Day Z

Capítulo 5

Los segundos son una parte escencial del tiempo, en los momentos más tensos los podemos estar contando, podemos estar esperando que se detengan, a estropear el tiempo y romper todo el equilibrio natural. Nunca se deja de pensar en el tiempo, en aquel que podés culpar si perdés algo importante o alguien.

El tiempo la favoreció, mierda, había llegado a pensar que nunca lo haría, que se volvería un estorbo, un capricho en su vida. Pero no fue así, siempre estuvo de su lado, dándole momentos inolvidables, esos que querés recordar para toda la vida, los que no querés que se desvanezcan junto al tiempo. En su caso no fue así, siempre pudo recordar todos los detalles, incluso los que algunas personas normalmente no recordarían, los mínimos.

Llegó a pensar que el tiempo era una herencia familiar por más estúpido que suene, sus familiares siempre le contaban la suerte que tuvieron con él, los buenos momentos que les entregó y los malos momentos que evitó que les pasaran. Aunque... el tiempo a veces puede ser un hijo de puta, destrozando la creencia que tenías sobre él y pisoteándola en tu cara, así se sintió cuando logró ver la cara de un monstruo hundida en el brazo de Lorenzo.

Por primera vez el tiempo la había traicionado.

Lorenzo: —¡AGH! —se retorció del dolor, intentando quitarse al monstruo de su brazo, pero cada vez los dientes apretaban más su piel, dando la impresión que tenía la intención de salirse.

Nico: —¡Lorenzo! —corrió hasta donde este estaba, quitándole al monstruo de un empujón, provocando que un pedazo de carne salga expulsado de su antebrazo—. ¡Todos adentro, ahora! —ordenó, ayudando a Lorenzo con su herida.

La puerta se cerró una vez que todos ingresaron, dejando a los monstruos deseosos golpeando la puerta con cierta agresividad.

La sangre brotaba escandalosamente del brazo del adolescente, había perdido un pedazo de piel de su brazo, dolía como el demonio. Lo que llamó la atención de varios era notar como su sangre cambiaba a un rojo oscuro, uno que desconocían completamente.

Roma: —Ay dios... —se tapó la boca de la impresión, dando la espalda a la trágica situación.

Emi: —Tenemos que parar la hemorragia —intentó sostener el brazo del herido, pero al intentarlo, este lo quitó abruptamente, dejando ver su expresión de dolor por el tacto.

Lorenzo: —¡Esto me está ardiendo! —estiró su cabeza hacia atrás, aguantando la sensación que un simple mordisco le provocó, ¿cómo era posible que aquello iguale la sensación del veneno?

Agus: —A la oficina —abrió la puerta que conectaba el lobby principal con la entrada a los salones—. Tienen un botiquín —recordó a sus amigos todas las veces que se han lastimado y los auxiliaron con aquel botín.

Nico: —Tiene razón. Emi, ayúdame a llevarlo.

Ambos alzaron a Lorenzo entre sus brazos y subieron los escalones hasta llegar a la oficina del director. Lorenzo escondió su cabeza en el hombro de Emiliano del dolor. Él ni se estaba moviendo y aun así le ardía a gritos.

Lorenzo: —Auch, auch, auch —reprochó repetidas veces.

Nico: —Acá vas a estar bien —dijo, mientras paulatinamente lo soltaba para que descansara en el sillón del director—. Te vamos a curar.

Roma: — Yo me voy a encargar —se ofreció, parándose en frente de él—. Sé cómo vendar una herida.

Nico: —Ok, si necesitas algo me avisas —un brazo lo llevó bruscamente afuera de la oficina, dejándolo tambaleándose para ganar el equilibrio.

Emi: —Necesito contarte algo —cerró la puerta de la oficina con una clara expresión de temor en la cara.

Nico: —¿Y no pudiste haberme llamado en vez de jaloneárme de esa manera? —se quejó de la acción de su mejor amigo, pero cuando notó la actitud e inquietud que este cargaba se relajó, olvidando el acontecimiento anterior—. ¿Qué pasó?

Emi: —No podemos hablar acá —lo tomó del brazo, provocando más duda en su amigo, ¿a qué quería llegar con aquella actitud?

Nicolás puede jurar que se sintió como un niño pequeño cuando lo regañaban sus padres. O mejor que su mejor amigo es un guía turístico y lo está llevando a conocer la secundaria a la que asistía cada mañana. ¿O asistió?

Nico: —¡Ya! —se soltó del agarre—. Estás actuando raro, ¿qué demonios te pasa? —se cruzó de brazos, esperando una respuesta de parte de su compañero que se le notaba un poco ansioso.

Emi: —Imagino que no oíste las últimas noticias del gobierno, ¿cierto?

Nico: —¿Qué noticias? —preguntó confundido, aquello que su amigo le dijo había despertado un interés en él.

Emi: —Lo suponía. Cuando estabas en la calle, el jefe de seguridad habló —se le dificultó mucho tragar saliva. ¿Por qué era así? Era una simple noticia, no era algo difícil con que lidiar, será porque en el fondo sabía lo que esto querría decir...—. Nos aconsejó que evitemos las mordidas de los demás.

La cara de Nicolás se transformó completamente en una duda existencial, no entendía por qué el chico le confesaba aquello, pensaba que le había hecho perder el tiempo con eso; pero como si un foco se hubiese encendido en su cabeza, logró comprender lo que Emiliano le estaba comunicando, la imagen de Lorenzo se le vino a la cabeza, aunque no sabía que era lo que provocaba la mordida. El gobierno ocultó tanta información durante tantos meses.

Emi: —Eso quiere decir...

Nico: —No —lo interrumpió de inmediato, como si hubiese leído sus pensamientos. No podía pensar aquello—. Ni se te ocurra —le advirtió apuntándole con el índice.

Emi: —Sabés que es así.

Nico: —No sabemos nada, no podés sacar conclusiones así porque sí. No podemos jugar a ser científicos.

Emi: —No se trata de jugar a nada, es simple lógica —se acercó a él con intenciones de calmar su notoria ansiedad.

Nico: —¡No es lógica querer decirme que nuestro amigo va a morir! —vociferó por lo alto, lo cual después se arrepintió por el ruido que había ocasionado por el solitario instituto.




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