Dark Vows - Votos Oscuros

Capítulo 38: La Confrontación de Almas

Las luces en el oscuro almacén parpadeaban, creando sombras inquietantes que danzaban alrededor de Sofía y Dmitri. Las advertencias de Mihail resonaban en sus mentes, y la tensión palpable llenaba el aire mientras se preparaban para enfrentar la inminente confrontación con Vinogradov y sus hombres. Cada paso que daban hacia el corazón del peligro resonaba como un eco en sus corazones.

“Recuerda, lo que está en juego es tu amor. Nunca pierdas de vista lo que deseas proteger”, susurró Dmitri, mirando a Sofía a los ojos, como si tratara de transferirle su propia fortaleza.

“Lo sé. Y no puedo permitir que el miedo me detenga. Estoy aquí para luchar por lo que hemos construido”, respondió Sofía, sintiendo que la determinación crecía con cada palabra. El amor que compartían era la luz que la guiaba, y no permitiría que las sombras del pasado los arrastraran.

Juntos, se dirigieron hacia la sala donde, según la información de Katerina, estaba reunido el núcleo de la mafia. La espera se tornaba insoportable, y la presión de lo que estaba por venir se sentía como un peso que amenazaba con abrumarlos.

“Debemos estar alerta. Vinogradov es astuto, y no dudarán en proteger lo que creen ser suyo”, dijo Andrei, el nerviosismo palpable en su voz mientras se preparaban para entrar.

“Lo enfrentaré. Lo que he aprendido hasta ahora me ha dado la fuerza para dar la cara”, dijo Sofía, tomando una profunda respiración. Sabía que las sombras se arrastraban a su alrededor, pero la luz de su amor era un faro que siempre la guiaba.

Al abrir la puerta, el ruido del ambiente se tornó ensordecedor. Sofía sintió cómo la energía del lugar golpeaba su rostro como el viento que azotaba el mar. La sala estaba repleta de hombres armados, todos con miradas de desconfianza, pero también con una curiosidad que pronto se volvería peligrosa.

“¡Dmitri! ¡Sofía!”, resonó la voz de Vinogradov desde el otro lado de la sala. Su presencia se hizo evidente cuando se separó de un grupo de hombres, su porte imponente y su mirada gélida. “Qué sorpresa encontrarlos en mi casa. Veo que han decidido adentrarse en el peligro”.

“No hemos venido a jugar, Vinogradov. Queremos respuestas y la verdad de lo que has estado ocultando”, dijo Dmitri, su voz firme mientras se mantenía junto a Sofía, unidos como una sola entidad.

“¿Respuestas, dices? Siempre se viene por respuestas, pero lo que encuentran a menudo no es lo que esperaban”, murmuró Vinogradov, disfrutando de la tensión en el aire. “Sofía, has crecido, y me gusta. Pero no olvides lo que te espera en este juego. A menudo hay consecuencias por las decisiones que tomas”.

“No dejaré que me asustes con tus palabras. Estoy aquí por amor y tengo la intención de luchar por lo que valoro”, le desafió Sofía, sintiendo la adrenalina fluir a través de sus venas. La luz del amor que compartía con Dmitri resonaba en su interior, un poder que no podría ser apagado.

“Oh, pero mi estimada, el amor en este mundo a menudo se convierte en una maldición. Miren a su alrededor. Cada paso que han dado ha sido observando las sombras. Cada elección que han hecho ha sido un juego en el que, hasta ahora, han tenido la suerte de salir ilesos”, dijo Vinogradov, observándolos con una sonrisa burlona.

“Estamos aquí para romper el ciclo que has cultivado. No seremos más peones en un juego que no hemos elegido jugar”, replicó Sofía, su voz resonando con una convicción nueva.

“¿Qué harás cuando descubras que el amor es una trampa y la verdad es dolorosa? Esta es una prueba de resistencia”, dijo Vinogradov, sonriendo en un giro que parecía demostrar su superioridad. “A veces el amor no puede salvarte”.

El ambiente en la sala comenzó a vibrar con la intensidad de sus intercambios, las sombras y el aire tenso creando un ciclo de energía peligrosa. Sofía no podía ignorar que la tensión aumentaba.

“Lo que verdaderamente nos define es la lucha que tenemos en nuestros corazones. No voy a dejar que el miedo me consuma”, declaró Sofía, buscando la mirada de Dmitri, confiando en la chispa de esperanza que había comenzado a crecer en ella.
Esa conexión era la luz que la guiaba.

“Pero el dolor puede cambiar a las personas”, dijo Vinogradov, observando la lucha interna que parecía atravesar la sala. “Cuando la verdad salga a la luz, la historia que han escrito se convertirá en polvo”.

“Si esa es la lucha que debemos enfrentar, entonces estoy lista. Nunca permitiré que el miedo deba expropiarse de mis decisiones”, dijo Sofía, sintiendo la fuerza del amor arder en su pecho.

Vinogradov salió hacia ellos como un depredador acechante. “Entonces, hagamos este juego interesante. Digamos que jugarán con fuego. El tiempo está de su lado. Los hombres están siempre dispuestos a pelear, y lo que veo aquí es la chispa que puede comenzar un fuego que arderá”.

“Ese fuego será un hogar, no un destructor. Nunca dejaré que el pasado me consuma o me vuelva ciega ante quienes amo”, replicó Sofía, su mirada fija en Vinogradov.

“Quiero ver hasta dónde puedes llegar, Sofía. Enfrenta tus miedos y lo que esto desarrollará será revelador”. La sonrisa de Vinogradov era amenazante mientras comenzaban a girar en un ciclo de acciones y decisiones, y el tiempo se tornó más crítico.

Mientras la presión aumentaba, la energía en el aire se volvió combativa. Las sombras comenzaron a arremolinarse, y Sofía sintió que el miedo intentaba abrazarla nuevamente. Pero recordó las palabras de su madre: el amor siempre puede triunfar en la oscuridad.

“Hay un camino que debemos explorar juntos, y eso es lo que prometo mantener en pie”, murmuró Dmitri, su mirada fija y cargada de amor. “Así que, enfrentemos lo que venga. Juntos”.

Así, mientras las sombras danzaban a su alrededor, Sofía sintió que el amor que compartían era la luz en medio de la tormenta. Estaban listos para enfrentar el peligro, y el destino de cada uno de ellos estaba entrelazado.




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