Darkjess

Capítulo 8

✗ Capítulo 8 ✗

Music: House of balloons - The Weekend 🕷️🕸️🎶

Tocaron la puerta temprano.

Mi madre subió a avisarme y bajé casi de inmediato.

No tenía ganas de quedarme más tiempo bajo ese techo. Me vestí sin pensar demasiado: camisa negra, pantalones negros. Como si el color ya supiera lo que me esperaba.

Un auto negro nos aguardaba afuera. El conductor era un hombre joven, demasiado elegante y atractivo para algo que se suponía un campamento. Bajó y nos abrió la puerta con una cortesía fría.

—Señoritas, si no olvidan nada más, partimos directo al campamento por órdenes de la directora.

Asentimos.

El viaje duró más de una hora. A medida que avanzábamos, la ciudad fue quedando atrás y el camino se volvió estrecho. El aire cambió. Se sentía más pesado. Más denso.

Los árboles rodeaban el lugar como una muralla viva. Altos, cerrados, casi asfixiantes. Apenas dejaban pasar la luz.

Frente a ellos se alzaba la mansión: muros sólidos, antiguos.

El auto se detuvo frente a una reja de hierro oxidado.

El letrero colgaba torcido, como si alguien hubiera intentado arrancarlo alguna vez: STERFOLL.

Las letras estaban despintadas, comidas por el tiempo.

—¿Aquí es? —murmuró Sari, sacando medio cuerpo por la ventana.

—Parece más un sanatorio abandonado que un campamento —dijo Ambar, frunciendo el ceño—. Pero admito que la mansión está interesante, le da algo de vida a este lugar.

No respondí.

El lugar se sentía como uno que guardaba secretos.

Todos los estudiantes estaban reunidos en el centro del lugar.

Todos.

Incluido Jesus. Que conversaba con una chica muy tranquilo. La inquietud me invadió.

Sin darme cuenta mis ojos se detuvieron en él más tiempo del que debería.

La mandíbula firme, los labios bien definidos y esos ojos rasgados que parecían observarlo todo.

—Escuchen con atención —dijo la directora, con esa sonrisa demasiado correcta—. Durante estos días habrá normas estrictas. Horarios, zonas permitidas y zonas prohibidas. No salgan solos y eviten separarse de sus grupos.

—¿Zonas prohibidas? —susurró alguien detrás de mí.

—Por su seguridad —agregó la directora, rápido—. Sterfoll es antiguo. Algunas estructuras no están en condiciones.

Las cabañas estaban alineadas como piezas mal colocadas. Madera oscura, ventanas pequeñas, puertas que crujían incluso antes de tocarlas.

Por suerte descansaríamos en la mansión y no ahí.

Apenas pisé el suelo, lo sentí.

Demasiado pulido. Demasiado perfecto.

El brillo era tan intenso que casi podía ver mi reflejo en él, algo que ni siquiera en mi propia casa ocurría. Resultaba extraño… pero al mismo tiempo, inquietantemente atractivo.

La ama de llaves se acercó con paso silencioso y comenzó a repartir las llaves de las habitaciones.

Uno para cada uno. Al principio no le di importancia… hasta que las vi bien.

La mayoría eran de plástico, con una pequeña entrada en forma de un corazón, a excepción de las otras tres que eran de plata.

Más pesadas. Más frías. Diferentes.

Mi mirada se detuvo en ellas unos segundos.

¿Quiénes las usarían?

O peor aún…

¿qué escondían esas habitaciones?

Subimos las escaleras. Había dos que llevaban al segundo piso, pero antes de continuar el descanso se abría frente a un enorme cuadro.

Me detuve frente a el, un cuadro grande, oscuro y antiguo que no combinaba para nada con el lugar.

La pintura mostraba a una familia. Un hombre de traje oscuro sentado en una silla, una mujer de pie detrás de él y dos niños a los lados. El niño que estaba a la derecha tenía los ojos ligeramente rasgados.
Demasiados familiares.

—Pésimos gustos… —murmuró Ambar, cruzándose de brazos—. Horrible cuadro.
Mientras que Sari se limitó a decir algo todos ya sabíamos lo que estábamos pensando.

Nos llevaron a nuestras habitaciones con el número de llave indicada, los pasadizos no eran para nada estrechos en el techo colgaba un hermoso colgante de luz súper antiguo pero también elegante y más habitaciones.

—Ey chicas no notaron que ya no hay más cuadros —dijo Sari.

—Si que raro, se siente muy vacío… ¿Ustedes creen que ese cuadro que observamos sea muy importante para no tener otros? —Dije.

—Es posible… —dijo Ámbar dejando la respuesta a medias.

Abrí la puerta de mi habitación todo estaba limpio y ordenado no era para nada extravagante, una cama de dos plazas, un hermoso espejo al lado, las cortinas colgaban como hermosas olas de viento, al abrirlas se observaba todo el paisaje todo parecía perfecto… al menos mi familia no estaba aquí.



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En el texto hay: romance, secretos, darck romance

Editado: 11.04.2026

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