La adrenalina seguía fluyendo por las venas de Sofía y Dmitri mientras lograban salir del bar, el aire fresco de la noche les golpeaba el rostro como una promesa de libertad. Sin embargo, la realidad del peligro que acechaba permanecía, y sabían que la amenaza de la mafia rusa era más palpable que nunca.
“¿Hacia dónde ahora?” preguntó Dmitri, observando las calles desiertas que se extendían ante ellos. “Esto no puede parar aquí. Necesitamos un plan para anticiparnos a sus movimientos”.
“Establezcamos un refugio temporal”, sugirió Sofía, su voz resonando con una mezcla de determinación y ansiedad. “Conozco a algunas personas en el barrio que podríamos contactar. Tal vez tengan información valiosa sobre los movimientos de Vinogradov”.
Andrei, que había estado vigilando los alrededores con atención, intervino. “Es una buena idea. Necesitamos aliados leales que puedan ayudarnos, y no podemos permitir que la traición nos detenga”.
Katerina asintió, su rostro muestra de preocupación. “Pero hay que hacerlo rápidamente. Vinogradov no se detendrá. Ahora saben que estamos en movimiento”.
Mientras seguían caminando bajo la tenue luz de la luna, Sofía sintió cómo el peso de las sombras caía sobre sus hombros. La incertidumbre de lo que estaban a punto de enfrentar la presionaba. “No me detendré. Deberíamos buscar el refugio”, afirmó, guiando a Dmitri y a los demás de un paso firme.
“Podemos encontrar una respuesta en cada verdad. La esperanza no debe ser atrapada en la oscuridad de las decisiones que ya hemos tomado, sino que debe ser nuestro refugio”, le aseguró Dmitri, sintiendo cómo la conexión entre ellos crecía en cada paso.
Llegaron a una pequeña cafetería, un lugar del que había escuchado murmullos sobre su discreción y lealtad. La luz tenue iluminaba el lugar, y Sofía sintió cómo el ambiente cambiaba a medida que cruzaban la puerta. Los murmullos y risas llenaban el lugar, pero la tensión permanecía en el aire.
“¿Qué tal, Sofía?”, preguntó un hombre de cabello canoso detrás del mostrador, su rostro iluminándose al verla. Era Viktor, el dueño del establecimiento y un antiguo amigo de la familia. “¿Qué haces aquí en una hora tan peligrosa?”.
“Viktor, necesitamos tu ayuda. La mafia está tras de nosotros, y no hemos podido encontrar un lugar seguro”, explicó Sofía, sintiendo cómo la preocupación en el rostro de Viktor comenzaba a crecer.
“Nunca pensé que todo esto sucedería. La mafia ha estado aumentando su influencia en la ciudad, y están dispuestos a pasar por encima de cualquiera que se interponga”, dijo Viktor, su expresión preocupada. “Pero aquí estarán seguros. Podéis quedarte mientras trazamos un plan”.
Dmitri sintió que la luz de la esperanza comenzaba a iluminar su corazón. “Gracias, Viktor. Haremos lo que sea necesario para encontrar una salida de esta oscuridad”, asintió, sintiéndose aliviado por tener un refugio, aunque temporal.
Mientras el grupo se sentaba en una esquina, la atmósfera tranquila del café contrastó con el tumulto en sus corazones. Sofía tomó una respiración profunda, queriendo encontrar una solución. “Debemos actuar con rapidez y organizarnos. No podemos permitir que Vinogradov se nos acerque”.
“Exactamente. Primero, necesitamos información sobre los movimientos de la mafia y sus planes. Sin ello, estaremos perdidos”, agregó Andrei, sintiendo la presión del tiempo correrse en su mente.
“Les prometo que haré todo lo posible para ayudarlos”, dijo Viktor, mientras servía un par de bebidas. “Pero ya se están moviendo. Deben tener cuidado, Sofía. Lo que hay en juego es mucho más grande de lo que imaginas”.
Sofía sintió cómo el peso de la incertidumbre aumentaba. “Lo que hay en juego es mi vida, y estoy dispuesta a arriesgarlo todo para proteger a los que amo. El amor es mi fuerza, y no dejaré que el miedo me detenga”.
Mientras debían prepararse, sintieron que la tensión se acumulaba en el aire. “No podemos quedarnos aquí esperando que el peligro nos encuentre”, dijo Katerina, sus ojos escaneando el lugar con ansiedad. “Necesitamos un plan de acción”.
“Lo haremos rápido. Buscaré a otros aliados que puedan ayudarte en esta batalla”, se comprometió Viktor, la determinación pardando su voz en el aire.
Mientras se preparaban, Sofía sintió cómo la realidad del amor se enfrentaba a la oscuridad. Había una llama dentro de ella que no podía extinguirse, y esa fuerza se convertía en su mejor aliado. “No importa lo que enfrentemos. Juntos superaremos cualquier desafío”.
Justo cuando comenzaron a trazar un plan, la puerta del café se abrió de golpe. Un hombre de apariencia inconfundible y absentre se asomó, y el ambiente se congeló. Todos los presentes giraron sus miradas hacia él y sintieron la tensión intensificarse.
“¡Dmitri! ¡Sofía!”, exclamó Alexei, quien había sido parte integral de su viaje. “He estado buscando por todas partes. Necesitamos hablar. La mafia está en movimiento, y han dejado claro que se han fijado en ustedes”.
“¿Qué hay de los nuestros?” preguntó Sofía, sintiendo la urgencia en su pecho. “¿Hay más en juego de lo que hemos imaginado?”.
“Sí, hay algo más. La mafia ha comenzado a planear una nueva estrategia para deshacerse de ustedes de una vez por todas. No podemos quedarnos aquí sin antes trazar una línea de defensa. Hay más de lo que parece”, advirtió Alexei, observando las sombras que yacían en las esquinas del café.
“¿Qué es lo que planea?” preguntó Dmitri, sintiendo que el dolor de la intriga comenzaba a cernirse entre ellos. “Sus movimientos nos ponen en riesgo y ya no podemos quedarnos inactivos”.
“Este es solo el comienzo. Necesitamos aliados, y el tiempo se está allana. Les revelaré lo que he aprendido. Pero debemos mantener esta información en secreto y al menos tener un camino de escape”, sugirió Alexei.
“Sí, un camino que no sabemos a dónde nos llevará, pero debemos tomarlo”, dijo Sofía, el miedo de lo desconocido comenzando a abrumar sus pensamientos. “No permitiremos que esto se acabe en perder la esperanza”.