Dark Vows - Votos Oscuros

Capítulo 43: La Oscuridad del Sacrificio

La noche había caído, envolviendo la ciudad en un manto de sombras inundadas de incertidumbre. Sofía y Dmitri corrían desesperadamente, las calles resonando con el eco de sus pasos, mientras el peligro de la mafia los acechaba de cerca. El aire estaba cargado de adrenalina, y cada segundo que pasaban sentía el peso del sacrificio inminente.

“¿Por dónde vamos ahora?” preguntó Dmitri, su voz llena de urgencia, mientras exploraba las calles familiares que se volvían cada vez más confusas y desoladas. “No podemos quedarnos aquí o serán un blanco fácil”.

“Cada lugar que conocemos puede estar vigilado. Necesitamos encontrar un refugio seguro”, respondió Sofía, su mente funcionando a mil por hora. Las palabras de Mihail aún resonaban en su mente, recordándole que la lucha apenas comenzaba. “Debemos llegar a un lugar donde podamos planear nuestros próximos pasos”, añadió, sintiendo que el tiempo se deslizaba entre sus dedos.

“Recuerda que somos más fuertes juntos. El amor puede abrirnos camino incluso en la oscuridad”, dijo Dmitri, su mirada fija en una dirección, como si el objetivo brillara en la lejanía. “¡Apresúrate!”.

Al pasar junto a un edificio, Sofía notó cómo las luces del interior brillaban tenuemente. “¿Y si hay alguien adentro? Debemos tener cuidado”, advirtió, sintiendo que la tensión aumentaba en su pecho. La ansiedad de ser descubiertos acechaba en su mente como un ladrón.

“Si hay alguien, puede que sea un amigo. Lo que necesitamos es reunir fuerzas en nuestras sombras”, replicó Dmitri, decidido mientras se movía hacia la entrada, asegurándose de que no hubiera ojos curiosos observando sus movimientos.

Sofía lo siguió, su corazón latiendo con fuerza. “No puedo perderte. Siempre he querido enfrentar esto contigo”, murmuró, sabiendo que cada palabra llevaba el peso de su amor.

Cuando entraron en el edificio, el aire se volvió aún más pesado; la calidez del lugar parecía contrastar con el peligro que los acechaba. Las luces intermitentes del pasillo iluminaban sus rostros, y Sofía sintió la inquietud comenzar a apoderarse de ella.

“¿Hay alguien aquí?” preguntó Dmitri, llamando al lugar con expectativa. Pero la única respuesta fue el eco de su propia voz.

“Este es un antiguo refugio. Podrían estar escondidos, o podrían haber dejado caer las guardias”, comentó Sofía, su mirada explorando cada rincón, consciente del peligro palpable.

De repente, un sonido débil proveniente de la sala de al lado hizo que ambos se giraran. “¡Dmitri, ten cuidado!” murmuró Sofía, sintiendo que el peligro se cernía.

Él levantó una mano, haciendo una señal para que se detuviera. “Vayamos con precaución”, dijo, moviéndose lentamente hacia la puerta entreabierta.

Al asomarse, la visión que encontraron hizo que sus corazones se detuvieran. En la habitación, un grupo de hombres estaba reunido, cada uno llevando la insignia de la mafia. Vinogradov no estaba allí, pero la amenaza era inminente.

“Están planeando algo. Debemos escuchar”, murmuró Dmitri, sintiendo cómo la tensión crecía a su alrededor. “No podemos dejar que esto termine aquí”.

Sofía sintió que el pánico comenzó a anidarse en su pecho, mientras la realidad de la situación comenzaba a sobrecogerla. “¿Y si nos descubren?” preguntó, sintiendo el miedo como una sombra afilada.

“No puedo permitir que eso suceda”, dijo él con firmeza. “Debemos averiguar su plan, encontrar la manera de dar un golpe decisivo”.

Ambos se posicionaron tras la puerta, intentando escuchar cada palabra del grupo de hombres. “El próximo movimiento de Vinogradov debe ser los más decisivo”, comentó uno de ellos. “Si no atrapamos a Dmitri y a su nueva protectora, esto podría convertirse en una trampa”.

Sofía sintió que su corazón se detenía al escuchar su nombre. Las sombras podrían estar más cerca de lo que jamás hubiera imaginado. “No dejaré que se interpongan”, murmuró, y Dmitri sintió el mismo impulso correr a través de él.

“Debemos contrarrestar esto, o perderemos todo”, declaró Dmitri, su voz llena de determinación. “No me atreveré a dejar que esto se traduzca en una guerra donde el amor no tenga poder”.

“Entonces hay que actuar rápido”, sugirió Sofía, sintiendo que la adrenalina comenzaba a inundar su ser. “Si reforzamos el contacto, podríamos traerles la batalla a sus puertas”.

Al oír el ruido que hacían los hombres, Dmitri sintió un impulso de actuar. “Ahora”, murmuró. “Podemos atraparlos por sorpresa”.

De un empujón, abrieron la puerta y entraron en la habitación, y una mirada de sorpresa se extendió entre los hombres de la mafia. “¡Detrás! ¡No se muevan!” gritó Dmitri, sintiendo la furtividad del momento.

“¿Qué demonios están haciendo aquí?” preguntó uno de los hombres, tratando de desenfundar su arma, pero la premura fue en vano. Dmitri ya había tomado la delantera. En un instante, las luces comenzaron a parpadear mientras el caos estallaba.

“¡Sofía, cuídate!” gritó Dmitri, sintiendo cómo la balanza cambiaba. La lucha se desató en la habitación mientras los hombres armados comenzaron a reaccionar, pero no permitiría que la oscuridad se tragara su amor.

Sofía, viendo el peligro, sintió que el tiempo se ralentizaba mientras intentaba desviar su atención. “¡Rápido! ¡Atrás!” gritó, mientras intentaba proteger a Dmitri de otro ataque.

Una lluvia de balas resonó, y el haz de la luz se tornó en caos. Sofía sentía el temor abrazarla mientras se movía entre la confusión. “Sal de aquí. ¡Ahora!” gritó Dmitri, necesitando que ella se mantuviera a salvo.

Sofía se adentró en el tumulto, viendo cómo Dmitri se enfrentaba a los hombres en un enfrentamiento feroz. Sentía su corazón palpitando, la conexión entre ellos se volvían más profunda mientras luchaban juntos.

“¡No dejaré que te lastimen!” gritó ella, sintiendo la adrenalina fluir mientras se lanzaba a la batalla. Sabía que necesitaban vencer a sus oponentes, pero también sentía que el amor era su única defensa.




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