Darkjess

Capítulo 4

Capítulo 4

Tres minutos. Solo tres minutos tarde, pero me sentía como si hubiera llegado con una hora de retraso. Estaba parada frente a la puerta 124 del salón cuando se me acercó el amigo de Axel, con él acompañándolo.

—¿Tienes un momento? —preguntó Axel, acercándose antes de que pudiera tocar la puerta para ingresar a clase.

El amigo se adelantó. Tenía el cabello revuelto, como si hubiera dormido en el pasillo, y una mirada que parecía medirlo todo, incluso mis dudas.

—¿Me puedes pasar tu número? —preguntó esperando una respuesta, mientras Axel lo miraba con una sonrisa aprobatoria.

Dudé un poco. Mis dedos buscaron en el bolsillo de la blusa y saqué un lapicero barato.

—Oh, no pinta —dije, mientras lo agitaba en el aire. Al menos así ya no se lo pasaría.

Él lo tomó y sin dudar, comenzó a escribir en su brazo izquierdo.

—Sí pinta —dijo, sin levantar la mirada—. Dicta.

—Claro, mi número es...

Mientras lo decía, toqué la puerta con la otra mano. Afortunadamente, la maestra Rous me dejó entrar sin un reproche, solo porque yo era de las pocas que no llegaba tarde todo el tiempo, a diferencia de los chicos que se sentaban en la última fila.
Pero lo cierto era que su clase de Historia era el infierno en forma de aula: el aire olía a plumones y aburrimiento, la mayoría de los estudiantes se quedaban dormidos con la cabeza apoyada en las mesas. Y cuando nadie contestaba sus preguntas, yo tenía que hacerlo con tal de no quedar mal.

Sari me miró desde su mesa, con una sonrisa pequeña, cómplice, como si hubiera visto lo que pasó fuera. Pero Ambar… Ambar tenía la expresión más seria que jamás le había visto: ceños fruncidos, labios apretados, como si yo hubiera cometido un crimen.

Como si tuvieran noticias del mundo que yo aún no conocía.

—Ten cuidado —me susurró Ambar, con la voz que tenía un tono que no me gustó nada.

—Dicen que él se droga, toma hasta perder el juicio y que ya tiene fama de mujeriego —agregó Sari, y su sonrisa se había ido, reemplazada por una cara seria y preocupada—. Lamentablemente tuvo que juntarse con Axel, y bueno… chicas ya lo conocemos a él.

—¿En serio? —pregunté, sintiendo cómo se me helaba la sangre—. ¿Por qué no me lo dijeron antes?

Recordé la fiesta. La noche, la chica contra la pared, los ojos de Jesus… sí, estaban un poco rojos, hinchados. ¿Alcohol? ¿Mala noche? ¿O algo más? Yo misma me hacía preguntas, aunque apenas lo conocía no tenía derecho a juzgarlo, pero el peligro se sentía demasiado cercano.

—Sari lo sabía y no nos contó —dijo Ambar, mientras clavaba sus ojos fulminantes en Sari, que bajó la cabeza y soltó un respiro pesado—. Pero bueno, ahora ya lo sabemos. Y no creo que suceda nada malo… pero lo cierto es que ellos fueron hacia ti, él te buscó a ti. Involucrarte con ellos no te llevará a nada bueno, Dayra. Tienes que mantener la distancia.

—No se preocupen —respondí, tratando de sonar tranquila—. Solo será un amigo.

—Dicen que es peligroso —dijo Sari, con la voz temblando un poco.

—Lo comprobaré —respondí decidida.

—Ayy, mi amor… entraras en su mundo —murmuró Ambar, casi como un lamento.

—Cariño, ya me conoces, no juzgo sin antes conocer.

────── ~ ✧ ~ ──────

Salí de la universidad con los hombros tensos por el día. Al llegar a casa agarré mis libros de álgebra como si fueran un escudo.

Intenté concentrarme, pero la advertencia de Ambar y Sari resonaba en mi cabeza. “Ten cuidado”. ¿Debería estarlo? Sus ojos hinchados, su sonrisa arrogante… algo me recorría el cuerpo como una electricidad negra.

Entonces, mi celular vibró sobre la mesa.
Número desconocido.
Dudé unos segundos antes de tomarlo.

Número desconocido: ¿Llegaste bien a casa.

Dejé el celular boca abajo, intentando ignorarlo.

¿Cómo sabía que ya había salido de la universidad?

¿En qué momento guardo mi número?

Otra vibración.

Número desconocido: Soy el chico de hoy, el amigo de Axel.

Número desconocido: Por cierto me llamo Jesus.

Entonces lo supe. Ese era su nombre.

Jesus: No quería incomodarte hoy. Axel dice que soy directo... a veces demasiado.

Leí eso frunciendo el seño.

Directo.

Eso no siempre era algo bueno.

Apoyé la espalda en la silla y solté el aire despacio.

Las palabras de Ambar regresaron: mantén la distancia.

Mis dedos dudaron sobre la pantalla antes de responder.

Dayra: Gracias, pero prefiero que no me escribas tan tarde.

Jesus: Esta bien.

Jesus: Solo quería que supieras que no siempre soy lo que dicen de mí.

Ahí estaba.

Ese intento torpe de explicarse.

De justificarse sin hacerlo del todo.

Noté algo que me hizo fruncir los labios: él ya sabía mi nombre.

No lo había dicho en ese momento.

No se lo había escrito.

Y aun así…

Jesus: Buenas noches Dayra.

Apagué el celular y lo dejé sobre la mesa.
No respondí.

Me quedé mirando al techo.

Lo último que faltaba era haberle dado mi número a ese maldito.

Pensé en la forma en que me miró en la cancha.

En su sonrisa peligrosa.

En la manera en que dijo que límites desaparecían.

Ash… me llevé la mano al rostro.

¿En qué momento empecé a pensar en él?



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En el texto hay: romance, secretos, darck romance

Editado: 03.02.2026

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