Dark Vows

Capítulo 9: De Sombras y Verdades

La presencia del nuevo hombre en la habitación se sentía como una chispa que encendía un fuego de anticipación y peligro. Sofía sintió que su corazón latía con más fuerza; la tensión en el aire se volvió casi insoportable. La risa burlona del extraño resonaba en sus oídos, convirtiendo la atmósfera ya inquietante en algo aún más amenazante.

“Vinogradov, siempre haciendo tratos oscuros, ¿eh?” dijo el hombre, dejando que sus ojos recorreran la sala desde Sofía hasta Dmitri, quien permanecía apoyado en el suelo, luchando por mantenerse consciente. “¿Y quién es la valiente que ha decidido involucrarse en tu juego?”

“Es mejor que te presentes, porque esto no va a terminar bien si no lo haces”, dijo Andrei, advirtiendo a Sofía a su lado, mientras la habitación se llenaba de miradas cargadas de significado.

“No es necesario para un hombre que ya sabe lo que quiere. Aunque puedo entender las dudas en su mente”, respondió el extraño, su tono despreocupado. “Soy Maksim, un amigo de la familia que prometió estar a su lado cuando el caos llamara”.

“¿Amigo de la familia?” preguntó Dmitri, controlando el dolor que lo acosaba. “Ese término es vago en este mundo, especialmente cuando se habla de la mafia”.

Maksim se encogió de hombros con una sonrisa sardónica. “La familia siempre tiene muchas caras, querido. Y yo estoy aquí para tomar decisiones, por si acaso Vinogradov decide ir un paso demasiado lejos”.

“¿Qué significa eso?” preguntó Sofía, la incomodidad plateando su corazón. Su instinto le decía que debía tener cuidado con este nuevo personaje, que parecía estar dispuesto a volcar la balanza en cualquier dirección.

“Significa que es mucho más complicado para todos aquí. Vinogradov tiene interés en la vida de Dmitri, y es difícil comprender por qué, pero yo tengo mis propios motivos”, dijo Maksim, acercándose a ella con un aire de confianza persuasiva. “Entonces, si las sombras se agitan, me gustaría asegurarme de que tú y Dmitri estén a salvo”.

“¿A salvo de qué?” preguntó Dmitri, su voz cobrando fuerza mientras sacudía la cabeza de confusión. “Tu gente no tiene el mismo deseo”.

“Lo que quiero de este juego es simplemente igualar las probabilidades”, dijo Maksim, su tono más serio. “Aquí hay una oportunidad para que des a conocer tu fortaleza, Sofía. Pero debes concordar que las decisiones no son simples y que cualquier giro que se dé podría atraparte en un campo de batalla donde la muerte acecha”.

Vinogradov se cruzó de brazos, observando con satisfacción cómo se desenvuelve la tensión, como un maestro ante sus alumnos. “¿Qué propones, Maksim?” preguntó, con esa voz de astucia que siempre resonaba detrás de su mirada penetrante.

Maksim se acercó un poco más. “Podríamos cambiar el enfoque del juego. Un evento que involucre decisiones. La pregunta aquí es quién podría decidir lo que es correcto y lo que no en este laberinto. La crucifixión histórica puede comenzar, pero por su salvación no se cambiará. El amor o la venganza… eso depende de los corazones que jueguen”.

Sofía sintió que su realidad giraba a su alrededor. “No estoy aquí para ser parte de una táctica de venganza. No dejaré que el amor se convierta en odio”, dijo, intentando permanecer firme.

“Oh, el amor puede ser un título que da lujo, pero también puede ser el arma más mortal”, replicó Maksim, sonriendo. “Y tú, Sofía, te has convertido en la pieza que todos quieren obtener. ¿Te sientes fuerte lo suficiente para afrontar lo que vendrá?”

“Soy más fuerte de lo que imaginas, y no dejaré que el juego de la mafia me defina”, declaró ella con un espíritu feroz. Sus palabras resonaban con un ardor que le insuflaba valentía, aunque el temor reverberara en cada respuesta.

“Me gusta tu espíritu”, comentó Maksim, mientras Vinogradov observaba con desdén, como si un nuevo capricho estuviese en juego. “Pero necesitarás más que palabras para salir de este juego”.

“Mira”, dijo Dmitri, su voz emergiendo de las sombras. “Lo que realmente está en juego es la vida de todos aquí. No la dejaré caer para que tú juegues o que la venganza nos consuma”.

“Y ahí está lo correcto”, dijo Maksim, admirando la valentía en los ojos de Dmitri. “Esto no se trata solo de ti, sino de todos los que nos rodean. El mundo está colapsando y deben encontrar una salida”.

“Entonces ayúdanos”, instó Sofía. “No estamos aquí para perder más de lo necesario, especialmente no a los que amamos”.

El desafío se mantuvo en el aire, y mientras Vinogradov observaba la interacción, la tensión crecía como una tormenta. “Sería divertido observar cómo girarían las hojas, pero el amor y la guerra son dos caras de la misma moneda. El tiempo dirá si vives o mueres. Y en este punto de juego, ya está decidido”.

Maksim se volvió hacia Vinogradov, sus ojos resplandecían un destello de peligro. “Tienes que comprender que más de uno tiene interés en salir ileso. Las decisiones que tomes pueden volver como un búmeran. Este no es solo un juego; puede que haya una resolución que afecte a todos”.

“Y si es un búmeran, estoy dispuesto a lanzarlo”, respondió Vinogradov con una sonrisa, consciente de que cada palabra podía contener un rayo de verdad. “Decisiones, en efecto, para aquellos que lo decidan. ¿Qué propones, entonces?”

“Propongo una oportunidad para demostrar tus habilidades”, dijo Maksim, mirando a Sofía con una seriedad penetrante. “Un encuentro, un desafío. Tendrán que demostrar que el amor puede rescatarlos de la sombra”.

Dmitri mantuvo su mirada en Maksim. “¿Qué significa eso? ¿Acaso un juego de límites?”.

“Un juego de habilidades, querido amigo. Respuestas a preguntas, decisiones a tomar. Todo lo que hemos discutido, pero involucrando todos los elementos”, respondió Maksim. “Podrías encontrar una salida, y quizás un camino más allá de los muros que Vinogradov ha construido”.

Vinogradov observó con desdén, sintiendo cómo el desafío comenzaba a formarse delante de él. “Si vas a jugar, asegúrate de que no haya espacio para la piedad. Los hombres en este lugar no tienen lugar para los débiles”.




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