Darkjess

Capítulo 2

Capítulo 2

—Hola, Dayra —Sari se acercó con ese entusiasmo peligroso que siempre la precedía—. ¿Irás a la fiesta de Ader?

Levanté la mirada de mi celular y sonreí apenas.

—Claro —respondí—. Sabes que no faltaría.

—Perfecto —dijo, juntando las manos—. Le avisaré a Ambar. Nos vemos allá.

Antes de irse, me guiñó un ojo, como si supiera algo que yo no.

Cuando llegamos a la fiesta de Ader, supe que no debía estar ahí.

La noche era fría, pero la música que salía de la mansión golpeaba el pecho con una fuerza extraña, como si intentara arrastrarte hacia adentro sin pedir permiso. La luna llena iluminaba la fachada blanca, haciéndola ver hermosa… y peligrosa.

—Esto está… enorme —dije en voz baja, observando la mansión.

—Y espectacular —añadió Sari, ya emocionada—. Ader nunca decepciona.

Ambar no dijo nada. Solo miró alrededor con atención, como si evaluara el lugar.

La mansión era enorme, elegante hasta el exceso. Una piscina se extendía frente a la entrada, reflejando luces azules y violetas que distorsionaban los rostros de quienes se reían alrededor. Mesas con botellas abiertas, copas medio vacías, risas demasiado altas, miradas que se clavaban en cuerpos ajenos sin pudor.

Todo olía a alcohol, perfume caro… y a errores que se justificarían al día siguiente.

—Relájate —me dijo Sari al notar mi expresión—. Es solo una fiesta.

Asentí, aunque algo en mi pecho no terminaba de calmarse.

No lo vi de inmediato.

Fue Ambar quien me tocó el brazo con cuidado.

—Dayra… —susurró—. Mira.

Seguí la dirección de su mirada.

Ahí estaba él.

El chico del que habíamos hablado antes.
Estaba apoyado cerca de la barra, con un vaso de cristal en la mano, como si no le importara nada a su alrededor. Axel estaba a su lado, riendo, mientras varias chicas se acercaban demasiado, tocándole el brazo, buscando su atención.

Primero noté su presencia, como una sombra que no encajaba del todo con el resto. Luego su postura relajada, demasiado segura para alguien rodeado de ruido. Después, su rostro al girar apenas… y finalmente sus ojos.

Claros. Fríos. Atentos.

No sonreía.

No estaba hablando.

Solo observaba.

Él llevaba una camisa negra, abierta por arriba, dejando ver parte de su cuello. Su flequillo caía desordenado sobre la frente, y su expresión era tranquila… demasiado.

Sentí un tirón en el estómago, incómodo, casi molesto. Como si mi cuerpo hubiera reaccionado antes que mi mente. Bajé la mirada un segundo, respiré, me dije que no era nada. Que solo era otro chico más en una fiesta llena de excesos.

Cuando volví a mirar, ya me estaba viendo.
Directamente.

Sin disimulo.

El ruido alrededor pareció apagarse. La música seguía sonando, la gente seguía riendo, pero para mí todo se volvió distante, borroso. Solo existía esa mirada que no se apartaba.

Mis dedos se cerraron sobre el borde de mi vestido sin que me diera cuenta. Quise apartar la vista, pero no pude. Había algo hipnótico en la forma en que me miraba, como si no tuviera prisa, como si estuviera esperando.

Entonces ladeó apenas la cabeza.
Un gesto mínimo. Casi imperceptible.
Y aun así, fue suficiente para que me recorriera un escalofrío completo.

—Dayra —dijo Ambar a mi lado—. ¿Estás escuchando?

Parpadeé, rompiendo el contacto visual de golpe.

—¿Qué? —pregunté, con la voz un poco más baja de lo normal.

—Te pregunté si querías algo de tomar —insistió Sari—. Te quedaste ida.

—No… estoy bien —respondí rápido.
Pero no lo estaba.

—¿Ese es? —pregunté en voz baja, sin apartar la vista.

—Sí —respondió Ambar—. El amigo de Axel. Dicen que es un problema.

—Se le nota —añadió Sari—. Y no uno pequeño.

Tragué saliva.

Por un segundo me pregunté si realmente era feliz ahí…
o si solo estaba fingiendo no sentir nada.

—Vamos a bailar —dijo Sari de pronto, tomándonos del brazo—. Antes de que empieces a pensar de más.

La música de DARKSIDE – Neoni. Empezó a sonar. El ritmo era intenso, casi peligroso, como si invitara a perder el control sin pedir permiso. Bailamos sin pensar, dejando que el ritmo nos arrastrara. El calor se volvió insoportable, el aire pesado, las luces demasiado brillantes.

Reí. Giré. Me moví.

Hasta que el cuerpo me pidió parar.

—Voy a sentarme un rato —les dije—. Ya regreso.

—No te vayas muy lejos —advirtió Ambar.
Asentí.

Me senté en una de las mesas del jardín, respirando hondo. Necesitaba aire. Silencio. Un respiro lejos de tanta gente.
Sin darme cuenta, me alejé un poco más.

La parte trasera de la mansión estaba casi a oscuras. Apenas unos focos tenues iluminaban el pasillo exterior, proyectando sombras largas y deformes sobre la pared.

Entonces los vi.

El amigo de Axel tenía a una chica contra la pared.

La besaba sin prisa, sin cuidado, como si el mundo no existiera más allá de ese rincón. Sus manos estaban apoyadas a ambos lados de ella, encerrándola. El olor a alcohol era fuerte, mareante.

—No hagas esto aquí —dijo una chica, con la voz quebrada.

Sentí un nudo en el estómago.

—Relájate —le dijo, con una voz baja, controlada—. No es para tanto.

Me quedé quieta.

No debía mirar.

En ese instante, él volteó.

Sus ojos café claro se encontraron con los míos.

La sonrisa que llevaba se borró lentamente. No hubo sorpresa. No hubo vergüenza. Solo una mirada intensa, pesada, que me atravesó como si me conociera.

Me sentí expuesta. Descubierta.

Di la vuelta de inmediato y regresé por donde había venido, con el corazón golpeándome fuerte y un nudo extraño en el estómago.

—¡Te estábamos buscando! —dijeron Ambar y Sari cuando me encontraron.

—¿Dónde estabas? —preguntó Sari—. Nos asustaste.

—Yo… estaba tomando un poco de aire —respondí. Mi voz salió más baja de lo normal.



#470 en Detective
#391 en Novela negra
#569 en Thriller
#237 en Misterio

En el texto hay: romance, secretos, darck romance

Editado: 03.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.