Capitulo 35. Secretos Revelados.
JADE
Aren se aferra a mi cintura como si fuera un niño pequeño, su rostro se encuentra escondido en el hueco de mi cuello y, de vez en cuando, un suspiro sale de sus labios; mi rubio se encuentra sumido en un profundo sueño, exhausto. Estamos en su habitación, ambos sobre su cama, la noche ha caído hace horas, pero hemos estado encerrados, aferrándonos el uno al otro, diciéndonos que nos amamos a cada rato. Lo necesitábamos, necesitábamos estar a solas, sintiéndonos para no perder la cabeza y para darnos contención mutua.
Miro el reloj digital en la mesita de luz; son las dos de la mañana. No me sorprende que mis ojos no quieran cerrarse, no he dormido lo suficiente los últimos días. Pero, supongo que es comprensible, pues no han dejado de lloverme los problemas desde que Yrena irrumpió en mi vida. En una semana me enteré que mi vida era una completa mentira y que había estado viviendo en una burbuja de cristal los últimos diecinueve años, simplemente... es demasiado.
Acaricio suavemente el cabello de mi amado, beso su frente dejando mis labios en ese lugar unos largos segundos, Aren suelta un suspiro que me hace sonreír y abrazarlo más fuerte, con cuidado de no despertarlo.
—Te amo —susurro, recargando mis mejilla sobre su cabeza.
Sus brazos aprietan más su agarre sobre mi cintura, pero sigue durmiendo.
Está tan agotado.
Unos minutos después, finalmente acepto que es inútil intentar dormir, así que beso con cuidado los labios entreabiertos de Aren y me suelto suavemente de su agarre. Me coloco unas pantuflas de Ellie y camino hacia la puerta. Sin hacer ruido, salgo de la habitación y me encamino hacia la de las gemelas. Al entrar, les echo un vistazo; siguen dormidas, suelto un suspiro antes de tomar mi libro y sentarme en la cama de Jane para leer un poco.
"Allí estaba, Zed no podía apartar los ojos de su amada Jadelaide, era imposible hacerlo. Él sabía que, desde el momento en que la vio por primera vez, su alma se había entrelazado con la de ella, pero, en realidad, era más complicado que eso.
El hada lo había elegido para ser su amor eterno, y lo que en realidad había entrelazado habían sido sus corazones, y esa unión era inquebrantable, una vez el lazo se formaba... nadie sobre la faz de la tierra podía romperlo.
Jadelaide miró a su amado a lo lejos, observándola con adoración, y no pudo evitar pensar que su corazón había elegido bien a su otra mitad. Se sentía afortunada por haber encontrado a un verdadero hombre, que no hacía nada más que enseñarle lo que era ese sentimiento mágico y dulce, llamado amor.
La muchacha no lo pensó dos veces y corrió hacia los brazos de su amor; habían pasado varios días desde la última vez que lo vio. El haber vuelto al bosque para evitar que sus padres se dieran cuenta de que se escapaba a cada rato para ver a su querido Zed había sido duro porque, para su mala suerte, había tenido que quedarse más tiempo del que imaginó y eso causó que no pudiera verlo durante ocho tortuosos días, en los que no hizo nada más que pensar en él y en la última noche que estuvieron juntos.
Esa noche en la que no solo entregó su cuerpo y su alma, sino que también hizo un pacto con él, en el que juró que después de esa noche... ella sería suya por siempre y él juró que no habría nadie más después de ella.
Los brazos de Zed la rodearon con ternura, sus ojos se encontraron y Zed quedó atrapado por el violeta brillante de los ojos de Jadelaide.
—Eres hermosa, Jadelaide —susurró él, tomando el rostro de su amada entre sus manos y..."
—¿No puedes dormir, hija?
Dejo de leer para alzar la mirada, mi madre se encuentra bajo el marco de la puerta con los brazos cruzados.
—No —le sonrío, apenada.
Ella suspira, sonriendo de lado, y se acerca a mi. Se sienta a mi lado y acaricia mi cabello, haciéndome cerrar los ojos.
—Tienes los ojos rojos e hinchados, hija, ¿has estado llorando? —pregunta preocupada.
Su mano se posa sobre mi mejilla.
—Tal vez —susurro, mirando la cubierta del libro sobre mi regazo.
—¿Quieres contarme? Sabes que puedes confiar en tu mamá, Jade Adelaide.
—Solo... ha sido un día muy complicado mamá, no es nada, tranquila —le sonrío, tratando de convencerla.
Ella parece no creerme, pero respeta mi decisión de guardármelo. No puedo contarle, por más que sea mi mamá, es algo que solo Aren puede contar si así lo quiere. Aunque dudo que esto sea un secreto por mucho tiempo; el vientre de Tamara comenzará a crecer hasta que no quede duda que está gestando al próximo Alfa de Blood Moon.
Mis ojos vuelven a bajar hasta mi libro y miro el nombre de la autora, al instante recuerdo la duda que ha estado rondando mi cabeza desde que supe el apellido de mi padre biológico.
—Mamá, ¿quién es Madeline Falls de Castleland? ¿Es algún familiar de Brandon? —le pregunto a mamá, volteando a verla, confundida.
Ella sonríe, mirándome con cariño.
—Me preguntaba cuándo ibas a darte cuenta —se ríe bajito—. Madeline era la madre de Brandon, tu abuela.
—¿Mi abuela? —pregunto, sientiendo mi corazón acelerarse—. Me estás diciendo que mi abuela escribió mi libro favorito.
Ella asiente, sin borrar la sonrisa.
—La señora Madeline era una escritora espectacular, escribía historias de fantasía estupendas, pero la única historia que logró publicar en físico fue Amor Inmortal. Ella la escribió cuando Freya estaba embarazada de ti; está inspirada en la historia de tus padres, Jade. Obviamente no es exactamente la misma historia, pero es muy similar, porque el amor de tus padres fue lo que inspiró a tu abuela a escribirla. Y luego, cuando naciste, Freya te puso tu nombre por la protagonista, Jadelaide.