La atmósfera en la habitación era espesa. Sofía y Dmitri se encontraban al borde de un abismo, a punto de lanzarse hacia la incertidumbre de las sombras con la esperanza de encontrar la verdad que sus corazones ansían. La presencia intimidante de Mihail y Vinogradov como testigos de su entera existencia hacía que la presión fuera aún más intensa.
“Entonces, ¿estás realmente dispuesta a enfrentar lo que está por venir?” preguntó Mihail, su voz grave resonando con un leve toque de advertencia. “Porque en este viaje es muy común encontrarse con verdades que podrían romperte”.
“Siempre he estado dispuesta”, afirmó Sofía, sintiendo que el fuego de su determinación ardía más brillante que nunca. “No tengo miedo a lo que venga. Quiero saber la verdad detrás de las sombras”.
“Esa es una valiente decisión, y a menudo indeseable,” replicó Mihail. “Sin embargo, ya que has elegido este camino, espera encuentros difíciles. En cada paso habrá retos y sorpresas que pondrán a prueba esa misma valentía”.
Mientras las palabras flotaban en el aire, Vinogradov retrocedió, observando la escena con una mezcla de satisfacción y malicia. “Entonces, comencemos el duelo. ¿Están listos para lo que se avecina?”
Sofía asintió con determinación. Los recuerdos danzaban en su mente, momentos de éxito y traición que no podía ignorar. La idea de adentrarse en lo desconocido se volvía más seductora, y aunque el miedo acechaba, el amor por Dmitri la empujaba adelante.
“No puedo mirar hacia otro lado, ni huir ante esto. Te lo prometo, Dmitri. Enfrentaremos lo que venga juntos”, dijo ella, dándole una nueva esperanza de que la verdad siempre daría paso a la luz.
Dmitri sonrió débilmente, sintiendo cómo el alivio se mezclaba con la angustia. “Tus palabras son mi ancla, Sofía. Pero debes tener cuidado. Las sombras siempre tienen un precio”.
“Lo sé. Pero este viaje puede ser lo que finalmente necesitamos. Tal vez los secretos nos liberen, en lugar de atraparnos”, respondió Sofía, observando cómo el peso de la decisión se cernía sobre sus hombros.
Vinogradov cruzó los brazos, intentando esconder su satisfacción. “Comenzaremos con la primera etapa de este nuevo juego. Sabrás lo que ocurre cuando los secretos se revelan. Deberás enfrentar el pasado para poder construir un futuro”, insinuó, disfrutando de la tensión en sus palabras.
“Estoy lista”, dijo Sofía, sintiendo que la determinación brillaba en sus ojos. “No tengo miedo”.
“Entonces, entremos en la oscuridad”, dijo Mihail, mientras se movían. Al hacerlo, las paredes de la habitación comenzaron a desvanecerse en un torbellino, revelando un oscuro paisaje que absorbía la luz. Sofía sintió cómo la realidad cambiaba y se encontraba de pie ante un bosque sombrío, donde los árboles se alzaban como colosos, sus ramas extendidas pareciendo esconder secretos que deseaban ser descubiertos.
La sensación de estar atrapada en un laberinto se apoderó de ella. “¿Qué es este lugar?” murmuró, mirando a su alrededor con ansiedad.
“Este es el templo de tus recuerdos”, explicó Mihail. “Cada árbol representa una parte de tu vida, los vividos y los que quedaron sin explorar. Solo enfrentando tus verdades podrás encontrar la salida”.
Sofía sintió que el miedo se transformaba en una dolorosa nostalgia. “¿Y qué hay de los secretos de Dmitri?” preguntó, sintiéndose atraída entre caminos de confianza y traición.
“Tu amor se sustenta en la luz y la oscuridad. Superar sus sombras será clave para seguir adelante. Deben enfrentarse a la verdad que ambos ocultan”, dijo Mihail, su voz grave y persuasiva. “Escoge un árbol y enfréntate a lo que contiene. Solo entonces el amor podrá ser verdaderamente liberador”.
“¿Pero cómo?”, preguntó Sofía, sintiendo la ansiedad dispararse en su pecho. El miedo de lo desconocido la ahogaba.
“Con sinceridad”, dijo Mihail. “Debes tocar el árbol que resuene contigo y permitir que los recuerdos fluyan y revivan las verdades que habías tratado de olvidar”.
Un escalofrío recorrió su espalda al mirar los árboles, señalando profundas cicatrices de su pasado. Finalmente, se acercó a un árbol de corteza agrietada, como si sus raíces representaran el dolor de su historia familiar. Era el árbol de su infancia, donde los recuerdos de su padre florecieron, pero también las sombras de la tristeza que siempre la habían seguido.
“Este es el mío”, dijo, sintiendo cómo la conexión se intensificaba. “Este árbol significa todo lo que he olvidado y todo lo que me ha hecho”.
“Entonces toca la corteza y permite que la verdad fluya”, ordenó Mihail, observando su cada movimiento. La tensión era palpable, y el silencio en el aire se tornó aún más inquietante.
Sofía, sintiendo una fuerte compasión, extendió la mano y tocó la rugosa corteza. En un instante, las imágenes comenzaban a arremolinarse en su mente: risas compartidas con su padre, el amor que irradiaba en su hogar, y, por otro lado, la pérdida que había sentido al crecer, las promesas olvidadas y los secretos mantenidos.
De repente, la luz de la visión se oscureció, y Sofía fue golpeada por un torrente de recuerdos. “¡No! No quiero recordar esto”, gritó, sintiéndose desbordada. Pero el viaje ya había comenzado: vitriólico y lleno de dolor.
“Debes enfrentarlo”, le dijo una voz familiar, proyectándose en su mente como un faro. “Con cada lágrima derramada, las sombras se disipan. Solo así podrás avanzar”.
“¿Qué tienes que arriesgar, Sofía?” resonó la voz, definida por la esencia de su padre. “Si el dolor te consume, no podrás conducir a aquellos a quienes amas. La verdad se transforma en tus debilidades y fortalezas”.
Sofía sintió lágrimas brotar de sus ojos mientras enfrentaba la dura realidad. “No quiero caer en la trampa del pasado”, dijo, la voz temblorosa mientras un espasmo de dolor la atravesaba. “Pero no puedo dejar que el miedo me consuma”.
Pero era demasiado tarde; la oscuridad se arrastraba mientras vivía nuevamente las memorias que llevaban una estela de ansiedad. La lucha no sería fácil, y el camino hacia la verdad era una lucha feroz que requería no solo valentía, sino también voluntad de resistencia.