La luz del día apenas iluminaba las calles mientras Sofía y Dmitri corrían entre giros y esquinas, sintiendo cómo la adrenalina corría a través de sus venas. El eco de sus pasos resonaba en la acera, marcando el ritmo frenético de un escape que se tornaba cada vez más desesperado. Las sombras estaban tras ellos, y el peligro acechaba en cada recoveco.
“¿Estás bien?” preguntó Dmitri, notando que la respiración de Sofía se tornaba entrecortada, un reflejo del estrés que ambos compartían. En su mente, la preocupación por su bienestar era siempre una constante.
“Sí. Solo necesito concentrarme en dónde estamos y hacia dónde vamos,” respondió ella, intentando empujar el miedo a un lado. Se sentía más fuerte que nunca, decidida a luchar por su amor y no dejarse consumir por la oscuridad. Pero el caos del entorno la voluntad minaba, y cada sonido cercano aumentaba su ansiedad.
Mientras corrían, se dieron cuenta de que el camino se tornaba cada vez más sombrío. Las calles, antes familiares, comenzaron a sentirse como un laberinto cuya salida se escabullía de entre sus manos. “Necesitamos un plan, no podemos simplemente correr sin rumbo”, dijo Dmitri, alertando a su resolución.
“Estoy luchando por encontrar una manera de seguir adelante”, dijo Sofía, su voz aún firme. “No puedo permitir que nos atrapen. Hay más que perder si no encontramos a quienes confíen en nosotros”.
“Podemos intentar llegar a casa de unos antiguos amigos. Ellos saben del peligro y quizás puedan proporcionarnos refugio y respuestas. No dejaremos que el frío de esta noche nos atrape”, respondió Dmitri, vislumbrando una posible salida.
Rodearon una esquina y llegaron a un viejo edificio de ladrillo desgastado, cuyas luces parpadeaban, intermitentemente. “¿Crees que allí estarán más seguros?” preguntó Sofía, sintiendo que la ansiedad aumentaba.
“Es nuestro mejor intento”, afirmó Dmitri mientras se acercaban, observando si había algún movimiento en el entorno. Las sombras rodeaban la entrada, invitándolos a entrar aún sabiendo el peligro que acechaba. “Como siempre, debemos tener cuidado”.
Al abrir la puerta, el chirrido resonó en la oscura entrada, revelando un bar lleno de humo y murmullos. Los rostros, mezclados con historias no contadas, se volvían recuerdos perecederos de quienes habían pasado por la lucha y el sufrimiento que la mafia había dejado a su paso.
“¿Qué hacemos ahora?” preguntó Katerina, que había seguido a su lado, sintiendo el aire cargado de peligro.
“Busquemos a Nikolai, uno de los pocos hombres de la mafia que decidió esconderse por haber tenido buenas intenciones. Conoce a Vinogradov y puede saber algo sobre sus movimientos”, dijo Dmitri mientras el grupo se dispersaba, dispuestos a buscar respuestas. La noche se secuestraba ante ellos como un relámpago.
A medida que exploraban el bar, Sofía observó cada rincón, cada persona con la que se cruzaba. Las sombras de su historia comenzaron a arrimarse a ella nuevamente, como si el pasado la acechara con un aire de advertencia.
“Lo que hemos enfrentado puede volver a traernos a la sombra. No podemos permitir que esto nos consuma”, murmuró, recordando las palabras de su madre.
Finalmente, localizó una mesa en el fondo donde un hombre de mediana edad se sentaba solo, cara surcada con arrugas que narraban historias de vida perdidas. “Nikolai”, llamó, sintiendo que la conexión que la acercaba a él todavía persistía. “¿Podemos hablar?”.
El hombre levantó la vista, su mirada interrogante al notar la presencia de Sofía y su grupo. “¿Quiénes son ustedes? No pueden estar aquí a estas horas”, advirtió, el tono cargado de desconfianza.
“Venimos en busca de respuestas. La mafia nos está persiguiendo, y necesitamos tu ayuda”, respondió Sofía, sintiendo cómo la urgencia se impregnaba en su ser.
“¿Y qué les hace pensar que podrían usar este lugar como refugio? No es seguro”, replicó el hombre, su mirada fija, casi expectante.
“Su influencia ha crecido, y tenemos que actuar rápido. Vinogradov tiene sus hombres observando cada movimiento”, contextualizó Dmitri, mientras la tensión aumentaba. “El amor por el que estamos dispuestos a luchar está en este momento en juego”.
Nikolai suspiró, consciente de los riesgos que estaban dispuestos a tomar. “Lo sé. Pero debo advertirles que el amor es una trampa en este tipo de juegos. No subestimen a la familia”, dijo, su tono grave reflejando las verdades que había aprendido a lo largo de su vida.
“Estar dispuesto a arriesgarse por amor debe ser el camino hacia la luz, no una traición”, Sofía replicó, sintiendo cómo la llama de su determinación ardía en su pecho. “No voy a dejar que eso me consuma”.
“Interesante pensamiento. Pero la familia y el amor muchas veces se han entrelazado en tragedias en este mundo”, advirtió Nikolai, considerando cada decisión que había tomado en su vida mientras sus recuerdos se entrelazaban.
Justo en el instante que estaba a punto de continuar, un grupo de hombres en la puerta entró con una fuerza implacable. El sonido de sus pasos resonó en el suelo, y la atmósfera en la sala cambió de inmediato. El peligro era inminente.
“¿Qué hacen aquí, traidores?” preguntó uno de los hombres, una figura imponente que se alzaba sobre ellos. “¿Acaso no saben que correr por su vida en este lugar es una trampa mortal?”.
Sofía sintió cómo el miedo comenzaba a consumir la luz que había encontrado. “No dejaremos que el miedo nos detenga”, afirmó, apretando la mano de Dmitri con fuerza. “Estamos aquí para luchar”.
“Entonces, contados entre peligros que nunca dejarán de acechar”, dijo el hombre, disfrutando de la confusión que había creado. “Les sugiero que se marchen, o enfrentarán el precio de sus decisiones”.
Dmitri tomó su mano, sintiendo cómo la presión aumentaba en el ambiente. “No abandonaré mi amor”, dijo, mientras un impulso de energía se formaba en su interior.
“Siempre estaré contigo. Esto no terminará en traiciones”, dijo Sofía, sintiendo el amor fluir entre ellos como un escudo.