El ambiente en el almacén se tornó cada vez más denso mientras Vinogradov, con su sonrisa burlona, se deleitaba en la tensión palpable en el aire. Sofía y Dmitri se aferraban al amor que compartían, pero también eran conscientes de que los fatídicos pasos que darían podrían marcar un antes y un después en sus vidas. Cada palabra de Vinogradov resonaba como un eco oscuro, una advertencia de lo que estaba por venir.
“Así que, ¿quieren enfrentarse a lo que he preparado para ustedes? Ahora, antes de tomar una decisión, les pregunto nuevamente: ¿qué están dispuestos a sacrificar por el amor que sienten?” preguntó Vinogradov, riendo suavemente como si se dispusiera a disfrutar del espectáculo inminente.
“Estamos dispuestos a enfrentar cualquier cosa”, respondió Sofía, sintiendo que su determinación no flaqueaba. Cada palabra pronunciada era un ancla en el mar turbulento del miedo que la rodeaba. “Nunca permitiré que lo que amamos se convierta en una carga. Viviré por este amor”.
“¿Por amor? Esa es una respuesta encantadoramente ingenua”, dijo Vinogradov, disfrutando de la vulnerabilidad que emanaba de ella. “¿Pero qué tan lejos estarías dispuesta a llegar? Porque en este mundo, la traición y el sacrificio son tan comunes como el amor”.
“¿Y tú que sabes de amor?” preguntó Dmitri, su voz resonando con firmeza. “Lo que buscamos no es la oscuridad, ni la traición, sino la verdad. La verdad que has ocultado”.
“Ah, la verdad... Si hay algo que he aprendido en este mundo es que la verdad puede ser una espada de doble filo”, dijo Vinogradov, sus ojos brillando con malicia. “No se puede ocultar, y siempre paga su deuda”.
“Y es ahí donde te equivocas”, dijo Sofía, sintiendo que la furia brotaba en su interior. “La verdad siempre encontrará el camino, pero no estará destinada a destruir lo que hemos creado. La luz siempre prevalecerá sobre la oscuridad”.
Ante esas palabras, la atmósfera cambió. Una vibración sutil recorrió la habitación, el aire temblando a medida que las sombras comenzaron a moverse. Sofía sintió cómo su corazón palpitaba con fuerza; el amor y la determinación eran la esencia que la guiaba en la tormenta.
“¿Entonces quiere que jugemos una partida? Bien, el amor se verá como un cambio de juego para ambos”, dijo Mihail, elevando su voz y poniendo un tono desafiante; así, la noche se llenó de promesas y secretos.
“Sí, y será un juego al que no temeremos, porque tenemos algo más poderoso que la sombra: nuestro amor”, aseguró Sofía, con los ojos fijos en Vinogradov. “Estamos listos para enfrentar lo que venga”.
Vinogradov se acercó lentamente, una sonrisa despreciativa dibujándose en su rostro. “Entonces que comience el juego. Pero recuerden: cada sacrificio tiene un costo, y cada verdad que descubran puede cambiar el curso del amor que sienten”.
El aire en la habitación se electrificó mientras el peligro acechaba, y Sofía sintió que la adrenalina la envolvía. Tenían que moverse rápido; el tiempo no estaba de su lado, y la determinación que llenaba el corazón de Dmitri y el suyo era su única fuerza.
“¿Qué es lo que propones, entonces?” preguntó Dmitri, sintiendo que cada palabra resonaba en el aire como una declaración.
“Una serie de desafíos que pondrán a prueba no solo su amor, sino también su voluntad de sacrificio. Deberán enfrentar la verdad en cada entrelazamiento entre las sombras y sus corazones”, respondió Vinogradov, su tono cargado de malicia. “Y solo quienes estén dispuestos a pagar el precio, saldrán ilesos”.
Sofía sintió que el desafío que se presentaba ante ellos podría ser una trampa. “¿Cuáles son las reglas de este juego?” preguntó, manteniendo su voz segura aunque sentía cómo la duda comenzaba a arremolinarse en su interior.
“Todo es simple. Responderán a mis preguntas y enfrentarán retos que explorarán no solo sus límites, sino también la fuerza de su amor. Cada elección que hagan mostrará quiénes son realmente en el camino que han tomado”, explicó Vinogradov, sintiendo cómo la atmósfera se tornaba cada vez más opresiva.
“Quiero enfrentar cualquier verdad”, declaró Sofía, sintiendo que su determinación renacía. “No dejaré que este juego me haga perder de vista lo que verdaderamente importa”.
“Esa es la actitud que necesito”, murmuró Vinogradov, encantado con la respuesta. “Comencemos con lo básico. La primera pregunta: ¿cuál es su mayor miedo en esta relación?”
Sofía sintió cómo el corazón se le encogía. Ese no era solo un examen; era un desafío a lo que le había costado. “El miedo a perderse, a dejar que la oscuridad consuma lo que hemos construido”, contestó, sus palabras reflejando sus sentimientos más profundos. “No quiero ver cómo este amor se convierte en una carga”.
“Interesante respuesta, pero recuerda que el miedo es a menudo un compañero en el amor. Si no estás dispuesta a enfrentarlo, no podrás avanzar”, insistió Vinogradov, disfrutando claramente del poder que tenía. “Ahora, la segunda pregunta: si la verdad sobre el amor que sientes se tornara en traición, ¿cómo reaccionarías?”.
La tensión se intensificó, y Sofía sintió que el mundo a su alrededor se desvanecía. “Si descubriese que mi amor se convierte en un engaño, lucharía por aprender la verdad. No permitiré que la traición destruya lo que siento”, dijo, dispuesta a enfrentar cualquier sombra.
“Esa es una respuesta astuta, pero no me has respondido. ¿Serías capaz de renunciar a ese amor si esa fuera la única salida?”.
Los recuerdos comenzaron a danzar en su mente, y el eco de la traición resonó. “No renunciaría sin luchar. Debes entender que el amor es un viaje que vale la pena. Pero si la verdad se convierte en traición, haría lo que sea necesario para protegerme”.
“Última pregunta”, continuó Vinogradov, sintiendo cómo la tensión aumentaba en la habitación. “¿Qué harías si tu amor llega a convertirse en tu peor enemigo? ¿Seguirías luchando por él o buscarías la salida?”