo que una corriente de determinación le daba fuerza.
Vinogradov inclinó la cabeza, disfrutando del juego. “La vida y la muerte son decisiones que tomamos cuando uno de nosotros falla. La lucha es el camino. Sofía, ahora la última pregunta: en caso de que tengas que elegir entre salvar a Dmitri o matar a otro, ¿qué harías?”
Sofía sintió como si una piedra cayera en su estómago. Ese escenario la hizo sudar. “¿Es esta realmente la dirección en la que quieres llevar este juego? No puedo permitir que eso suceda”.
“Pero la vida está llena de elecciones, amor.” Vinogradov se acercó un paso más, sus ojos fríos fijos en los suyos. “Tú decides si eres capaz de aceptar la realidad que se presenta”.
El silencio se extendió por la habitación, y todos los ojos estaban fijados en ella. “El amor no se define por el sacrificio de vidas. Si debo presenciar un dolor en la vida de otro, encontraría un modo de salvar a Dmitri sin tomar una vida”, declaró con convicción.
“¿Y eso te hace más débil o más fuerte?” preguntó Vinogradov, sus palabras resonando con cuestionamientos. “Para los hombres como nosotros, el sacrificio es la única forma de demostrar amor”.
Sofía sintió que el aire le fallaba y cada palabra de Vinogradov la dejaba expuesta. Sabía en su interior que ese juego podría acabar mal, pero el deseo por salvar a Dmitri superaba cualquier miedo.
Dmitri tomó la mano de Sofía con una precisión que comenzó a desesperarla. “No puedes seguirle el juego. No vale la pena ponerte en su línea de fuego. Su plan es cambiar el pasado a través de la violencia. Lo que sea que decidas, será un peligro”.
“Creer en el amor puede ser la peor elección”, murmuró Vinogradov, regalando una risa oscura. “Pero eso también te define. Treinta minutos, amor, y verás cómo el tiempo es enfermo y caótico. La historia en la que estás se alejará de ti”.
“Soy más fuerte de lo que crees. Te lo demostraré. No estoy aquí para ser parte de tu juego”, replicó Sofía, sus manos sintiendo la presión del miedo, pero al mismo tiempo dispuesta a enfrentar lo que debía venir.
Vinogradov sonrió, un gesto que igualaba una advertencia. “Cuando el fuego se apaga, las sombras tienden a envolverlo. Así que no te engañes con la esperanza, Sofía. A veces puedes perder más de lo que hay en juego”.
Sofía miró a Dmitri, quien respiraba pesadamente. “Dmitri. Estoy aquí. Me aferro a ti y no dejaré que esto se vuelva oscuro”, le aseguró.
“Confía en mí, Sofía”, dijo él, su rostro demacrado pero lleno de fuerza. “Sabes que vale la pena deshacerse del pasado y lograr un nuevo futuro”.
“Este es el momento. Quiero derrotar a Vinogradov. A ti, a todos ellos. Y tú serás parte de ello”, dijo Sofía, su determinación creciendo con cada palabra.
“Ah, el inicio del camino oscuro”, murmuró Vinogradov, aplaudiendo. “Pero eso solo muestra lo atrapados que están. No se trata de pelear contra mí; es la lucha interna contra lo que trae el amor”.
Al verlo, Sofía sintió que un torbellino se tornaba en sus entrañas. Defender lo que apreciaba se había convertido en un sacrificio noble a partir de la lucha. Pero sabía que aquel desafío era solo el comienzo.
“No me rendiré”, afirmó Sofía, su voz resonando firme. “Eres la sombra de lo que una vez fuiste. Pero los días de la oscuridad pueden ser superados por la luz”.
Vinogradov la miró fijamente, como si evaluara cada pulso de su felino ingenio. “Luz y sombra. La lucha es parte de lo que somos. Entonces, nosotros seremos testigos de cómo se despliega este juego”.